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Dejaré de Escribir- Emilio Montemayor- Cuba

Imagen tomada de:  imagenes google.com
sin ánimo de lucro


Dejaré de escribir,
de perderme tanto en lo mismo,
ya no escribiré al amor ni a la tristeza
me olvidaré de las despedidas,
de extrañar con nostalgia las noches
y empezare a nacer de nuevo,
a dejar de contar los sueños fantásticos
en los que sólo se ven las mentiras
y las fantasías que con error
se contemplan.

Voy a dejar de ser el poeta,
el inmune servidor de labios cerrados,
escribiré para mí,
desapareceré tras las luces
y me haré cargo de lo que quede detrás
mintiéndole a mi destino
mi procedencia.

Estoy con ganas
de respirarme diferente
y ahora, ante la oportunidad que tengo,
dejaré de escribir,
de ser poeta,
y seré verso en el viento.


Emilio Montemayor
Cuba


Imagen tomada de:  imagenes google.com
sin ánimo de lucro


Dejaré de escribir,
de perderme tanto en lo mismo,
ya no escribiré al amor ni a la tristeza
me olvidaré de las despedidas,
de extrañar con nostalgia las noches
y empezare a nacer de nuevo,
a dejar de contar los sueños fantásticos
en los que sólo se ven las mentiras
y las fantasías que con error
se contemplan.

Voy a dejar de ser el poeta,
el inmune servidor de labios cerrados,
escribiré para mí,
desapareceré tras las luces
y me haré cargo de lo que quede detrás
mintiéndole a mi destino
mi procedencia.

Estoy con ganas
de respirarme diferente
y ahora, ante la oportunidad que tengo,
dejaré de escribir,
de ser poeta,
y seré verso en el viento.


Emilio Montemayor
Cuba


DONDE NI UNA GOTA DE TRISTEZA ES PECADO

Imagen tomada de imagenes google.com
sin animo de lucro


Muy en mi interior me rodeo a mi mismo
penetrando aun más allá del alma
y entre espacios inertes de mutismo,
se va escurriendo mi anegada calma.

Siento incauto un corazón extraño
en la bóveda hueca de mi pecho
no es un latido, mas bien un engaño
lo que retumba allí sin derecho.

Y en medio de un suspiro contenido
se ocultan mis ojos sin renuencia
un poco loco, un poco confundido.

Buscando y malgastando mi paciencia
no encuentro en este torpe recorrido
algo que me quite esta demencia.



Emilio Montemayor
Odomera@aol.com
Cuba
Imagen tomada de imagenes google.com
sin animo de lucro


Muy en mi interior me rodeo a mi mismo
penetrando aun más allá del alma
y entre espacios inertes de mutismo,
se va escurriendo mi anegada calma.

Siento incauto un corazón extraño
en la bóveda hueca de mi pecho
no es un latido, mas bien un engaño
lo que retumba allí sin derecho.

Y en medio de un suspiro contenido
se ocultan mis ojos sin renuencia
un poco loco, un poco confundido.

Buscando y malgastando mi paciencia
no encuentro en este torpe recorrido
algo que me quite esta demencia.



Emilio Montemayor
Odomera@aol.com
Cuba

MI VIDA ES HOY DE UNA MUJER - EMILIO MONTEMAYOR- CUBA









Mi vida es hoy de una mujer
necesaria como el pan
ese alimento antiguo lleno de virtudes...
yo, opto por ese pan y las noches abiertas
la mirada, el silencio, la ventana, la lluvia
y el femenino faro que me pulsa
caminada alma hecha ciudadela
plano de mis recreos,
prisionera unidad de mi memoria,
un sueño, mil, un acto de esperanza
crecida vigilia y desmedida canasta de mi ser
que cuece mis pasos, mis labios, mis temblores
y me arranca todos los latidos
al ofrecerme su sutil candado.
Mi vida es hoy de una mujer.




Derechos reservados
Emilio Montemayor
Odomera@aol.com











Mi vida es hoy de una mujer
necesaria como el pan
ese alimento antiguo lleno de virtudes...
yo, opto por ese pan y las noches abiertas
la mirada, el silencio, la ventana, la lluvia
y el femenino faro que me pulsa
caminada alma hecha ciudadela
plano de mis recreos,
prisionera unidad de mi memoria,
un sueño, mil, un acto de esperanza
crecida vigilia y desmedida canasta de mi ser
que cuece mis pasos, mis labios, mis temblores
y me arranca todos los latidos
al ofrecerme su sutil candado.
Mi vida es hoy de una mujer.




Derechos reservados
Emilio Montemayor
Odomera@aol.com



CUANDO EL VIENTO SOPLA A TU FAVOR- ODOMERA








     Mujer, cuando el viento sopla a tu favor
     vuelan felices las tiernas golondrinas;
     y aunque su vuelo signifique un triste adiós,
     se solidariza mi recuerdo con tu herida.

     Hoy rondan las amarguras y las penas,
     en el circunloquio sagrado de tu guarida.
     Y la nostalgia te ha hecho su eterna presa
     y sueñas volar como vuelan las golondrinas.

     Caminas junto al polvo gris de los ensueños,
     y añoras cicatrizar con esperanzas tus alas rotas
     ¡Que largo se vuelven los insospechados sueños,
     cuando el dolor oculto espontáneamente brota!

     Nadie sabe de la pasividad de tu agonía,
     jamás sabrán que no has superado mi amor,
     porque disimulas una espumante alegría.
     ¡Mi vida! Cuando el viento sopla a tu favor.

     Con el tiempo me has desprendido el alma,
     y has lastimado el vestido que cubre mi corazón.
     Mas, si pierdo el control que logra la calma
     escribo un poema romántico y desahogo mi dolor.

     Sufriendo voy contando el tic tac de las horas,
     el devenir de los sufrimientos eternos que siento por ti.
     En este mismo instante a mi imaginación te asomas
     y de repente por tu amor contraído quiero morir.

     Ya vez que cuando el viento sopla a tu favor,
     y me castigan las olas truculentas del mar sin fin,
     me marcho bien lejos atado a mi imaginación,
     y a lo lejos puedo volar hacia el cielo azul junto a ti.

     La tristeza que cuelga el tiempo sobre sus riberas
     me hace culpable de tu llanto. De tu desviación.
     No obstante a ello, simplemente con que tú me quieras,
     es razón suficiente para que hablemos de amor.

                 Odomera@aol.com

Emilio Montemayor

Cuba 
derechos reservados
 








     Mujer, cuando el viento sopla a tu favor
     vuelan felices las tiernas golondrinas;
     y aunque su vuelo signifique un triste adiós,
     se solidariza mi recuerdo con tu herida.

     Hoy rondan las amarguras y las penas,
     en el circunloquio sagrado de tu guarida.
     Y la nostalgia te ha hecho su eterna presa
     y sueñas volar como vuelan las golondrinas.

     Caminas junto al polvo gris de los ensueños,
     y añoras cicatrizar con esperanzas tus alas rotas
     ¡Que largo se vuelven los insospechados sueños,
     cuando el dolor oculto espontáneamente brota!

     Nadie sabe de la pasividad de tu agonía,
     jamás sabrán que no has superado mi amor,
     porque disimulas una espumante alegría.
     ¡Mi vida! Cuando el viento sopla a tu favor.

     Con el tiempo me has desprendido el alma,
     y has lastimado el vestido que cubre mi corazón.
     Mas, si pierdo el control que logra la calma
     escribo un poema romántico y desahogo mi dolor.

     Sufriendo voy contando el tic tac de las horas,
     el devenir de los sufrimientos eternos que siento por ti.
     En este mismo instante a mi imaginación te asomas
     y de repente por tu amor contraído quiero morir.

     Ya vez que cuando el viento sopla a tu favor,
     y me castigan las olas truculentas del mar sin fin,
     me marcho bien lejos atado a mi imaginación,
     y a lo lejos puedo volar hacia el cielo azul junto a ti.

     La tristeza que cuelga el tiempo sobre sus riberas
     me hace culpable de tu llanto. De tu desviación.
     No obstante a ello, simplemente con que tú me quieras,
     es razón suficiente para que hablemos de amor.

                 Odomera@aol.com

Emilio Montemayor

Cuba 
derechos reservados
 

AMANECER- Emilio Montemayor






Llega el amanecer
y su luz se filtra
por las breves junturas
de mi ventana;
ese amanecer que cristaliza
paisajes y rompe desde el cielo
las voluntades de su paso.
A mi lado yace la sombra
del vaso con lirio que ha dejado
y sobre nuestra cama victoriosa
donde nuestros sexos se entregaron
sin reposo y sin vergüenza reposan
las sábanas que fundió el sudor
de una sola sangre;
volcando mi tristeza en las sábanas
y abrigando mi deseo de tenerla
otra vez entre mis brazos.
Se ha alejado
de esta pequeña hoguera
que prendimos juntos
y en mi alcoba se extingue
la ardentía de sus gritos
dejando en el aire un mórbido
dolor de amor difunto
en punzante recuerdo.
Una evidencia desolada
de vacío sin fin reclama
y perdido en la espiral
de la congoja tiemblo
cada mañana como tiembla
un colegial que va a dar un examen
y tiemblo todo como si en las manos
llevara espigas y cristales.
¡Ignoro si me quiso!
Sólo sé que no se nada
sino amarla como
se ama a la rosa paridamente
fresca, y así la quiero con un orgullo
de oro que corre por mis venas.


Su imagen vuela con más tenacidad
que el giro extenuante del recuerdo
y me quedo mirando sobre el hosco
crepúsculo y naufrago el afán
siguiéndola en su viaje.
Quizás el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y después olvidar.
¡OH amada mía
cuyo nombre lejano
y melancólico mi corazón agita!


Emilio Montemayor
Odomera@aol.com








Llega el amanecer
y su luz se filtra
por las breves junturas
de mi ventana;
ese amanecer que cristaliza
paisajes y rompe desde el cielo
las voluntades de su paso.
A mi lado yace la sombra
del vaso con lirio que ha dejado
y sobre nuestra cama victoriosa
donde nuestros sexos se entregaron
sin reposo y sin vergüenza reposan
las sábanas que fundió el sudor
de una sola sangre;
volcando mi tristeza en las sábanas
y abrigando mi deseo de tenerla
otra vez entre mis brazos.
Se ha alejado
de esta pequeña hoguera
que prendimos juntos
y en mi alcoba se extingue
la ardentía de sus gritos
dejando en el aire un mórbido
dolor de amor difunto
en punzante recuerdo.
Una evidencia desolada
de vacío sin fin reclama
y perdido en la espiral
de la congoja tiemblo
cada mañana como tiembla
un colegial que va a dar un examen
y tiemblo todo como si en las manos
llevara espigas y cristales.
¡Ignoro si me quiso!
Sólo sé que no se nada
sino amarla como
se ama a la rosa paridamente
fresca, y así la quiero con un orgullo
de oro que corre por mis venas.


Su imagen vuela con más tenacidad
que el giro extenuante del recuerdo
y me quedo mirando sobre el hosco
crepúsculo y naufrago el afán
siguiéndola en su viaje.
Quizás el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y después olvidar.
¡OH amada mía
cuyo nombre lejano
y melancólico mi corazón agita!


Emilio Montemayor
Odomera@aol.com



NOS PARAPETAMOS












Nos parapetamos
en el laberinto inocente de un dilema,
encerrándonos en el temprano universo que quema.


Buscamos mil formas de escapar sin escapatoria,
del verde enredo amoroso, de encrucijada tripartita;
pero más pudo el deber grabado en nuestras memorias
que el amor profundo que palpitaba en nuestras vidas.


Las lágrimas derramadas desde los ojos del tercero,
lastimaron mi idiosincrasia de juventud cristiana.
Y me negué a amarte amándote. ¡Te negué que te quiero! Y con mi decisión herí nuestro amor.
¡Qué desgracia! Hacer sangrar el corazón de un ser humano tan bueno.


Mi inmadurez me arrastró hacia al amarte y olvidarte,
hiriendo tu constitución de mujer de temple enamorada. Afeando nuestra hermosa historia que pudo ser un arte.


En verdad. Nuestro amor fue un arte. ¡He dicho un arte! La perfecta arquitectura de un amor inacabado.
¡Amada! ¡Qué lindo pudo haber sido el meollo de nuestra historia, si no hubiese existido el dilema después del encuentro final!


Si embargo, después de todo nos ha llegado la gloria.
A sabiendas del pasar de los años todo en el alma sigue igual.




Emilio Montemayor
3- dic.- 2005











Nos parapetamos
en el laberinto inocente de un dilema,
encerrándonos en el temprano universo que quema.


Buscamos mil formas de escapar sin escapatoria,
del verde enredo amoroso, de encrucijada tripartita;
pero más pudo el deber grabado en nuestras memorias
que el amor profundo que palpitaba en nuestras vidas.


Las lágrimas derramadas desde los ojos del tercero,
lastimaron mi idiosincrasia de juventud cristiana.
Y me negué a amarte amándote. ¡Te negué que te quiero! Y con mi decisión herí nuestro amor.
¡Qué desgracia! Hacer sangrar el corazón de un ser humano tan bueno.


Mi inmadurez me arrastró hacia al amarte y olvidarte,
hiriendo tu constitución de mujer de temple enamorada. Afeando nuestra hermosa historia que pudo ser un arte.


En verdad. Nuestro amor fue un arte. ¡He dicho un arte! La perfecta arquitectura de un amor inacabado.
¡Amada! ¡Qué lindo pudo haber sido el meollo de nuestra historia, si no hubiese existido el dilema después del encuentro final!


Si embargo, después de todo nos ha llegado la gloria.
A sabiendas del pasar de los años todo en el alma sigue igual.




Emilio Montemayor
3- dic.- 2005

TU Y TUS ACTOS AUTOR: EMILIO MONTEMAYOR - ODOMERA











¡Hoy te tuve al alcance de mis manos!
Nada se compara con la dicha
que experimento cuando te tengo cerca,
calor que se escapa de tu boca para calentar
mis gélidos inviernos.
Aliento que sin llegar a besarme me da en la cara
y me provoca.
Labios que me hablan desde el infinito,
de entre el viento que mueve las hojas.
Corazones que laten en la distancia,
a la misma velocidad.
Cuanto te amo!...como te siento!
Cuantas maravillas aladas vuelan de mi imaginación
a tu encanto femenino que me atrapa y me priva.
Te pienso, te sueño, te deseo.
OH, cuerpo color de llamas que me enciende
el horizonte, que me convierte en cenizas
bajo tus gemidos.
No te quedes callada, grita conmigo y que se entere
el mundo que tú y yo nos amamos.





Emilio Montemayor

copyright
odomera@aol.com














¡Hoy te tuve al alcance de mis manos!
Nada se compara con la dicha
que experimento cuando te tengo cerca,
calor que se escapa de tu boca para calentar
mis gélidos inviernos.
Aliento que sin llegar a besarme me da en la cara
y me provoca.
Labios que me hablan desde el infinito,
de entre el viento que mueve las hojas.
Corazones que laten en la distancia,
a la misma velocidad.
Cuanto te amo!...como te siento!
Cuantas maravillas aladas vuelan de mi imaginación
a tu encanto femenino que me atrapa y me priva.
Te pienso, te sueño, te deseo.
OH, cuerpo color de llamas que me enciende
el horizonte, que me convierte en cenizas
bajo tus gemidos.
No te quedes callada, grita conmigo y que se entere
el mundo que tú y yo nos amamos.





Emilio Montemayor

copyright
odomera@aol.com




AMANECER AUTOR: ODOMERA








Llega el amanecer
y su luz se filtra
por las breves junturas
de mi ventana;
ese amanecer que cristaliza
paisajes y rompe desde el cielo
las voluntades de su paso.
A mi lado yace la sombra
del vaso con lirio que ha dejado
y sobre nuestra cama victoriosa
donde nuestros sexos se entregaron
sin reposo y sin vergüenza reposan
las sábanas que fundió el sudor
de una sola sangre;
volcando mi tristeza en las sábanas
y abrigando mi deseo de tenerla
otra vez entre mis brazos.
Se ha alejado
de esta pequeña hoguera
que prendimos juntos
y en mi alcoba se extingue
la ardentía de sus gritos
dejando en el aire un mórbido
dolor de amor difunto
en punzante recuerdo.
Una evidencia desolada
de vacío sin fin reclama
y perdido en la espiral
de la congoja tiemblo
cada mañana como tiembla
un colegial que va a dar un examen
y tiemblo todo como si en las manos
llevara espigas y cristales.
¡Ignoro si me quiso!
Sólo sé que no se nada
sino amarla como
se ama a la rosa paridamente
fresca, y así la quiero con un orgullo
de oro que corre por mis venas.
Su imagen vuela con más tenacidad
que el giro extenuante del recuerdo
y me quedo mirando sobre el hosco
crepúsculo y naufrago el afán
siguiéndola en su viaje.
Quizás el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y después olvidar.
¡OH amada mía!
cuyo nombre lejano
y melancólico mi corazón agita!






Odomera@aol.com
Emilio Montemayor
derechos reservados



















Llega el amanecer
y su luz se filtra
por las breves junturas
de mi ventana;
ese amanecer que cristaliza
paisajes y rompe desde el cielo
las voluntades de su paso.
A mi lado yace la sombra
del vaso con lirio que ha dejado
y sobre nuestra cama victoriosa
donde nuestros sexos se entregaron
sin reposo y sin vergüenza reposan
las sábanas que fundió el sudor
de una sola sangre;
volcando mi tristeza en las sábanas
y abrigando mi deseo de tenerla
otra vez entre mis brazos.
Se ha alejado
de esta pequeña hoguera
que prendimos juntos
y en mi alcoba se extingue
la ardentía de sus gritos
dejando en el aire un mórbido
dolor de amor difunto
en punzante recuerdo.
Una evidencia desolada
de vacío sin fin reclama
y perdido en la espiral
de la congoja tiemblo
cada mañana como tiembla
un colegial que va a dar un examen
y tiemblo todo como si en las manos
llevara espigas y cristales.
¡Ignoro si me quiso!
Sólo sé que no se nada
sino amarla como
se ama a la rosa paridamente
fresca, y así la quiero con un orgullo
de oro que corre por mis venas.
Su imagen vuela con más tenacidad
que el giro extenuante del recuerdo
y me quedo mirando sobre el hosco
crepúsculo y naufrago el afán
siguiéndola en su viaje.
Quizás el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y después olvidar.
¡OH amada mía!
cuyo nombre lejano
y melancólico mi corazón agita!






Odomera@aol.com
Emilio Montemayor
derechos reservados