Showing posts with label cuba. Show all posts
Showing posts with label cuba. Show all posts

DONDE NI UNA GOTA DE TRISTEZA ES PECADO

Imagen tomada de imagenes google.com
sin animo de lucro


Muy en mi interior me rodeo a mi mismo
penetrando aun más allá del alma
y entre espacios inertes de mutismo,
se va escurriendo mi anegada calma.

Siento incauto un corazón extraño
en la bóveda hueca de mi pecho
no es un latido, mas bien un engaño
lo que retumba allí sin derecho.

Y en medio de un suspiro contenido
se ocultan mis ojos sin renuencia
un poco loco, un poco confundido.

Buscando y malgastando mi paciencia
no encuentro en este torpe recorrido
algo que me quite esta demencia.



Emilio Montemayor
Odomera@aol.com
Cuba
Imagen tomada de imagenes google.com
sin animo de lucro


Muy en mi interior me rodeo a mi mismo
penetrando aun más allá del alma
y entre espacios inertes de mutismo,
se va escurriendo mi anegada calma.

Siento incauto un corazón extraño
en la bóveda hueca de mi pecho
no es un latido, mas bien un engaño
lo que retumba allí sin derecho.

Y en medio de un suspiro contenido
se ocultan mis ojos sin renuencia
un poco loco, un poco confundido.

Buscando y malgastando mi paciencia
no encuentro en este torpe recorrido
algo que me quite esta demencia.



Emilio Montemayor
Odomera@aol.com
Cuba

MI VIDA ES HOY DE UNA MUJER - EMILIO MONTEMAYOR- CUBA









Mi vida es hoy de una mujer
necesaria como el pan
ese alimento antiguo lleno de virtudes...
yo, opto por ese pan y las noches abiertas
la mirada, el silencio, la ventana, la lluvia
y el femenino faro que me pulsa
caminada alma hecha ciudadela
plano de mis recreos,
prisionera unidad de mi memoria,
un sueño, mil, un acto de esperanza
crecida vigilia y desmedida canasta de mi ser
que cuece mis pasos, mis labios, mis temblores
y me arranca todos los latidos
al ofrecerme su sutil candado.
Mi vida es hoy de una mujer.




Derechos reservados
Emilio Montemayor
Odomera@aol.com











Mi vida es hoy de una mujer
necesaria como el pan
ese alimento antiguo lleno de virtudes...
yo, opto por ese pan y las noches abiertas
la mirada, el silencio, la ventana, la lluvia
y el femenino faro que me pulsa
caminada alma hecha ciudadela
plano de mis recreos,
prisionera unidad de mi memoria,
un sueño, mil, un acto de esperanza
crecida vigilia y desmedida canasta de mi ser
que cuece mis pasos, mis labios, mis temblores
y me arranca todos los latidos
al ofrecerme su sutil candado.
Mi vida es hoy de una mujer.




Derechos reservados
Emilio Montemayor
Odomera@aol.com



LA GIOCONDA DESNUDA DE BARTHEL BRUYN , SIGLO XVI




"La Gioconda desnuda"
de Barthel Bruyn, siglo XVI


Siempre te pinté desnuda
en el lienzo de mis silencios
salpicado de rostros y luces
yo hice tu sonrisa escéptica
como lluvia íntima sobre campo roturado
la innombrada luz de tu cuerpo
el alba rotunda de tus pechos
y la aureola de tus pezones
pintor soberbio
ignoré la ciudad ardiente y sus horrores
desafiando a los involucrados
en la felonía de mi muerte
y en esta circuncidada hora final
naufrago en tus paisajes
de silencios encadenados
jugándome la última esperanza ante el cuadro:
que a la desarmonía doliente de mis huesos
le sobrevivan el polvo
y los silencios del lienzo,
el alba de tus senos
y la innombrada luz sobre ellos.


Raúl Tápanes Lopez
Matanzas, Cuba







"La Gioconda desnuda"
de Barthel Bruyn, siglo XVI


Siempre te pinté desnuda
en el lienzo de mis silencios
salpicado de rostros y luces
yo hice tu sonrisa escéptica
como lluvia íntima sobre campo roturado
la innombrada luz de tu cuerpo
el alba rotunda de tus pechos
y la aureola de tus pezones
pintor soberbio
ignoré la ciudad ardiente y sus horrores
desafiando a los involucrados
en la felonía de mi muerte
y en esta circuncidada hora final
naufrago en tus paisajes
de silencios encadenados
jugándome la última esperanza ante el cuadro:
que a la desarmonía doliente de mis huesos
le sobrevivan el polvo
y los silencios del lienzo,
el alba de tus senos
y la innombrada luz sobre ellos.


Raúl Tápanes Lopez
Matanzas, Cuba




AMANECER- Emilio Montemayor






Llega el amanecer
y su luz se filtra
por las breves junturas
de mi ventana;
ese amanecer que cristaliza
paisajes y rompe desde el cielo
las voluntades de su paso.
A mi lado yace la sombra
del vaso con lirio que ha dejado
y sobre nuestra cama victoriosa
donde nuestros sexos se entregaron
sin reposo y sin vergüenza reposan
las sábanas que fundió el sudor
de una sola sangre;
volcando mi tristeza en las sábanas
y abrigando mi deseo de tenerla
otra vez entre mis brazos.
Se ha alejado
de esta pequeña hoguera
que prendimos juntos
y en mi alcoba se extingue
la ardentía de sus gritos
dejando en el aire un mórbido
dolor de amor difunto
en punzante recuerdo.
Una evidencia desolada
de vacío sin fin reclama
y perdido en la espiral
de la congoja tiemblo
cada mañana como tiembla
un colegial que va a dar un examen
y tiemblo todo como si en las manos
llevara espigas y cristales.
¡Ignoro si me quiso!
Sólo sé que no se nada
sino amarla como
se ama a la rosa paridamente
fresca, y así la quiero con un orgullo
de oro que corre por mis venas.


Su imagen vuela con más tenacidad
que el giro extenuante del recuerdo
y me quedo mirando sobre el hosco
crepúsculo y naufrago el afán
siguiéndola en su viaje.
Quizás el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y después olvidar.
¡OH amada mía
cuyo nombre lejano
y melancólico mi corazón agita!


Emilio Montemayor
Odomera@aol.com








Llega el amanecer
y su luz se filtra
por las breves junturas
de mi ventana;
ese amanecer que cristaliza
paisajes y rompe desde el cielo
las voluntades de su paso.
A mi lado yace la sombra
del vaso con lirio que ha dejado
y sobre nuestra cama victoriosa
donde nuestros sexos se entregaron
sin reposo y sin vergüenza reposan
las sábanas que fundió el sudor
de una sola sangre;
volcando mi tristeza en las sábanas
y abrigando mi deseo de tenerla
otra vez entre mis brazos.
Se ha alejado
de esta pequeña hoguera
que prendimos juntos
y en mi alcoba se extingue
la ardentía de sus gritos
dejando en el aire un mórbido
dolor de amor difunto
en punzante recuerdo.
Una evidencia desolada
de vacío sin fin reclama
y perdido en la espiral
de la congoja tiemblo
cada mañana como tiembla
un colegial que va a dar un examen
y tiemblo todo como si en las manos
llevara espigas y cristales.
¡Ignoro si me quiso!
Sólo sé que no se nada
sino amarla como
se ama a la rosa paridamente
fresca, y así la quiero con un orgullo
de oro que corre por mis venas.


Su imagen vuela con más tenacidad
que el giro extenuante del recuerdo
y me quedo mirando sobre el hosco
crepúsculo y naufrago el afán
siguiéndola en su viaje.
Quizás el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y después olvidar.
¡OH amada mía
cuyo nombre lejano
y melancólico mi corazón agita!


Emilio Montemayor
Odomera@aol.com