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Twiteándonos - De Prosumers a Selfsellers

La incidencia de Twitter en las formas de vivir y comunicar nuestras experiencias, y de mostrarnos al mundo.  ¿Por qué twiteamos? ¿para reafirmar nuestra presencia en el ciberespacio, para alcanzar al otro, para perfilarnos como productos?


"Por tamaño y espesor intelectual, el tweet parece hecho para la confesión, el noticiero íntimo o el minidiálogo interior" nos dice Leonardo Tarifeño desde su artículo en La Nación, y con esta frase podemos definir la incidencia de Twitter en una nueva manera de comunicarnos; más aún, el medio puede ser perfilado como aquél que poco a poco nos ha tornado en personas-producto, perfiles casi publicitarios que en el intento de comunicar sobre nosotros mismos, nos hemos moldeado para el público, para el mercado.  

Es interesante la definición que Tarifeño aporta sobre Twitter, comenzando con calificar a su mundo como el de la tiranía de lo cuantificable, no sólo por el hecho de ver reducidos nuestros pensamientos a un límite de 140 caracteres, sino también por el esfuerzo de los usuarios por conseguir followers y retweets para cada tweet, lo que también incide en nuestro Klout, esto es, el índice de la imagen o reputación construida a través de los propios tweets, la relación con los demás usuarios, y el alcance o difusión de nuestro mensaje.

A su vez, según el autor, "Twitter es un anfibio del mundo virtual, y quizás en esa hibridación haya que buscar el secreto de su encanto". Es que este medio combina las formas digitales más populares adoptando lo mejor de cada una: el contacto permanente de las redes sociales, la exposición del yo que define a los blogs y la brevedad e instantaneidad del SMS. Y aunque no es un motor de búsqueda, permite compartir y profundizar temas a través de links, a su vez que con "etiquetas" o hashtags instala categorías a través de las cuales cualquier usuario puede encontrar información o aportar datos y opiniones.

Inevitablemente, entonces, se instala la pregunta ¿Internet estimula el libre acceso a información valiosa y útil o, por el contrario, promueve la nada generalizada?. Y es que en Twitter podemos encontrarnos tanto con noticias del momento, links a resultados de investigaciones, promociones y novedades de marcas comerciales y empresas, como tweets que parecen ser extracciones de un diario íntimo de las personas, exhalaciones de experiencias triviales con dudoso sentido útil, pero que para muchos se ha transformado en una manera de conectarse con el mundo, de afirmar su existencia en el ciberespacio diciendo "aquí estoy, éste soy yo".


Yo twiteo. Por lo tanto, existo. 

En un artículo de The New York Times Peggy Orenstein nos cuenta cómo Twitter ha influido en su manera de experimentar cada momento de su vida. Disfutando de una perfecta tarde veraniega con su hija se da cuenta de que, mientras años atrás hubiera estado atenta a cada minuto, con todos sus sentidos puestos en la vivencia, hoy, como usuaria de Twitter, no puede evitar que su mente se aleje de la escena, analizando cómo twitearla... más aún, discerniendo cuál sería la forma de redacción que mejor podría sintetizar no tanto sus propias impresiones sino la reacción que se imagina -y desea- que los demás tengan sobre ellas. Esta reflexión le hace preguntarse "¿qué tanto estaba moldeando mis contenidos en  Twitter y qué tanto Twitter estaba moldeándome a mi?".  
  
"Al procesar mi experiencia instantáneamente en Twitter, empaqueto mi vida mientras la vivo", señala la escritora. "Lo divertido de Twitter, y sospecho que para todo el muno también, es su infinito potencial para conectarse, así como la oportunidad que brinda para la expresión propia. Disfruto de ello pero, cuando todos los pensamientos se exteriorizan, ¿qué ocurre con la perspicacia? Cuando publicamos nuestros sentimientos, ¿qué ocurre con la reflexión? Cuando los amigos se convierten en fans, ¿qué pasa con la intimidad? El riesgo de esta cultura del performance, del empaquetamiento de uno mismo, es que erosiona las mismas relaciones que debería crear, y nos aleja de nuestra propia humanidad."

En entrevista con Letra Urbana, Diana Sahovaler de Litvinoff destaca cómo los avances de la tecnología potencian la ilusión de que todo lo que se desea es posible ya que el ciberespacio puede considerarse, al mismo tiempo, refugio y escenario. En refugio porque favorece el ocultamiento de la persona y el anonimato; en escenario, porque ha permitido "un despliegue de fantasías y confesiones que en el universo virtual encontraron una vía privilegiada de expresión". Es que nos encontramos en una época donde existe una presión social a "decirlo todo", a "mostrarlo todo".

Algo al respecto también nos aporta Mónica Prandi en su artículo de Letra Urbana, donde opina que hoy la mirada se volvió osada y llevó al centro de la escena lo que en otros tiempos perteneciera a la intimidad. Esto puede derivar de que nos acostumbramos a convivir bajo la estrategia de fascinación mientras el entretenimiento comenzó a ocupar la parte principal del tiempo que no se usa trabajando. El hecho de que el espectáculo se fue generalizando y volviendo cada vez más participativo ha dado lugar a que cualquiera puede aspirar a sus cinco minutos de fama, y el ser ad-mirado, se ha vuelto el modo de satisfacción contemporánea.

Para Prandi, dado que la sociedad del espectáculo convoca al voyeurismo-exhibicionismo, el sujeto despojado, se muestra ante la mirada de los otros. Así, los modos y costumbres de nuestro tiempo se sostienen de un estilo mediático y espectacular, se promueve mostrarlo y decirlo todo y a la vez se explotan las vivencias.  

Reseñar nuestras experiencias a través de nuestro timeline puede ser nuestra manera de decir "¡presente!" al mundo, pero también puede definir, en nuestra redacción, en cada aspecto o experiencia elegida, y en cada "entonación" del mensaje, cuáles son nuestras necesidades, falacias y aspiraciones. Lo que está claro es que con cada tweet, alimentamos un perfil que se presentará a un público que -voluntariamente o no-ansiamos como target, y es en este almodamiento que nos transformamos en personas-producto.


Reputación: perfiles en la góndola

Volviendo al artículo de La Nación, Tarifeño nos señala una importante diferencia entre Twitter y redes sociales conocidas como Facebok u Orkut, y radica en que, a la inversa de estas últimas, este sitio de microblogging "democratiza el contacto a tal punto que cualquier usuario puede seguir a otro (convertirse en un follower ) sin pedir autorización". Más aún, "Twitter devuelve una imagen en la que la persona pública y la privada se borran, en un movimiento que de paso equipara autenticidad con falsa sinceridad. En ese mundo, ¿quién resulta más creíble? ¿El escritor que se autopromociona o el que aprovecha para contar su gusto por la torta de chocolate? Todo depende de la coherencia con que se sigan las reglas marcadas por ese yo virtual, hecho a la medida de la mirada de los otros."

La expansión de nuestro universo digital, aporta, asimismo, Orenstein en TNYT, "ha cambiado no sólo la manera como pasamos el tiempo sino también la forma en que construimos nuestra identidad". El Yo se ha ido tornando más en una exteriorización manufacturada que en un desarrollo interno: una serie de perfiles esculpidos y refinados en respuesta a la opinión pública. Esos momentos en los que supuestamente deberíamos estar mostrando nuestra verdadera personalidad, se transforman en una actuación, una performance.   

¿Cuántas notas se han publicado últimamente advirtiéndonos que cada opinión, anécdota, imagen nuestra publicada en la web podría afectar a nuestra reputación, si no hoy mismo, en un futuro cercano? Así, muchos representantes de empresas se cuidan de manifestar sus preferencias políticas o creencias religiosas pues no se sabe en cuánto podrían influir en la decisión de compra de un cliente; varios profesionales andan eliminando sus etiquetas en fotos de la última celebración, porque una imagen desprolija y demasiado festiva podría incidir en la busqueda de empresas para puestos de cierta responsabilidad; gran cantidad de académicos se esfuerzan por twitear o retwitear notas o artículos que mantengan o eleven su nivel de Klout...

Casi sin darnos cuenta, nos hemos transformado en perfiles dentro de una góndola virtual, diseñando día a día nuestro propio packaging, aquel que atraerá al público que queremos que nos (compre) siga y que, una vez que nos conozca, nos (venda) difunda. Hasta el tweet más impulsivo conlleva ya una intención, pues el formato y el contexto lo limitan y nuestros deseos, inconscientes o no, lo moldean. ¿Es que además de prosumers podríamos considerarnos selfsellers?   
  
  • Lea la entrevista completa a Diana Sahovaler de Litvinoff, en el art. de Letra Urbana "El sujeto escondido en la realidad virtual. De la represión del deseo a la pornografía del goce" aquí
  • Lea el art. completo de Mónica Prandi, "Mirada Ciega", aquí.
La incidencia de Twitter en las formas de vivir y comunicar nuestras experiencias, y de mostrarnos al mundo.  ¿Por qué twiteamos? ¿para reafirmar nuestra presencia en el ciberespacio, para alcanzar al otro, para perfilarnos como productos?


"Por tamaño y espesor intelectual, el tweet parece hecho para la confesión, el noticiero íntimo o el minidiálogo interior" nos dice Leonardo Tarifeño desde su artículo en La Nación, y con esta frase podemos definir la incidencia de Twitter en una nueva manera de comunicarnos; más aún, el medio puede ser perfilado como aquél que poco a poco nos ha tornado en personas-producto, perfiles casi publicitarios que en el intento de comunicar sobre nosotros mismos, nos hemos moldeado para el público, para el mercado.  

Es interesante la definición que Tarifeño aporta sobre Twitter, comenzando con calificar a su mundo como el de la tiranía de lo cuantificable, no sólo por el hecho de ver reducidos nuestros pensamientos a un límite de 140 caracteres, sino también por el esfuerzo de los usuarios por conseguir followers y retweets para cada tweet, lo que también incide en nuestro Klout, esto es, el índice de la imagen o reputación construida a través de los propios tweets, la relación con los demás usuarios, y el alcance o difusión de nuestro mensaje.

A su vez, según el autor, "Twitter es un anfibio del mundo virtual, y quizás en esa hibridación haya que buscar el secreto de su encanto". Es que este medio combina las formas digitales más populares adoptando lo mejor de cada una: el contacto permanente de las redes sociales, la exposición del yo que define a los blogs y la brevedad e instantaneidad del SMS. Y aunque no es un motor de búsqueda, permite compartir y profundizar temas a través de links, a su vez que con "etiquetas" o hashtags instala categorías a través de las cuales cualquier usuario puede encontrar información o aportar datos y opiniones.

Inevitablemente, entonces, se instala la pregunta ¿Internet estimula el libre acceso a información valiosa y útil o, por el contrario, promueve la nada generalizada?. Y es que en Twitter podemos encontrarnos tanto con noticias del momento, links a resultados de investigaciones, promociones y novedades de marcas comerciales y empresas, como tweets que parecen ser extracciones de un diario íntimo de las personas, exhalaciones de experiencias triviales con dudoso sentido útil, pero que para muchos se ha transformado en una manera de conectarse con el mundo, de afirmar su existencia en el ciberespacio diciendo "aquí estoy, éste soy yo".


Yo twiteo. Por lo tanto, existo. 

En un artículo de The New York Times Peggy Orenstein nos cuenta cómo Twitter ha influido en su manera de experimentar cada momento de su vida. Disfutando de una perfecta tarde veraniega con su hija se da cuenta de que, mientras años atrás hubiera estado atenta a cada minuto, con todos sus sentidos puestos en la vivencia, hoy, como usuaria de Twitter, no puede evitar que su mente se aleje de la escena, analizando cómo twitearla... más aún, discerniendo cuál sería la forma de redacción que mejor podría sintetizar no tanto sus propias impresiones sino la reacción que se imagina -y desea- que los demás tengan sobre ellas. Esta reflexión le hace preguntarse "¿qué tanto estaba moldeando mis contenidos en  Twitter y qué tanto Twitter estaba moldeándome a mi?".  
  
"Al procesar mi experiencia instantáneamente en Twitter, empaqueto mi vida mientras la vivo", señala la escritora. "Lo divertido de Twitter, y sospecho que para todo el muno también, es su infinito potencial para conectarse, así como la oportunidad que brinda para la expresión propia. Disfruto de ello pero, cuando todos los pensamientos se exteriorizan, ¿qué ocurre con la perspicacia? Cuando publicamos nuestros sentimientos, ¿qué ocurre con la reflexión? Cuando los amigos se convierten en fans, ¿qué pasa con la intimidad? El riesgo de esta cultura del performance, del empaquetamiento de uno mismo, es que erosiona las mismas relaciones que debería crear, y nos aleja de nuestra propia humanidad."

En entrevista con Letra Urbana, Diana Sahovaler de Litvinoff destaca cómo los avances de la tecnología potencian la ilusión de que todo lo que se desea es posible ya que el ciberespacio puede considerarse, al mismo tiempo, refugio y escenario. En refugio porque favorece el ocultamiento de la persona y el anonimato; en escenario, porque ha permitido "un despliegue de fantasías y confesiones que en el universo virtual encontraron una vía privilegiada de expresión". Es que nos encontramos en una época donde existe una presión social a "decirlo todo", a "mostrarlo todo".

Algo al respecto también nos aporta Mónica Prandi en su artículo de Letra Urbana, donde opina que hoy la mirada se volvió osada y llevó al centro de la escena lo que en otros tiempos perteneciera a la intimidad. Esto puede derivar de que nos acostumbramos a convivir bajo la estrategia de fascinación mientras el entretenimiento comenzó a ocupar la parte principal del tiempo que no se usa trabajando. El hecho de que el espectáculo se fue generalizando y volviendo cada vez más participativo ha dado lugar a que cualquiera puede aspirar a sus cinco minutos de fama, y el ser ad-mirado, se ha vuelto el modo de satisfacción contemporánea.

Para Prandi, dado que la sociedad del espectáculo convoca al voyeurismo-exhibicionismo, el sujeto despojado, se muestra ante la mirada de los otros. Así, los modos y costumbres de nuestro tiempo se sostienen de un estilo mediático y espectacular, se promueve mostrarlo y decirlo todo y a la vez se explotan las vivencias.  

Reseñar nuestras experiencias a través de nuestro timeline puede ser nuestra manera de decir "¡presente!" al mundo, pero también puede definir, en nuestra redacción, en cada aspecto o experiencia elegida, y en cada "entonación" del mensaje, cuáles son nuestras necesidades, falacias y aspiraciones. Lo que está claro es que con cada tweet, alimentamos un perfil que se presentará a un público que -voluntariamente o no-ansiamos como target, y es en este almodamiento que nos transformamos en personas-producto.


Reputación: perfiles en la góndola

Volviendo al artículo de La Nación, Tarifeño nos señala una importante diferencia entre Twitter y redes sociales conocidas como Facebok u Orkut, y radica en que, a la inversa de estas últimas, este sitio de microblogging "democratiza el contacto a tal punto que cualquier usuario puede seguir a otro (convertirse en un follower ) sin pedir autorización". Más aún, "Twitter devuelve una imagen en la que la persona pública y la privada se borran, en un movimiento que de paso equipara autenticidad con falsa sinceridad. En ese mundo, ¿quién resulta más creíble? ¿El escritor que se autopromociona o el que aprovecha para contar su gusto por la torta de chocolate? Todo depende de la coherencia con que se sigan las reglas marcadas por ese yo virtual, hecho a la medida de la mirada de los otros."

La expansión de nuestro universo digital, aporta, asimismo, Orenstein en TNYT, "ha cambiado no sólo la manera como pasamos el tiempo sino también la forma en que construimos nuestra identidad". El Yo se ha ido tornando más en una exteriorización manufacturada que en un desarrollo interno: una serie de perfiles esculpidos y refinados en respuesta a la opinión pública. Esos momentos en los que supuestamente deberíamos estar mostrando nuestra verdadera personalidad, se transforman en una actuación, una performance.   

¿Cuántas notas se han publicado últimamente advirtiéndonos que cada opinión, anécdota, imagen nuestra publicada en la web podría afectar a nuestra reputación, si no hoy mismo, en un futuro cercano? Así, muchos representantes de empresas se cuidan de manifestar sus preferencias políticas o creencias religiosas pues no se sabe en cuánto podrían influir en la decisión de compra de un cliente; varios profesionales andan eliminando sus etiquetas en fotos de la última celebración, porque una imagen desprolija y demasiado festiva podría incidir en la busqueda de empresas para puestos de cierta responsabilidad; gran cantidad de académicos se esfuerzan por twitear o retwitear notas o artículos que mantengan o eleven su nivel de Klout...

Casi sin darnos cuenta, nos hemos transformado en perfiles dentro de una góndola virtual, diseñando día a día nuestro propio packaging, aquel que atraerá al público que queremos que nos (compre) siga y que, una vez que nos conozca, nos (venda) difunda. Hasta el tweet más impulsivo conlleva ya una intención, pues el formato y el contexto lo limitan y nuestros deseos, inconscientes o no, lo moldean. ¿Es que además de prosumers podríamos considerarnos selfsellers?   
  
  • Lea la entrevista completa a Diana Sahovaler de Litvinoff, en el art. de Letra Urbana "El sujeto escondido en la realidad virtual. De la represión del deseo a la pornografía del goce" aquí
  • Lea el art. completo de Mónica Prandi, "Mirada Ciega", aquí.

Nuestra dependencia tecnológica

La falta de comunicación en familias adictas a los dispositivos tecnológicos y una reflexión filosófica sobre la dependencia de la humanidad hacia la tecnología, al punto del no retorno.

   
Una desintoxicación tecnológica familiar

En el artículo del Wall Street Journal, "Cuando el ultimátum es su familia o su BlackBerry",  Elizabeth Bernstein nos señala cómo las familias actuales hacen uso de los dispositivos tecnológicos para mantenerse comunicadas, lo que, paradójicamente, corta cada vez más la comunicación entre los integrantes de las mismas.

Así, nos inquiere "cuando sale a cenar, ¿ocupa su Blackberry un lugar en la mesa? ¿Chequea su esposa el correo electrónico antes de decirles 'buenos días' a los niños? ¿Duerme su hijo con su laptop?", y si la mayoría de las respuestas a estas preguntas es afirmativa, nos propone una desintoxicación tecnológica, desconectarnos completamente durante un lapso breve para el beneficio de las relaciones interpersonales.

Bernstein nos relata el caso de Diane Broadnax, una investigadora clínica de Maryland, "que se hartó de cómo su familia, cada noche, se dispersaba hacia diferentes computadoras en la casa. Anika, de 4 años, miraba Dora la exploradora en una portátil en la cocina, mientras que Jasmine, de 12 años, jugaba en línea con sus mascotas virtuales. Su esposo, Lonnie Broadnax, de 50 años, se iba al estudio para mirar una película de ciencia ficción mientras ella preparaba la cena a la vez que revisaba su correo electrónico". Pasaban los días y la familia no conversaba.

Una noche, Diane propuso un plan: durante una semana se privarían de todo entretenimiento digital (e-mail, mensajes de texto, Facebook, películas en DVD y videos en línea), relegando el uso de computadoras y demás artilugios tecnológicos sólo para trabajar o tareas de la escuela. Sin embargo, a la noche siguiente, para cuando todos se sentaron a cenar, la conversación fue incómoda y forzada. "Todos pensamos: Estamos sentados a la mesa tal como se supone que debemos hacer pero, ¿ahora qué hacemos?".
  
De acuerdo con la psicóloga Sharon Gilchrest O'Neill, la tecnología es una distracción para la familia y es difícil de resistir porque es portátil y provee una gratificación instantánea. La manera de conseguir una reconexión entre sus integrantes, por tanto, es una limpieza tecnológica. A continuación, algunos consejos de personas que han aprendido de la experiencia:
  • Avise con tiempo a su familia para prepararse mentalmente.
  • Tenga en calro su objetivo, no sustituya la tecnología por otra actividad que lo aísle.
  • Despréndase de los aparatos gradualmente. 
  • Sea claro respecto a las reglas. ¿Se permitirán las llamadas y los correos electrónicos vinculados al trabajo? ¿Está permitido conectarse a Internet para las tareas de la escuela? ¿Cuál es el castigo para una trampa?
  • Utilice la tecnología como herramienta para desconectarse. Recurra a Facebook, Twitter o el correo electrónico para decirles a su familia y amigos que no va a estar conectado.
  • Haga de su dormitorio una zona libre de medios de comunicación.
  • Una vez superada la fase de desintoxicación, aprenda a evitar perder el tiempo yendo de una búsqueda en Internet a otra, y a otra, y otra. Así puede desperdiciar horas.
  • Permita que haya solamente una pantalla en funcionamiento. Por ejemplo, si está mirando televisión, dedíquele toda su atención, en vez de estar mirando al mismo tiempo su computadora o su iPhone.
Luego de 5 dís de limpieza tecnológica, Diane Broadnax llegó una noche del trabajo y se encontró a su marido y sus dos hijas jugando una partida de Trivial, moviendo piezas alrededor de un tablero y leyendo preguntas de la pantalla de una computadora. Los tres se estaban riendo. "Aquí estaba la solución casi perfecta", dijo. "La familia estaba interactuando con la tecnología. La pantalla estaba ahí, pero no era el centro de atención".


No no podemos vivir sin tecnología 

En el artículo publicado en Letra Urbana "Tecnología y poder. Una aproximación filosófica", Cristina Bulacio destaca que "hoy nos encontramos perplejos, desorientados, acosados –en particular si no somos nativos digitales– ante la omnipresencia de los utensilios tecnológicos en nuestra vida (...) el ciberespacio se ha transformado en un “lugar”, si podemos llamarlo así, de comunicación; lugar que no es lugar; se trata de un mundo virtual que ha modificado sustancialmente nuestra realidad cotidiana".

Bulacio nos señala que a través de las increíbles innovaciones tecnológicas hemos tejido a nuestro alrededor una red tecnológica globalizada y virtual en la que depositamos toda nuestra confianza, cuyo sello es la inmediatez y la instantaneidad. Esto nos brinda una sensación de confort, y por ello se ha ido "internalizando en nuestras vidas hasta adueñarse de nosotros y convertirse en imprescindible; esa extrema dependencia es, sin duda, un modo de prisión, también virtual. Estamos en un punto de no retorno."

Para la autora, de aquí en más, sólo podremos sobrevivir con tecnología de punta porque la evolución de los acontecimientos así lo exige. Pasamos a ser habitantes de un tecno-universo cuya realidad es omnipresente e intangible al mismo tiempo, hemos reconstruido nuestro planeta tecnológicamente a ritmo creciente al punto que "la magia de nuestra inteligencia y de nuestras habilidades nos hipnotizaron... Nos sucede como aquel ilusionista al que su truco mayor se le va de las manos y, ante el deslumbramiento de las fantasmagorías inventadas por él, no percibe que se juega la vida". 

Concluyendo, es interesante destacar la reflexión de Bulacio sobre nuestra dependencia total hacia la tecnología: "Hasta hora, sólo la imaginación del cine nos ha permitido sospechar qué sería de los hombres ante un colapso planetario de algunos, sólo algunos, de los descubrimientos tecnológicos de la última década, del fin de sus magias secretas. Me atrevo a decir que, una fisura cualquiera, por ejemplo, un ínfimo corte en las fibras ópticas de las proveedoras de Internet, bastaría para ponernos en caída libre. Habiendo alcanzado el poder de manipular el universo hasta en sus partículas intangibles y hacerlo a nuestro antojo, ya no podemos ni queremos vivir sin tecnología."

La falta de comunicación en familias adictas a los dispositivos tecnológicos y una reflexión filosófica sobre la dependencia de la humanidad hacia la tecnología, al punto del no retorno.

   
Una desintoxicación tecnológica familiar

En el artículo del Wall Street Journal, "Cuando el ultimátum es su familia o su BlackBerry",  Elizabeth Bernstein nos señala cómo las familias actuales hacen uso de los dispositivos tecnológicos para mantenerse comunicadas, lo que, paradójicamente, corta cada vez más la comunicación entre los integrantes de las mismas.

Así, nos inquiere "cuando sale a cenar, ¿ocupa su Blackberry un lugar en la mesa? ¿Chequea su esposa el correo electrónico antes de decirles 'buenos días' a los niños? ¿Duerme su hijo con su laptop?", y si la mayoría de las respuestas a estas preguntas es afirmativa, nos propone una desintoxicación tecnológica, desconectarnos completamente durante un lapso breve para el beneficio de las relaciones interpersonales.

Bernstein nos relata el caso de Diane Broadnax, una investigadora clínica de Maryland, "que se hartó de cómo su familia, cada noche, se dispersaba hacia diferentes computadoras en la casa. Anika, de 4 años, miraba Dora la exploradora en una portátil en la cocina, mientras que Jasmine, de 12 años, jugaba en línea con sus mascotas virtuales. Su esposo, Lonnie Broadnax, de 50 años, se iba al estudio para mirar una película de ciencia ficción mientras ella preparaba la cena a la vez que revisaba su correo electrónico". Pasaban los días y la familia no conversaba.

Una noche, Diane propuso un plan: durante una semana se privarían de todo entretenimiento digital (e-mail, mensajes de texto, Facebook, películas en DVD y videos en línea), relegando el uso de computadoras y demás artilugios tecnológicos sólo para trabajar o tareas de la escuela. Sin embargo, a la noche siguiente, para cuando todos se sentaron a cenar, la conversación fue incómoda y forzada. "Todos pensamos: Estamos sentados a la mesa tal como se supone que debemos hacer pero, ¿ahora qué hacemos?".
  
De acuerdo con la psicóloga Sharon Gilchrest O'Neill, la tecnología es una distracción para la familia y es difícil de resistir porque es portátil y provee una gratificación instantánea. La manera de conseguir una reconexión entre sus integrantes, por tanto, es una limpieza tecnológica. A continuación, algunos consejos de personas que han aprendido de la experiencia:
  • Avise con tiempo a su familia para prepararse mentalmente.
  • Tenga en calro su objetivo, no sustituya la tecnología por otra actividad que lo aísle.
  • Despréndase de los aparatos gradualmente. 
  • Sea claro respecto a las reglas. ¿Se permitirán las llamadas y los correos electrónicos vinculados al trabajo? ¿Está permitido conectarse a Internet para las tareas de la escuela? ¿Cuál es el castigo para una trampa?
  • Utilice la tecnología como herramienta para desconectarse. Recurra a Facebook, Twitter o el correo electrónico para decirles a su familia y amigos que no va a estar conectado.
  • Haga de su dormitorio una zona libre de medios de comunicación.
  • Una vez superada la fase de desintoxicación, aprenda a evitar perder el tiempo yendo de una búsqueda en Internet a otra, y a otra, y otra. Así puede desperdiciar horas.
  • Permita que haya solamente una pantalla en funcionamiento. Por ejemplo, si está mirando televisión, dedíquele toda su atención, en vez de estar mirando al mismo tiempo su computadora o su iPhone.
Luego de 5 dís de limpieza tecnológica, Diane Broadnax llegó una noche del trabajo y se encontró a su marido y sus dos hijas jugando una partida de Trivial, moviendo piezas alrededor de un tablero y leyendo preguntas de la pantalla de una computadora. Los tres se estaban riendo. "Aquí estaba la solución casi perfecta", dijo. "La familia estaba interactuando con la tecnología. La pantalla estaba ahí, pero no era el centro de atención".


No no podemos vivir sin tecnología 

En el artículo publicado en Letra Urbana "Tecnología y poder. Una aproximación filosófica", Cristina Bulacio destaca que "hoy nos encontramos perplejos, desorientados, acosados –en particular si no somos nativos digitales– ante la omnipresencia de los utensilios tecnológicos en nuestra vida (...) el ciberespacio se ha transformado en un “lugar”, si podemos llamarlo así, de comunicación; lugar que no es lugar; se trata de un mundo virtual que ha modificado sustancialmente nuestra realidad cotidiana".

Bulacio nos señala que a través de las increíbles innovaciones tecnológicas hemos tejido a nuestro alrededor una red tecnológica globalizada y virtual en la que depositamos toda nuestra confianza, cuyo sello es la inmediatez y la instantaneidad. Esto nos brinda una sensación de confort, y por ello se ha ido "internalizando en nuestras vidas hasta adueñarse de nosotros y convertirse en imprescindible; esa extrema dependencia es, sin duda, un modo de prisión, también virtual. Estamos en un punto de no retorno."

Para la autora, de aquí en más, sólo podremos sobrevivir con tecnología de punta porque la evolución de los acontecimientos así lo exige. Pasamos a ser habitantes de un tecno-universo cuya realidad es omnipresente e intangible al mismo tiempo, hemos reconstruido nuestro planeta tecnológicamente a ritmo creciente al punto que "la magia de nuestra inteligencia y de nuestras habilidades nos hipnotizaron... Nos sucede como aquel ilusionista al que su truco mayor se le va de las manos y, ante el deslumbramiento de las fantasmagorías inventadas por él, no percibe que se juega la vida". 

Concluyendo, es interesante destacar la reflexión de Bulacio sobre nuestra dependencia total hacia la tecnología: "Hasta hora, sólo la imaginación del cine nos ha permitido sospechar qué sería de los hombres ante un colapso planetario de algunos, sólo algunos, de los descubrimientos tecnológicos de la última década, del fin de sus magias secretas. Me atrevo a decir que, una fisura cualquiera, por ejemplo, un ínfimo corte en las fibras ópticas de las proveedoras de Internet, bastaría para ponernos en caída libre. Habiendo alcanzado el poder de manipular el universo hasta en sus partículas intangibles y hacerlo a nuestro antojo, ya no podemos ni queremos vivir sin tecnología."

Inocencia Digital







Las declaraciones de esta semana de la primera dama de EE.UU., Michelle Obama, acerca de no ser gran partidaria de que los jóvenes tengan Facebook, ha disparado en Letra Urbana una necesidad de analizar el uso que los menores dan a la Tecnología, Internet y las Redes Sociales en la actualidad, el rol de los padres y las instituciones, y el futuro que depara a estos "digital natives" en su inserción a una sociedad globalizada. 




Los números de la Inocencia Digital

Facebook sólo permite abrir cuentas a los mayores de 13 años, aunque niños más jóvenes consiguen entrar al declarar una edad superior en el momento de registrarse.

En Europa
  • Según un artículo publicado por CNN, los menores no sólo navegan en Internet utilizando computadoras personales; en Europa, 1 de cada 3 se conecta desde celulares y 1 de cada 4, mediante sus consolas de videojuegos, mientras que 6 de cada 10 cuentan con un perfil en alguna red social.
  • Un 26% de esos perfiles son completamente "públicos" (cualquier persona puede ver sus datos personales y fotografías) lo que aumenta el riesgo de convertirlos en víctimas de delitos informáticos. 
  • La mitad de los adolescentes europeos de 13 a 16 años acceden a internet desde sus dormitorios, lo que dificulta el control paterno.
  • Según una encuesta de Microsoft Ibérica a en Europa, el 75% de los menores europeos han sido contactados por un extraño y casi 4 de cada 10 jóvenes han contestado. Las cifras reflejan que, en los casos de menores a los que han escrito desconocidos, un 96% de ellos no se lo ha comunicado ni a sus padres ni a sus profesores.

En Latinoamérica
  • Los 18 países que integran la Red Iberoamericana de Protección de Datos concluyeron en su más reciente reunión, en la Ciudad de México, que compartir información sin límite alguno a través de las redes sociales es un riesgo real para niños y adolescentes.
  • En una investigación sobre los hábitos de uso de menores entre 6 y 18 años en Latinoamérica, se concluyó que Internet es una actividad prioritaria para los menores: si existe posibilidad se desarrolla en casa; si no, las cabinas públicas o los cibercafés son el mejor recurso.
  • La investigación asegura que a un alto porcentaje de jóvenes latinoamericanos lo que más les atrae es la experiencia social. Navegan solos pero también son los usuarios que más navegan con otras personas como sus amigos, sus padres o hermanos. El que los demás puedan acceder les provoca la necesidad de ingresar. 
  • En Iberoamérica se está haciendo un gran esfuerzo por incorporar la tecnología a la escuela, aunque luego, como no tienen internet en casa, navegan más en sitios públicos donde no hay ningún tipo de mediación, como cibercafés.
En países de habla inglesa
  • En EEUU los jóvenes están incrementando el uso de nuevas tecnologías. De acuerdo con datos del Internet Pew Project el 93% de los adolescentes tiene acceso a internet.
  • La organización asegura que en 2010 el 73% de los internautas jóvenes del país usaron redes sociales.
  • Los jóvenes estadounidenses aún usan más MySpace que Facebook y sólo el 8% utiliza Twitter. Mientras que en lo que se refiere a telefonía celular, el 58% de adolescentes de 12 años cuenta con un aparato.
  • En el Reino Unido los hábitos estan cambiando y las últimas investigaciones aseguran que los videojuegos en línea ya son más populares que las redes sociales. El Centro para la Seguridad en Internet asegura que el 83% de menores entre 9 y 16 años usan la red para jugar videojuegos.
  • La organización "Safe Kids" asegura que 40% de niños británicos usan internet diariamente.  

 

Adictos
a la Tecnología

El hospital Capio Nightingale de Londres ha sido noticia en estos días, en el periódico Evening Standard, por iniciar un programa de rehabilitación para niños adictos a Internet. Con tan sólo 12 años, la compulsión de estos pacientes por el uso de la tecnología es tan grave que ponen en riesgo su salud.

Esta institución del norte de Londres habría sido inundada por llamadas de padres preocupados cuyos hijos están desarrollando comportamientos compulsivos, con desórdenes del sueño y depresión a causa de su adicción. Otros síntomas de abstinencia incluyen pérdida de apetito, fatiga y aislamiento de la sociedad. 

Para el Dr. Richard Graham, experto en desórdenes infantiles y adolescentes del hospital Capio, la adicción a la tecnología es como la adicción al juego: produce una hiperestimulación de manera que el paciente se encuentra en un estado de alerta permanente; algunos de ellos son capaces de montar en cólera cuando se les pide que apaguen su computadora, al punto que se ha necesitado de intervención policíal para calmarlos. La clínica propone, en consecuencia, un tratamiento que estimula la interacción social -presencial- de los jóvenes que asisten a rehabilitación y enseña a los padres a desconectar a sus hijos sin que se cree un conflicto.

"Necesitamos guías oficiales para determinar hasta dónde llega el uso saludable de Internet ", señala Graham, a la vez que indica que los servicios de salud mental necesitan adaptarse rápidamente a los mundos cambiantes que habitan los jóvenes, y entender cuán seriamente puede incidir en sus vidas el tiempo sin regular frente a la pantalla, ya sea en línea o en un video-juego. "Hemos hallado que muchos de los servicios en la actualidad fallan en reconocer la complejidad de estas situaciones, tomando prestados antiguos modelos sobre la adicción y el abuso de substancias. Aún no hay consenso en el Reino Unido sobre si esto puede llamarse una adicción porque no existen substancias como drogas o alcohol involucradas. Esto es un gran obstáculo"

Se estima que un 10% de los 46.6 millones de internautas en el Reino Unido podrían ser adictos a la red.   


Formando usuarios inteligentes

Xavier Bringués, de la Universidad de Navarra, en España, afirma en una nota de BBC Mundo que "Estamos hablando de una tecnología inteligente del siglo XXI que necesita usuarios inteligentes". Para Bringués la red no es un caldo de crímenes ni un lugar oscuro. "Su riesgo es el mismo que otros medios como la televisión: que entre en sus vidas sin que quienes están a su alrededor tengan la conciencia de que internet será usado por un menor, que es un sujeto en formación".
Los adolescentes "están tomando cada vez más riesgos -sobre todo los usuarios más avanzados- pero también están más conscientes de lo que éstos implican. Lo que tenemos que pensar es qué factores son capaces de desactivar esos riesgos".

Para Neelie Kroes, comisaria europea de Agenda Digital, la solución es ayudar a los usuarios a utilizar la red debidamente, algo que es "una responsabilidad de los padres, profesores y de los propios niños". Esta realidad requiere también, según Kroes, "una mayor responsabilidad del sector de las tecnologías de la información y la comunicación a la hora de ofrecer productos y servicios", lo que implicaría mejorar las políticas de privacidad en redes como Facebook, que ha sido criticada por tener puntos débiles en este rubro.

Jennifer Waters, en su artículo "Ojo con los datos que comparte en las redes sociales", publicado en WSJ, nos señala que los usuarios podrían pensar que no están revelando casi nada cuando cuentan a sus amigos en Facebook que "están vistiendo a su perro, Roco, en su color favorito, el café, para un brunch en la casa de la abuela el domingo". Pero en realidad así se abre una caja de Pandora de riesgos, puesto que la información que los internautas dan voluntaria o involuntariamente a través de las redes sociales desencadena un frenesí entre ladrones, estafadores y otros criminales. Incluso detallar las actividades diarias puede permitir a los extraños conocer sus rutinas, dando a un posible acosador información sobre sus paraderos.

Una encuesta de Harris Interactive realizada en octubre para ID Analytics constató que más de 24 millones de estadounidenses de 18 años o más aún dejan sus perfiles en las redes sociales mayoritariamente públicos, esto es, sin los controles de privacidad que limitan quién puede ver sus datos personales.


El rol de los padres


Los expertos dicen que el sentido común de los padres y estar al pendiente de problemas potenciales pueden ser herramientas muy valiosas. Michael Fertik, CEO de ReputationDefender, opina que la forma más fácil de empezar es participando en la vida en línea de los hijos, por ejemplo, pidiéndoles sus contraseñas antes de darles permiso para abrir una cuenta en redes sociales como Facebook. A medida que se vuelven adolescentes, los niños se quejarán de haberla compartido, así que los padres deberán buscar la forma de hacerse sus “amigos” en esos sitios de forma discreta: Ningún adolescente quiere que su padres participen directamente en su muro de Facebook, pero un cierto monitoreo a distancia no es nada malo.



Generación "Y"
y generación "Z"

Clarita Spitz, en su artículo "Conviviendo con la Generación Y" con cierto humor piensa que "aquella conocida frase de las abuelas cada niño llega con un pan bajo el brazo podría fácilmente reemplazarse hoy en día por cada niño llega con un mouse en una mano y el control remoto en la otra".
En su clara descripción de la generación de "Baby Boomers", "X" e "Y", nos destaca que esta última está conformada por personas educadas en la cultura de la interactividad. Mientras que trabajar con sus congéneres puede plantear importantes desafíos ya que "al tratarse de la generación que se desarrolló enteramente compartiendo información personal y pública por los diversos medios disponibles, no tienen en cuenta el valor de la privacidad o la confidencialidad que a veces puede requerir un trabajo".  
¿Cómo será liderar un mundo sin muros, sin revoluciones, sin creencia en las utopías?, se pregunta Spitz. "La globalización ha creado un escenario mixto y convergente, pero que transforma los principios y complejiza la realidad. Empiezan a sentirse, además, los primeros pasos de la Generación Z, la iGeneration, los verdaderos nativos digitales."


¿Cómo educar, entonces, a los digital natives?. Quizás conozcamos la respuesta a través de Laura Patcher, que en su artículo publicado en Letra Urbana destaca que los educadores tienen la responsabilidad y obligación de conocer los alcances de los nuevos recursos así como de sus aplicaciones; también de fomentar el análisis y la evaluación de las fuentes y los contenidos.
Para Patcher, "las herramientas tecnológicas sirven como medios para ejercitar, en un marco de interacción y colaboración, las habilidades que los jóvenes de hoy necesitan desarrollar para su futuro laboral en un mundo globalizado".

"Las prácticas de discusión, trabajo en grupo, retroalimentación,  interacción, involucramiento y uso del pensamiento crítico para tomar decisiones, estimulan a los estudiantes de hoy. La tecnología sería entonces el vehículo, el transporte, el cómo acceder, interactuar, y crear conocimiento."

Finalmente, es importante recordar que "la tecnología es un medio hacia un fin y que los estudiantes, los trabajadores y los ciudadanos necesitan desarrollar y aplicar un pensamiento crítico para poder resolver problemas y tomar decisiones con responsabilidad y productividad".



Los invitamos a conocer los detalles de la Presentación "Nativos Digitales", a cargo de Ana Tettner, a realizarse este 22 de febrero.








Las declaraciones de esta semana de la primera dama de EE.UU., Michelle Obama, acerca de no ser gran partidaria de que los jóvenes tengan Facebook, ha disparado en Letra Urbana una necesidad de analizar el uso que los menores dan a la Tecnología, Internet y las Redes Sociales en la actualidad, el rol de los padres y las instituciones, y el futuro que depara a estos "digital natives" en su inserción a una sociedad globalizada. 




Los números de la Inocencia Digital

Facebook sólo permite abrir cuentas a los mayores de 13 años, aunque niños más jóvenes consiguen entrar al declarar una edad superior en el momento de registrarse.

En Europa
  • Según un artículo publicado por CNN, los menores no sólo navegan en Internet utilizando computadoras personales; en Europa, 1 de cada 3 se conecta desde celulares y 1 de cada 4, mediante sus consolas de videojuegos, mientras que 6 de cada 10 cuentan con un perfil en alguna red social.
  • Un 26% de esos perfiles son completamente "públicos" (cualquier persona puede ver sus datos personales y fotografías) lo que aumenta el riesgo de convertirlos en víctimas de delitos informáticos. 
  • La mitad de los adolescentes europeos de 13 a 16 años acceden a internet desde sus dormitorios, lo que dificulta el control paterno.
  • Según una encuesta de Microsoft Ibérica a en Europa, el 75% de los menores europeos han sido contactados por un extraño y casi 4 de cada 10 jóvenes han contestado. Las cifras reflejan que, en los casos de menores a los que han escrito desconocidos, un 96% de ellos no se lo ha comunicado ni a sus padres ni a sus profesores.

En Latinoamérica
  • Los 18 países que integran la Red Iberoamericana de Protección de Datos concluyeron en su más reciente reunión, en la Ciudad de México, que compartir información sin límite alguno a través de las redes sociales es un riesgo real para niños y adolescentes.
  • En una investigación sobre los hábitos de uso de menores entre 6 y 18 años en Latinoamérica, se concluyó que Internet es una actividad prioritaria para los menores: si existe posibilidad se desarrolla en casa; si no, las cabinas públicas o los cibercafés son el mejor recurso.
  • La investigación asegura que a un alto porcentaje de jóvenes latinoamericanos lo que más les atrae es la experiencia social. Navegan solos pero también son los usuarios que más navegan con otras personas como sus amigos, sus padres o hermanos. El que los demás puedan acceder les provoca la necesidad de ingresar. 
  • En Iberoamérica se está haciendo un gran esfuerzo por incorporar la tecnología a la escuela, aunque luego, como no tienen internet en casa, navegan más en sitios públicos donde no hay ningún tipo de mediación, como cibercafés.
En países de habla inglesa
  • En EEUU los jóvenes están incrementando el uso de nuevas tecnologías. De acuerdo con datos del Internet Pew Project el 93% de los adolescentes tiene acceso a internet.
  • La organización asegura que en 2010 el 73% de los internautas jóvenes del país usaron redes sociales.
  • Los jóvenes estadounidenses aún usan más MySpace que Facebook y sólo el 8% utiliza Twitter. Mientras que en lo que se refiere a telefonía celular, el 58% de adolescentes de 12 años cuenta con un aparato.
  • En el Reino Unido los hábitos estan cambiando y las últimas investigaciones aseguran que los videojuegos en línea ya son más populares que las redes sociales. El Centro para la Seguridad en Internet asegura que el 83% de menores entre 9 y 16 años usan la red para jugar videojuegos.
  • La organización "Safe Kids" asegura que 40% de niños británicos usan internet diariamente.  

 

Adictos
a la Tecnología

El hospital Capio Nightingale de Londres ha sido noticia en estos días, en el periódico Evening Standard, por iniciar un programa de rehabilitación para niños adictos a Internet. Con tan sólo 12 años, la compulsión de estos pacientes por el uso de la tecnología es tan grave que ponen en riesgo su salud.

Esta institución del norte de Londres habría sido inundada por llamadas de padres preocupados cuyos hijos están desarrollando comportamientos compulsivos, con desórdenes del sueño y depresión a causa de su adicción. Otros síntomas de abstinencia incluyen pérdida de apetito, fatiga y aislamiento de la sociedad. 

Para el Dr. Richard Graham, experto en desórdenes infantiles y adolescentes del hospital Capio, la adicción a la tecnología es como la adicción al juego: produce una hiperestimulación de manera que el paciente se encuentra en un estado de alerta permanente; algunos de ellos son capaces de montar en cólera cuando se les pide que apaguen su computadora, al punto que se ha necesitado de intervención policíal para calmarlos. La clínica propone, en consecuencia, un tratamiento que estimula la interacción social -presencial- de los jóvenes que asisten a rehabilitación y enseña a los padres a desconectar a sus hijos sin que se cree un conflicto.

"Necesitamos guías oficiales para determinar hasta dónde llega el uso saludable de Internet ", señala Graham, a la vez que indica que los servicios de salud mental necesitan adaptarse rápidamente a los mundos cambiantes que habitan los jóvenes, y entender cuán seriamente puede incidir en sus vidas el tiempo sin regular frente a la pantalla, ya sea en línea o en un video-juego. "Hemos hallado que muchos de los servicios en la actualidad fallan en reconocer la complejidad de estas situaciones, tomando prestados antiguos modelos sobre la adicción y el abuso de substancias. Aún no hay consenso en el Reino Unido sobre si esto puede llamarse una adicción porque no existen substancias como drogas o alcohol involucradas. Esto es un gran obstáculo"

Se estima que un 10% de los 46.6 millones de internautas en el Reino Unido podrían ser adictos a la red.   


Formando usuarios inteligentes

Xavier Bringués, de la Universidad de Navarra, en España, afirma en una nota de BBC Mundo que "Estamos hablando de una tecnología inteligente del siglo XXI que necesita usuarios inteligentes". Para Bringués la red no es un caldo de crímenes ni un lugar oscuro. "Su riesgo es el mismo que otros medios como la televisión: que entre en sus vidas sin que quienes están a su alrededor tengan la conciencia de que internet será usado por un menor, que es un sujeto en formación".
Los adolescentes "están tomando cada vez más riesgos -sobre todo los usuarios más avanzados- pero también están más conscientes de lo que éstos implican. Lo que tenemos que pensar es qué factores son capaces de desactivar esos riesgos".

Para Neelie Kroes, comisaria europea de Agenda Digital, la solución es ayudar a los usuarios a utilizar la red debidamente, algo que es "una responsabilidad de los padres, profesores y de los propios niños". Esta realidad requiere también, según Kroes, "una mayor responsabilidad del sector de las tecnologías de la información y la comunicación a la hora de ofrecer productos y servicios", lo que implicaría mejorar las políticas de privacidad en redes como Facebook, que ha sido criticada por tener puntos débiles en este rubro.

Jennifer Waters, en su artículo "Ojo con los datos que comparte en las redes sociales", publicado en WSJ, nos señala que los usuarios podrían pensar que no están revelando casi nada cuando cuentan a sus amigos en Facebook que "están vistiendo a su perro, Roco, en su color favorito, el café, para un brunch en la casa de la abuela el domingo". Pero en realidad así se abre una caja de Pandora de riesgos, puesto que la información que los internautas dan voluntaria o involuntariamente a través de las redes sociales desencadena un frenesí entre ladrones, estafadores y otros criminales. Incluso detallar las actividades diarias puede permitir a los extraños conocer sus rutinas, dando a un posible acosador información sobre sus paraderos.

Una encuesta de Harris Interactive realizada en octubre para ID Analytics constató que más de 24 millones de estadounidenses de 18 años o más aún dejan sus perfiles en las redes sociales mayoritariamente públicos, esto es, sin los controles de privacidad que limitan quién puede ver sus datos personales.


El rol de los padres


Los expertos dicen que el sentido común de los padres y estar al pendiente de problemas potenciales pueden ser herramientas muy valiosas. Michael Fertik, CEO de ReputationDefender, opina que la forma más fácil de empezar es participando en la vida en línea de los hijos, por ejemplo, pidiéndoles sus contraseñas antes de darles permiso para abrir una cuenta en redes sociales como Facebook. A medida que se vuelven adolescentes, los niños se quejarán de haberla compartido, así que los padres deberán buscar la forma de hacerse sus “amigos” en esos sitios de forma discreta: Ningún adolescente quiere que su padres participen directamente en su muro de Facebook, pero un cierto monitoreo a distancia no es nada malo.



Generación "Y"
y generación "Z"

Clarita Spitz, en su artículo "Conviviendo con la Generación Y" con cierto humor piensa que "aquella conocida frase de las abuelas cada niño llega con un pan bajo el brazo podría fácilmente reemplazarse hoy en día por cada niño llega con un mouse en una mano y el control remoto en la otra".
En su clara descripción de la generación de "Baby Boomers", "X" e "Y", nos destaca que esta última está conformada por personas educadas en la cultura de la interactividad. Mientras que trabajar con sus congéneres puede plantear importantes desafíos ya que "al tratarse de la generación que se desarrolló enteramente compartiendo información personal y pública por los diversos medios disponibles, no tienen en cuenta el valor de la privacidad o la confidencialidad que a veces puede requerir un trabajo".  
¿Cómo será liderar un mundo sin muros, sin revoluciones, sin creencia en las utopías?, se pregunta Spitz. "La globalización ha creado un escenario mixto y convergente, pero que transforma los principios y complejiza la realidad. Empiezan a sentirse, además, los primeros pasos de la Generación Z, la iGeneration, los verdaderos nativos digitales."


¿Cómo educar, entonces, a los digital natives?. Quizás conozcamos la respuesta a través de Laura Patcher, que en su artículo publicado en Letra Urbana destaca que los educadores tienen la responsabilidad y obligación de conocer los alcances de los nuevos recursos así como de sus aplicaciones; también de fomentar el análisis y la evaluación de las fuentes y los contenidos.
Para Patcher, "las herramientas tecnológicas sirven como medios para ejercitar, en un marco de interacción y colaboración, las habilidades que los jóvenes de hoy necesitan desarrollar para su futuro laboral en un mundo globalizado".

"Las prácticas de discusión, trabajo en grupo, retroalimentación,  interacción, involucramiento y uso del pensamiento crítico para tomar decisiones, estimulan a los estudiantes de hoy. La tecnología sería entonces el vehículo, el transporte, el cómo acceder, interactuar, y crear conocimiento."

Finalmente, es importante recordar que "la tecnología es un medio hacia un fin y que los estudiantes, los trabajadores y los ciudadanos necesitan desarrollar y aplicar un pensamiento crítico para poder resolver problemas y tomar decisiones con responsabilidad y productividad".



Los invitamos a conocer los detalles de la Presentación "Nativos Digitales", a cargo de Ana Tettner, a realizarse este 22 de febrero.