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Inauguración de Books & Books en el Museo de Arte de Fort Lauderdale

Desde Letra Urbana celebramos y apoyamos la tarea de difusión de la cultura de Books & Books que ya es tradición en Miami y que ahora llega a Fort Lauderdale. En ocasión de la apertura se podrá asistir a una serie de eventos del día 13 al 16.


Desde Letra Urbana celebramos y apoyamos la tarea de difusión de la cultura de Books & Books que ya es tradición en Miami y que ahora llega a Fort Lauderdale. En ocasión de la apertura se podrá asistir a una serie de eventos del día 13 al 16.


Nada de Nomeacuerdo - Homenaje a María Elena Walsh

La escritora Ana Guillot rinde homenaje a María Elena Walsh.Una despedida con poesía nos emociona y nos regala un recorrido por una obra perdurable.


Ahora la veo. Manuelita está llegando, lenta aunque a paso firme. Viene de Pehuajó, ya se sabe. Desde aquel novio no ha vuelto a enamorarse y encima, ahora, su tristeza es enorme. No hay pañuelo que alcance ni barniz que disimule sus ojeras, su cara arrugadísima. Usa la cinta de Jacinta, la mona, para secarse los mocos. Y, aún así, no hay manera.
Adentro, en el corazón de la cosa, están los demás: la Vaca que, de tanto estudiar, ya es médica y ayuda al Doctor del cuatrimotor a dar vacunas; Mono Liso con su Naranja a cuestas (no la deja en el piso, no vaya a ser que se le escape otra vez); los Gatos (que viajaron, obviamente, desde Tucumán); la Pájara Pinta; la Familia Polillal. Llora Osías, osito sensible si los hay; y la Reina Batata se abatata y tose como nunca (que es también una manera de llorar).
-Ahora sí que el mundo está del revés- murmura el Perro Salchicha (gordo y con sombrero de marinero). -La gente como ella no debería morir.

Seguir leyendo la nota completa en Letra Urbana
La escritora Ana Guillot rinde homenaje a María Elena Walsh.Una despedida con poesía nos emociona y nos regala un recorrido por una obra perdurable.


Ahora la veo. Manuelita está llegando, lenta aunque a paso firme. Viene de Pehuajó, ya se sabe. Desde aquel novio no ha vuelto a enamorarse y encima, ahora, su tristeza es enorme. No hay pañuelo que alcance ni barniz que disimule sus ojeras, su cara arrugadísima. Usa la cinta de Jacinta, la mona, para secarse los mocos. Y, aún así, no hay manera.
Adentro, en el corazón de la cosa, están los demás: la Vaca que, de tanto estudiar, ya es médica y ayuda al Doctor del cuatrimotor a dar vacunas; Mono Liso con su Naranja a cuestas (no la deja en el piso, no vaya a ser que se le escape otra vez); los Gatos (que viajaron, obviamente, desde Tucumán); la Pájara Pinta; la Familia Polillal. Llora Osías, osito sensible si los hay; y la Reina Batata se abatata y tose como nunca (que es también una manera de llorar).
-Ahora sí que el mundo está del revés- murmura el Perro Salchicha (gordo y con sombrero de marinero). -La gente como ella no debería morir.

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Tiempos Violentos

La matanza en Tucson y los avances en el caso donde la fiscal pide pena de muerte ha dado pie a nuevos análisis sobre la violencia que acecha a las sociedades. Desde Letra Urbana, aportamos diferentes abordamientos de la temática que intentan dilucidar causas y soluciones. 


En la nota publicada por The New York Times "A Flood Tide of Murder", Bob Herbert advierte sobre la retórica del odio en el discurso político como uno de los posibles causantes de la violencia cotidiana además de la indiferencia por parte del público. Tanto es así que asombra su frase "Homicide is white noise in this society" (el homicidio es ruido blanco* en esta sociedad) .

Para Herbert, si la sociedad norteamericana realmente quisiera parar con todas las matanzas, debería hacer dos cosas: restringir radicalmente la disponibilidad de armas y, al mismo tiempo, empezar el arduo trabajo de cambiar una cultura que glorifica y adopta a la violencia como entretenimiento, viendo a la misma como una respuesta adecuada y efectiva a las cosas que molestan.

La mayor preocupación, indica el autor, radica en que ningún caso de asesinatos provoca cambios reales para remediarlos. "Sea cual fuere la razón, ni al público ni a los políticos parece interesarles cuántos norteamericanos son asesinados -a menos que sea en un ataque terrorista perpetrado por extranjeros." Al parecer, las dos respuestas frecuentes a la violencia en los Estados Unidos son ignorarla o entretenerse con ella.

El Señor de las Moscas, la obra escrita por Golding en 1954, suelta toda su vigencia en el siglo XXI. La convivencia de un grupo de niños en una isla, relanza la pregunta: ¿La crueldad, la violencia el afán de destrucción tienen su raíz en la sociedad en la que vive el hombre, o responden a la inclinación al mal propia de la raza humana? Si aun en esas condiciones los niños supieron construir un orden de convivencia y de creencias sostenido en la ley y el uso de la palabra, ¿por qué triunfa aplastante el eje del mal? El amor, el odio, la compasión y la violencia son analizados por Liliana Lindenbaum a través de este relevante análisis hecho por quien sabe internarse en los laberintos de la subjetividad, a la luz de un núcleo de horror como fantasma común, como la humanidad que nos une.

Lea la nota completa de Liliana Lindenbaum, El Señor de las Moscas, en Letra Urbana

También puede interesarle:


*ruido blanco: ruido con la misma energía (amplitud de onda) en todos los tonos que lo componen. Los ruidos blancos utilizados en la experimentación psicológica suenan como las conocidas "chicharra" del estío. Usado como metáfora, alude a un estímulo de bajo nivel, al cual su receptor se ha acostumbrado al punto de no notarlo.


La matanza en Tucson y los avances en el caso donde la fiscal pide pena de muerte ha dado pie a nuevos análisis sobre la violencia que acecha a las sociedades. Desde Letra Urbana, aportamos diferentes abordamientos de la temática que intentan dilucidar causas y soluciones. 


En la nota publicada por The New York Times "A Flood Tide of Murder", Bob Herbert advierte sobre la retórica del odio en el discurso político como uno de los posibles causantes de la violencia cotidiana además de la indiferencia por parte del público. Tanto es así que asombra su frase "Homicide is white noise in this society" (el homicidio es ruido blanco* en esta sociedad) .

Para Herbert, si la sociedad norteamericana realmente quisiera parar con todas las matanzas, debería hacer dos cosas: restringir radicalmente la disponibilidad de armas y, al mismo tiempo, empezar el arduo trabajo de cambiar una cultura que glorifica y adopta a la violencia como entretenimiento, viendo a la misma como una respuesta adecuada y efectiva a las cosas que molestan.

La mayor preocupación, indica el autor, radica en que ningún caso de asesinatos provoca cambios reales para remediarlos. "Sea cual fuere la razón, ni al público ni a los políticos parece interesarles cuántos norteamericanos son asesinados -a menos que sea en un ataque terrorista perpetrado por extranjeros." Al parecer, las dos respuestas frecuentes a la violencia en los Estados Unidos son ignorarla o entretenerse con ella.

El Señor de las Moscas, la obra escrita por Golding en 1954, suelta toda su vigencia en el siglo XXI. La convivencia de un grupo de niños en una isla, relanza la pregunta: ¿La crueldad, la violencia el afán de destrucción tienen su raíz en la sociedad en la que vive el hombre, o responden a la inclinación al mal propia de la raza humana? Si aun en esas condiciones los niños supieron construir un orden de convivencia y de creencias sostenido en la ley y el uso de la palabra, ¿por qué triunfa aplastante el eje del mal? El amor, el odio, la compasión y la violencia son analizados por Liliana Lindenbaum a través de este relevante análisis hecho por quien sabe internarse en los laberintos de la subjetividad, a la luz de un núcleo de horror como fantasma común, como la humanidad que nos une.

Lea la nota completa de Liliana Lindenbaum, El Señor de las Moscas, en Letra Urbana

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*ruido blanco: ruido con la misma energía (amplitud de onda) en todos los tonos que lo componen. Los ruidos blancos utilizados en la experimentación psicológica suenan como las conocidas "chicharra" del estío. Usado como metáfora, alude a un estímulo de bajo nivel, al cual su receptor se ha acostumbrado al punto de no notarlo.