La matanza en Tucson y los avances en el caso donde la fiscal pide pena de muerte ha dado pie a nuevos análisis sobre la violencia que acecha a las sociedades. Desde Letra Urbana, aportamos diferentes abordamientos de la temática que intentan dilucidar causas y soluciones.
En la nota publicada por The New York Times "A Flood Tide of Murder", Bob Herbert advierte sobre la retórica del odio en el discurso político como uno de los posibles causantes de la violencia cotidiana además de la indiferencia por parte del público. Tanto es así que asombra su frase "Homicide is white noise in this society" (el homicidio es ruido blanco* en esta sociedad) .
Para Herbert, si la sociedad norteamericana realmente quisiera parar con todas las matanzas, debería hacer dos cosas: restringir radicalmente la disponibilidad de armas y, al mismo tiempo, empezar el arduo trabajo de cambiar una cultura que glorifica y adopta a la violencia como entretenimiento, viendo a la misma como una respuesta adecuada y efectiva a las cosas que molestan.
La mayor preocupación, indica el autor, radica en que ningún caso de asesinatos provoca cambios reales para remediarlos. "Sea cual fuere la razón, ni al público ni a los políticos parece interesarles cuántos norteamericanos son asesinados -a menos que sea en un ataque terrorista perpetrado por extranjeros." Al parecer, las dos respuestas frecuentes a la violencia en los Estados Unidos son ignorarla o entretenerse con ella.
Lea la nota completa de Liliana Lindenbaum, El Señor de las Moscas, en Letra Urbana
También puede interesarle:
*ruido blanco: ruido con la misma energía (amplitud de onda) en todos los tonos que lo componen. Los ruidos blancos utilizados en la experimentación psicológica suenan como las conocidas "chicharra" del estío. Usado como metáfora, alude a un estímulo de bajo nivel, al cual su receptor se ha acostumbrado al punto de no notarlo.
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Para Herbert, si la sociedad norteamericana realmente quisiera parar con todas las matanzas, debería hacer dos cosas: restringir radicalmente la disponibilidad de armas y, al mismo tiempo, empezar el arduo trabajo de cambiar una cultura que glorifica y adopta a la violencia como entretenimiento, viendo a la misma como una respuesta adecuada y efectiva a las cosas que molestan.
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