"MALAGA, paraíso perdido"


He leído "Málaga, paraíso perdido" con interés, aprecio éste trabajo de Antonio Soler.

Me adhiero totalmente a la crítica de Jesús Aguado publicada en la Opinión de Málaga:

JESÚS AGUADO

Durante unas cuantas décadas del siglo XIX parecía que Málaga, con una floreciente industria siderúrgica y textil, entonces sólo superada por la de Barcelona, y con un campo que exportaba sus productos incluso a Norteamérica, iba a comerse el mundo. Fue entonces cuando familias como los Heredia, los Larios, los Loring o los Grund alzaron fábricas, hornos, empresas de exportación, bancos, periódicos o centros culturales. Pero ese sueño de grandeza personal y colectiva duraría poco: una serie de desastres, que se sumaban a la fuerte inestabilidad política que imperaba en España, convirtieron en ruinas lo que podrían haber sido las bases de una sociedad más justa y próspera. Problemas con materias primas como el carbón o el hierro, la cada vez mayor competencia de otras provincias, terremotos como los de 1884, epidemias de cólera como la de 1885, heladas como las de primeros del XX, el desbordamiento del Guadalmedina a su paso por el centro de la ciudad en 1907, o la sangría de hombres de la guerra de Marruecos acabaron de rematar una economía brutalmente mermada a causa de la filoxera, una plaga de insectos que destrozó el 93 por ciento de los viñedos malagueños en la década de 1880.

Antonio Soler, con esa prosa hipnótica y tensada al máximo que saca chispas al lenguaje y a las ideas a la que nos tiene acostumbrados, la prosa de un poeta metido a herrero, cuenta esto y muchas más cosas en Málaga, paraíso perdido, un libro publicado por la Fundación José Manuel Lara. Un libro de historia que se lee como una novela: la de la Málaga que pudo haber sido y no fue. Un libro, además, y sobre todo, que es una denuncia de lo que él denomina el lado oscuro del progreso (esa miserable explotación de los obreros a manos de la oligarquía egoísta y feudal) y un relato pormenorizado, y apasionado, del surgimiento de los ideales republicanos y de los partidos de izquierdas y, al amparo de ellos o de manera espontánea, de las luchas de los obreros por mejorar sus condiciones de vida. Esa fue una época, como dice Soler, para la santidad laica y para los heroísmos anónimos, como los de las huelgas, manifestaciones (algunas protagonizadas sólo por mujeres y niños) y alzamientos, algunos trágicos como el de 1908, que estallaron por diversos motivos como el encarecimiento de los productos básicos o los frecuentes abusos de poder de todo tipo.

Antonio Soler ha escrito un libro extraordinario y necesario que cuenta un siglo de la historia de Málaga, desde el primer tercio del XIX hasta el estallido en 1936 de la Guerra Civil, con rigor y gran literatura, algo que reluce de manera especial cuando narra sucesos como el de la fragata de guerra alemana Gneisenau (cuando naufragó a la altura de Málaga muchos malagueños arriesgaron y perdieron su vida para rescatar al máximo de supervivientes posible), los efectos del desastre de Annual en nuestra ciudad (que se llenó de mutilados y de relatos de horror), los incidentes de Benagalbón de 1914 contra el fraude electoral (entonces un mal endémico del que se beneficiaban los partidos conservadores), la feroz hipocresía de ese Premio a la Desgracia que en 1860 instituyeron los ricos para ayudar a los pobres mofándose de ellos, o las distintas etapas del desarrollo urbano de Málaga (la calle Larios, la ampliación del puerto…). Un libro de ética y de política además de historia que no estaría mal que todos leyéramos con atención antes de las próximas elecciones de mayo.

He leído "Málaga, paraíso perdido" con interés, aprecio éste trabajo de Antonio Soler.

Me adhiero totalmente a la crítica de Jesús Aguado publicada en la Opinión de Málaga:

JESÚS AGUADO

Durante unas cuantas décadas del siglo XIX parecía que Málaga, con una floreciente industria siderúrgica y textil, entonces sólo superada por la de Barcelona, y con un campo que exportaba sus productos incluso a Norteamérica, iba a comerse el mundo. Fue entonces cuando familias como los Heredia, los Larios, los Loring o los Grund alzaron fábricas, hornos, empresas de exportación, bancos, periódicos o centros culturales. Pero ese sueño de grandeza personal y colectiva duraría poco: una serie de desastres, que se sumaban a la fuerte inestabilidad política que imperaba en España, convirtieron en ruinas lo que podrían haber sido las bases de una sociedad más justa y próspera. Problemas con materias primas como el carbón o el hierro, la cada vez mayor competencia de otras provincias, terremotos como los de 1884, epidemias de cólera como la de 1885, heladas como las de primeros del XX, el desbordamiento del Guadalmedina a su paso por el centro de la ciudad en 1907, o la sangría de hombres de la guerra de Marruecos acabaron de rematar una economía brutalmente mermada a causa de la filoxera, una plaga de insectos que destrozó el 93 por ciento de los viñedos malagueños en la década de 1880.

Antonio Soler, con esa prosa hipnótica y tensada al máximo que saca chispas al lenguaje y a las ideas a la que nos tiene acostumbrados, la prosa de un poeta metido a herrero, cuenta esto y muchas más cosas en Málaga, paraíso perdido, un libro publicado por la Fundación José Manuel Lara. Un libro de historia que se lee como una novela: la de la Málaga que pudo haber sido y no fue. Un libro, además, y sobre todo, que es una denuncia de lo que él denomina el lado oscuro del progreso (esa miserable explotación de los obreros a manos de la oligarquía egoísta y feudal) y un relato pormenorizado, y apasionado, del surgimiento de los ideales republicanos y de los partidos de izquierdas y, al amparo de ellos o de manera espontánea, de las luchas de los obreros por mejorar sus condiciones de vida. Esa fue una época, como dice Soler, para la santidad laica y para los heroísmos anónimos, como los de las huelgas, manifestaciones (algunas protagonizadas sólo por mujeres y niños) y alzamientos, algunos trágicos como el de 1908, que estallaron por diversos motivos como el encarecimiento de los productos básicos o los frecuentes abusos de poder de todo tipo.

Antonio Soler ha escrito un libro extraordinario y necesario que cuenta un siglo de la historia de Málaga, desde el primer tercio del XIX hasta el estallido en 1936 de la Guerra Civil, con rigor y gran literatura, algo que reluce de manera especial cuando narra sucesos como el de la fragata de guerra alemana Gneisenau (cuando naufragó a la altura de Málaga muchos malagueños arriesgaron y perdieron su vida para rescatar al máximo de supervivientes posible), los efectos del desastre de Annual en nuestra ciudad (que se llenó de mutilados y de relatos de horror), los incidentes de Benagalbón de 1914 contra el fraude electoral (entonces un mal endémico del que se beneficiaban los partidos conservadores), la feroz hipocresía de ese Premio a la Desgracia que en 1860 instituyeron los ricos para ayudar a los pobres mofándose de ellos, o las distintas etapas del desarrollo urbano de Málaga (la calle Larios, la ampliación del puerto…). Un libro de ética y de política además de historia que no estaría mal que todos leyéramos con atención antes de las próximas elecciones de mayo.