¿Cuál es la verdadera senda espiritual?

Hay seres humanos que no estando conformes o satisfechos con sus vidas personales intentan caminar por el sendero de la espiritualidad, encontrar su verdadero ser, abrir su conciencia universal, iluminarse o simplemente comprender lo que son de tal forma que dicha comprensión sea ya de por sí una liberación a tanto conflicto, confusión e ignorancia.

Parece obvio a simple vista que el camino de la espiritualidad no va a ser un camino de conocimiento porque si así fuera entonces se podría enseñar cómo se enseña a freír un huevo, a tocar el piano o a hablar un idioma. De hecho dicho camino no se sabe a dónde conduce, no se sabe que hay al final del mismo, y por lo tanto no puede ser un logro como tal. Si nosotros sabemos lo que hay al final y tratamos de conseguirlo, entonces ese no es un camino espiritual sino un camino egocéntrico.

Sin embargo y siendo honestos deberíamos decir que gran parte, por no decir casi todo, de los movimientos o escuelas espirituales se basan en el camino hacia un logro, en el conocimiento de dogmas, rituales, oraciones, mantras, formas de vestir, lugares donde reunirse, libros que leer, personas con las que juntarse, etc.

Las personas intentan tener una experiencia espiritual a través de las palabras que otros les han indicado o intentan conseguir algún tipo de estado mental a través de alguna práctica como el yoga, la meditación, la oración o la lectura de libros. Todo ello (experiencia, práctica, disciplina, dedicación, logro) suena a puro conocimiento, aunque en este caso se llame espiritual, y debemos ser claros y precisos en este asunto tan delicado pues el camino espiritual no es un camino de conocimiento, aunque también se llame del conocimiento de uno mismo, sino que es más bien un camino de percepción y un camino de observación.

Solo hay un camino espiritual, solo hay un espíritu, solo hay una verdad. Cada ser humano puede caminar por una única senda espiritual que le conduce a la verdad y dicha senda espiritual está impregnada de soledad, de una soledad que va siendo más y más profunda en la medida en que se observa. Existen multitud de sendas que fluyen en un único camino espiritual que es el espíritu mismo del amor a la verdad.

Hay millones de formas de escapar de nuestra senda espiritual y solo una forma autentica de encararla. Es una senda que requiere libertad para ser andada y en este caso la libertad no se encuentra al final o en mitad del camino sino al principio del mismo, porque si no se es libre para mirar entonces siempre estaremos viendo lo que proyectamos. Libres para mirar nuestras cadenas, libres para cuestionar nuestras verdades u opiniones, libres para cuestionar nuestros temores y más profundos deseos, libres para ser honestos. La libertad ya es el principio de la soledad, y ello a su vez es una manifestación de la belleza.

Para caminar por nuestra senda espiritual no es necesario pertenecer a un grupo determinado, no es necesario conocer o visitar lugares santos, no es necesario orar o alabar a seres espirituales, no es necesario dejar lo que estamos haciendo o renunciar a nuestras relaciones, cambiar nuestra forma de vivir y empezar en un nuevo lugar de una forma nueva. Todo ello son formas de autoengaño.

Para caminar por nuestra senda espiritual es necesario comprender lo que somos en el espejo de la relación. Por ello la observación o la meditación han de ser vividas desde lo cotidiano, en el seno familiar, con los vecinos, en el trabajo o caminando solos por el monte y no es exclusivo de lugares preciosos con olor a incienso y cómodos cojines donde más bien se dificulta la verdadera meditación.

Si queremos caminar por esa senda espiritual hemos de desprendernos de todo conocimiento espiritual o psicológico y dar lugar a percibir todo aquello que la vida nos muestra en el camino a la verdad.

La verdadera senda espiritual comienza cuando el discípulo encuentra a su maestro, a ese maestro que hay en uno mismo.

Hay seres humanos que no estando conformes o satisfechos con sus vidas personales intentan caminar por el sendero de la espiritualidad, encontrar su verdadero ser, abrir su conciencia universal, iluminarse o simplemente comprender lo que son de tal forma que dicha comprensión sea ya de por sí una liberación a tanto conflicto, confusión e ignorancia.

Parece obvio a simple vista que el camino de la espiritualidad no va a ser un camino de conocimiento porque si así fuera entonces se podría enseñar cómo se enseña a freír un huevo, a tocar el piano o a hablar un idioma. De hecho dicho camino no se sabe a dónde conduce, no se sabe que hay al final del mismo, y por lo tanto no puede ser un logro como tal. Si nosotros sabemos lo que hay al final y tratamos de conseguirlo, entonces ese no es un camino espiritual sino un camino egocéntrico.

Sin embargo y siendo honestos deberíamos decir que gran parte, por no decir casi todo, de los movimientos o escuelas espirituales se basan en el camino hacia un logro, en el conocimiento de dogmas, rituales, oraciones, mantras, formas de vestir, lugares donde reunirse, libros que leer, personas con las que juntarse, etc.

Las personas intentan tener una experiencia espiritual a través de las palabras que otros les han indicado o intentan conseguir algún tipo de estado mental a través de alguna práctica como el yoga, la meditación, la oración o la lectura de libros. Todo ello (experiencia, práctica, disciplina, dedicación, logro) suena a puro conocimiento, aunque en este caso se llame espiritual, y debemos ser claros y precisos en este asunto tan delicado pues el camino espiritual no es un camino de conocimiento, aunque también se llame del conocimiento de uno mismo, sino que es más bien un camino de percepción y un camino de observación.

Solo hay un camino espiritual, solo hay un espíritu, solo hay una verdad. Cada ser humano puede caminar por una única senda espiritual que le conduce a la verdad y dicha senda espiritual está impregnada de soledad, de una soledad que va siendo más y más profunda en la medida en que se observa. Existen multitud de sendas que fluyen en un único camino espiritual que es el espíritu mismo del amor a la verdad.

Hay millones de formas de escapar de nuestra senda espiritual y solo una forma autentica de encararla. Es una senda que requiere libertad para ser andada y en este caso la libertad no se encuentra al final o en mitad del camino sino al principio del mismo, porque si no se es libre para mirar entonces siempre estaremos viendo lo que proyectamos. Libres para mirar nuestras cadenas, libres para cuestionar nuestras verdades u opiniones, libres para cuestionar nuestros temores y más profundos deseos, libres para ser honestos. La libertad ya es el principio de la soledad, y ello a su vez es una manifestación de la belleza.

Para caminar por nuestra senda espiritual no es necesario pertenecer a un grupo determinado, no es necesario conocer o visitar lugares santos, no es necesario orar o alabar a seres espirituales, no es necesario dejar lo que estamos haciendo o renunciar a nuestras relaciones, cambiar nuestra forma de vivir y empezar en un nuevo lugar de una forma nueva. Todo ello son formas de autoengaño.

Para caminar por nuestra senda espiritual es necesario comprender lo que somos en el espejo de la relación. Por ello la observación o la meditación han de ser vividas desde lo cotidiano, en el seno familiar, con los vecinos, en el trabajo o caminando solos por el monte y no es exclusivo de lugares preciosos con olor a incienso y cómodos cojines donde más bien se dificulta la verdadera meditación.

Si queremos caminar por esa senda espiritual hemos de desprendernos de todo conocimiento espiritual o psicológico y dar lugar a percibir todo aquello que la vida nos muestra en el camino a la verdad.

La verdadera senda espiritual comienza cuando el discípulo encuentra a su maestro, a ese maestro que hay en uno mismo.