Este fin de semana pasado he estado en un encuentro entre amigos de Krishnamurti, organizado por personas de Bilbao en la Casa de Espiritualidad María Reparadora en un lugar encantador rodeado de grandes avenidas ajardinadas y un paseo marítimo lleno de frescor y hermosura.
El tema elegido para dialogar fue la relación y el conflicto, asunto que tratamos con bastante acierto pues enseguida vimos y vivenciamos como nosotros mismos somos quienes con nuestro pensamiento creamos y alimentamos el conflicto al no admitir los problemas que surgen en nuestra vida queriendo cambiarlos sin ni siquiera comprenderlos. Vimos interesante distinguir que un problema es algo que surge y que necesita ser comprendido y que un conflicto es un problema que no admitimos y que queremos cambiarlo o eliminarlo, lo cual supone un gran derroche de energía porque lo que hace es agravar el problema.
Otro aspecto que tratamos fue sobre esos recuerdos del pasado llenos de belleza o gozo que nos gustaría volver a tener y nos dimos cuenta que el deseo de volver a tenerlos es lo que impide ese gozo y belleza del vivir en el presente.
También tuvimos nuestros momentos de enfrentamiento, de ira, de emoción, cuando defendíamos nuestras ideas en contraposición a las de otros. Uno de esos momentos fue cuando pensamos que en el grupo de diálogo había personas con una mayor sabiduría que pueden ayudarnos a comprender. En ese sentido algunos expresamos que da igual escuchar una verdad o una falsedad si no somos capaces de percibir y darnos cuenta de que hay verdades falsas y falsedades con tintes de verdad.
También se habló del silencio y de la necesidad de hacer momentos de silencio y mientras unos pensaban que el silencio provocado no es silencio verdadero, otros pensaban que el silencio servía para calmarnos y ponernos en una disposición mejor para el diálogo. Se habló de un silencio entre dos sonidos, entre dos pensamientos, del silencio donde surge la palabra y del silencio que es la comprensión del pensamiento.
Una de las investigaciones que más dio lugar a profundizar durante algo mas de dos horas fue sobre la relación entre el pensamiento y el cuerpo. Pudimos ver como el pensamiento está continuamente dañando el cuerpo con sus ideas, incluso con esas ideas de sanarlo a través de medicamentos y como el cuerpo a pesar de todo está continuamente sanándose. Cuestionamos que era un cuerpo libre de pensamiento y sentimos que el cuerpo no solo tiene una inteligencia ilimitada sino que trasciende más allá de la idea que tenemos de él.
Otra de las preguntas que surgieron fue ¿qué es lo que tenemos que hacer, para que estamos en esta vida, quienes somos?, y nos dimos cuenta con bastante claridad que todas esas preguntas surgen del pensamiento, son puro pensamiento en su intento de sobrevivir y que más allá del pensamiento todo cobra el verdadero sentido sin necesidad de racionalizarlo.
Tuvimos la oportunidad de hablar con las monjitas y fue curioso sentir esa inteligencia y esa bondad de la que habla K.
El encuentro estuvo lleno sorpresas, de afecto, de emociones, de profundos silencios, de risas y lágrimas, de paseos por el mar, de abrazos, de momentos de luz y de sombras.
Solo queda dar las gracias por todo ello.
Este fin de semana pasado he estado en un encuentro entre amigos de Krishnamurti, organizado por personas de Bilbao en la Casa de Espiritualidad María Reparadora en un lugar encantador rodeado de grandes avenidas ajardinadas y un paseo marítimo lleno de frescor y hermosura.
El tema elegido para dialogar fue la relación y el conflicto, asunto que tratamos con bastante acierto pues enseguida vimos y vivenciamos como nosotros mismos somos quienes con nuestro pensamiento creamos y alimentamos el conflicto al no admitir los problemas que surgen en nuestra vida queriendo cambiarlos sin ni siquiera comprenderlos. Vimos interesante distinguir que un problema es algo que surge y que necesita ser comprendido y que un conflicto es un problema que no admitimos y que queremos cambiarlo o eliminarlo, lo cual supone un gran derroche de energía porque lo que hace es agravar el problema.
Otro aspecto que tratamos fue sobre esos recuerdos del pasado llenos de belleza o gozo que nos gustaría volver a tener y nos dimos cuenta que el deseo de volver a tenerlos es lo que impide ese gozo y belleza del vivir en el presente.
También tuvimos nuestros momentos de enfrentamiento, de ira, de emoción, cuando defendíamos nuestras ideas en contraposición a las de otros. Uno de esos momentos fue cuando pensamos que en el grupo de diálogo había personas con una mayor sabiduría que pueden ayudarnos a comprender. En ese sentido algunos expresamos que da igual escuchar una verdad o una falsedad si no somos capaces de percibir y darnos cuenta de que hay verdades falsas y falsedades con tintes de verdad.
También se habló del silencio y de la necesidad de hacer momentos de silencio y mientras unos pensaban que el silencio provocado no es silencio verdadero, otros pensaban que el silencio servía para calmarnos y ponernos en una disposición mejor para el diálogo. Se habló de un silencio entre dos sonidos, entre dos pensamientos, del silencio donde surge la palabra y del silencio que es la comprensión del pensamiento.
Una de las investigaciones que más dio lugar a profundizar durante algo mas de dos horas fue sobre la relación entre el pensamiento y el cuerpo. Pudimos ver como el pensamiento está continuamente dañando el cuerpo con sus ideas, incluso con esas ideas de sanarlo a través de medicamentos y como el cuerpo a pesar de todo está continuamente sanándose. Cuestionamos que era un cuerpo libre de pensamiento y sentimos que el cuerpo no solo tiene una inteligencia ilimitada sino que trasciende más allá de la idea que tenemos de él.
Otra de las preguntas que surgieron fue ¿qué es lo que tenemos que hacer, para que estamos en esta vida, quienes somos?, y nos dimos cuenta con bastante claridad que todas esas preguntas surgen del pensamiento, son puro pensamiento en su intento de sobrevivir y que más allá del pensamiento todo cobra el verdadero sentido sin necesidad de racionalizarlo.
Tuvimos la oportunidad de hablar con las monjitas y fue curioso sentir esa inteligencia y esa bondad de la que habla K.
El encuentro estuvo lleno sorpresas, de afecto, de emociones, de profundos silencios, de risas y lágrimas, de paseos por el mar, de abrazos, de momentos de luz y de sombras.
Solo queda dar las gracias por todo ello.