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La Merkabah o Visión del Carro de Ezequiel 2da parte.




 

La Visión del Carro de Ezequiel


Ezequiel describe la Mercaba o visión del carro, que contiene la idea de equilibrio, en varios capítulos. En el décimo es transportado a Jerusalén con la visión aclarando lo
que había visto en otras visiones y sustituye el término “hayyot” por querubín:
“Ese era el animal que vi debajo del Dios de Israel en río Kebar y conocí que
eran querubines” (Cap. X, 20).


También aclara en esa visión que los ofanim (plural de ofan = rueda), son esféricos: “En cuanto que a los ofanim les fue gritado en mi oído: ¡OH esfera!” (versículo 13). En esta segunda descripción
también habla de carne y costillas, de manos y alas. Sin embargo, no se le
atribuye forma. Según la segunda visión las “hayyot” son uno solo, mientras que
los ofanim, aún siendo cuatro, se les llama “una rueda sobre la tierra” (vers.
15).


En el Tárgum de Jonatan se traduce “ofan” por “gilgal” que quiere decir esfera. En resumen, Ezequiel vio las “hayyot”, las ruedas u ofanim y el hombre que estaba encima de las ruedas que simboliza la
inteligencia. Describe un color ámbar como “fuego dentro de fuego”.


Para entender la visión de Ezequiel hay que recurrir a Guía para Descarriados de Maimónides, aunque también podemos recurrir a varios cabalistas que centran su estudio en estos aspectos del
equilibrio de la creación. Digamos que los cabalistas estudian la creación en
el Génesis y el equilibrio de la misma en Ezequiel. La visión del carro o Mercaba
se traduce por equilibrio. Maimónides por su parte, describe la misma visión de
Ezequiel: Las cuatro caras son rostros humanos de rasgos diferentes: “Y la
figura de sus rostros eran rostro de hombre y rostro de león a la parte derecha
de los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro. Así mismo había
en los cuatro rostros de águila”. Describe el profeta un rostro humano que
tiende a las formas de las especies mencionadas. Por eso dice el profeta en el
versículo 5: “Y en medio de ella, figura de cuatro animales...” Los cuatro
animales son las “hayyot” (Ez. I,10).


Hayyot y Ofanim parece indicar la creación con múltiples formas y colores. Ambos se hayan en la visión del carro y su interpretación en la profecía de Ezequiel nos sugiere un animal simbólico o
ángel “Como rueda en medio de rueda, cubierto de ojos” (vers. 16).

Ahora podríamos establecer un árbol de la vida en forma circular como ruedas dentro de rueda, es decir, colocando los diez sefirotes dentro de una gran burbuja.
















Pero la visión del carro, al hablarnos de cuatro ruedas, también nos está indicando los cuatro niveles de la creación desde el mundo arquetípico hasta
aquel que hemos llamado la función de la cosa. Es decir, se está refiriendo a
que la creación se establece en cuatro niveles: Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah
(Emanación, Creación, Formación y Acción o función de lo creado).





Los cuatro círculos habría que imaginárselos concatenados y no aislados uno del otro. En cada uno de ellos podemos inscribir un árbol de la vida donde
el Malkuth del primero es el Kether del segundo. El Malkuth del segundo es el
Kether del tercero y el Malkuth del
tercero es el Kether del cuarto. De manera que todos los sefirotes son dadores
y receptores, menos el Malkuth del cuarto que es solo receptor.

De la misma forma se estructura el hombre, de ahí sus cuatro nombres: Adam, Geber, Enoch e Ish. De manera que Ezequiel comienza su Visión del Carro de IHVH de manera similar al Génesis cambiando lo de “un viento de Dios sobre
las aguas”, por “vi un viento huracanado
que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante…” “Había en el centro
como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma
humana, cuatro caras….” Más adelante dice que las ruedas avanzaban en cuatro
direcciones a medida que avanzaban los seres y cuando los seres se elevaban del
suelo, las ruedas se elevaban también. La mejor referencia de forma humana la
encontramos en el 1,26: “Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas,
había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, por encima, en lo más
alto, una figura de apariencia humana”.

La Mercaba o carro de IHVH se puede estudiar en un doble sentido o doble dirección. Por un lado lo vemos como la creación desde sus orígenes hasta la constitución del Trono de Dios o Malkuth. También lo podemos
ver como una oportunidad de ascenso desde Malkuth hasta la esfera más alta.
Bajo este aspecto, la Mercaba está ligada al mito del Golem que aún hoy
practican los judíos del este de Europa pero que ha sido mal interpretado. La
tradición del Golem se refiere a la creación de una figura de barro que se
constituye en el guardián del hogar. Una vez al año se fabrica esta figura y se
le inscribe en la frente el nombre “emet” (verdad). Luego se le alimenta
diariamente con los pensamientos del creador o señor de la casa. La figura,
alimentada con los pensamientos, crece desmesuradamente hasta alcanzar una
altura peligrosa para el propio creador. Por eso, el señor de la casa borra la
letra “e” (alef) del nombre antes de que se vuelva demasiado grande. Una vez
borrada la alef, se leerá “met” que quiere decir muerte. De esa forma se destruye el Golem antes de
que éste aplaste al creador. Al año siguiente se construirá de nuevo repitiendo
todo el proceso.


Lo anterior hay que verlo en relación a que nosotros, con nuestros pensamientos, nos creamos a nosotros mismos, pero si no tenemos cuidado con lo que pensamos, seremos destruidos por nuestros propios pensamientos. Este es el
verdadero sentido místico de la tradición, pero algunos han querido ver que una
parte de la cábala se dedica a construir hombres en el sentido literal del
término. Los rituales de creación de la Mercaba están estrechamente
relacionados con el ritual del Golem, de manera que la visión del carro de
Ezequiel que habla de la creación del universo, ha creado una doctrina de
creación de uno mismo en el sentido de que teniendo el pensamiento puesto en
Dios y en las cosas divinas uno tiene la oportunidad de despertar
autoconciencia.


No obstante lo anterior, la visión del carro de Ezequiel nos está hablando de las fuerzas de la creación o ángeles. Para entender al profeta hay que leer la obra de un filósofo posterior, el aludido Maimónides. En relación
al conocimiento y a las creencias vanas y referido a los ángeles, en “Guía para
Descarriados” dice este autor: “Decís a
una persona, que se cuenta entre los Sabios de Israel, que el Todopoderoso
envía Su ángel para que penetre en el vientre de la mujer y forme un ser, y
aquél se complace y satisface del relato; lo creerá a pies juntillas y aún le
parecerá una muestra del poder, majestad y sabiduría de Dios. Aún estando
convencido de que el ángel está hecho de fuego ardiente, y que es tan grande
como la tercera parte del Universo, no hará objeciones al milagro divino. Pero
decidle que Dios dio a la semilla el poder informativo que engendra y moldea
los miembros, y que este poder se llama <ángel>, o que todas las formas
se producen por el influjo del Entendimiento Activo, que es otro nombre del
ángel, del príncipe del mundo al que frecuentemente aluden los sabios, y os
mandará con cajas destempladas; porque no acierta a comprender la verdadera grandeza y poder de
las fuerzas creadoras que actúan en el cuerpo sin que la perciban nuestros
sentidos. Nuestros sabios han declarado ya, para quien quiera entenderlo que
todas las fuerzas que moran en un cuerpo son ángeles, cuanto más los poderes
activos del universo”.


Ezequiel habla de un gran cuerpo unido a la tierra y formado igualmente de cuatro cuerpos y con cuatro rostros. No describe la forma de los rostros sino que estaban cubiertos de ojos. Estos cuerpos son los ofannim (plural de
ofann = rueda). Los ojos se pueden entender como múltiples colores, pues la
palabra “ayin” tiene un doble sentido: ojo y color. Maimónides dice que es
posible que “ayin” también signifique un cuerpo lleno de apariencias de muchas
cosas.


En la segunda visión de Ezequiel, el profeta sustituye el término “hayyot” (motor o movedor) por el de “querubín”, con lo cual, lo que mueve la creación se entendería como los ángeles. En esta segunda visión podemos entender que los
querubines son el motor de las esferas de la creación. Las cuatros ruedas se
entrecruzan como si fueran una sola rueda. En el Tárgum de Jonatan, hijo de
Uriel, se dice que tales ruedas significan los cielos.

Los Querubines siempre fueron un rango de ángeles especiales. Llenos de ciencia y sabiduría. Formaron parte externa o visible de la misma gloria de Dios.Ellos fueron creados para ser fuego, rodeados de fuego es decir, ser criaturas habitables en fuego y como Dios también es fuego esa característica los une estrechamente, a tal punto que El habita sentado en medio de ellos.
Otra profecía de Isaías guarda una estrecha relación con la visión del carro de Ezequiel: “vi al Señor sentado sobre su trono, alto y sublime, y su cohorte henchía el templo, y encima de El estaban Serafines: Cada uno tenía
seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos sus pies, y con dos volaban”
(Isa. VI).


Hay una diferencia en el rango de los ángeles, Ezequiel habla de Querubines, mientras que Isaías habla de Serafines. Sin embargo, cuando Ezequiel se refiere a los ángeles los ilustra como si fueran de fuego, término
que guarda relación con Serafín y no con Querubín, pues en hebreo, el verbo
“seraf” significa quemar.


La Merkaba es uno de los asuntos más misteriosos de la Biblia y de la cábala. En su sentido descendente parece indicarnos una creación divina a través de las jerarquías angélicas y
arcangélicas, de los tronos, poderes y virtudes o fuerzas de los cielos y de la
tierra hasta llegar, en un sentido más cercano, a los fenómenos naturales que
observamos a nuestro alrededor. Y en un sentido ascendente, a la utilización
que como humanos podemos hacer de esas potencias. Del uso que hagamos de los
ángeles o fuerzas divinas y naturales, dependerá el que subamos la tasa
vibratoria de toda la naturaleza humana. Sin embargo, este sentido ascendente
de la Merkaba, es el que más está sujeto a tergiversación por parte de aquel
que se pierde en asuntos mágicos y deja de lado la mística.



Gracias.Adrián Pérez de Vera


PD.se acaba de inaugurar MEDITACIONES EN EL MAR ROJO-IMAGENES te invito a conocerlo,300 publicaciones con IMAGENES UNICAS en los primeros 30 dias,3000 PERSONAS QUE YA LO VISITARON EN SU 1ER.MES, NO TE LO PIERDAS,GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE, LOS ABRAZOS DE LUZ HELEN.

"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.



 

La Visión del Carro de Ezequiel


Ezequiel describe la Mercaba o visión del carro, que contiene la idea de equilibrio, en varios capítulos. En el décimo es transportado a Jerusalén con la visión aclarando lo
que había visto en otras visiones y sustituye el término “hayyot” por querubín:
“Ese era el animal que vi debajo del Dios de Israel en río Kebar y conocí que
eran querubines” (Cap. X, 20).


También aclara en esa visión que los ofanim (plural de ofan = rueda), son esféricos: “En cuanto que a los ofanim les fue gritado en mi oído: ¡OH esfera!” (versículo 13). En esta segunda descripción
también habla de carne y costillas, de manos y alas. Sin embargo, no se le
atribuye forma. Según la segunda visión las “hayyot” son uno solo, mientras que
los ofanim, aún siendo cuatro, se les llama “una rueda sobre la tierra” (vers.
15).


En el Tárgum de Jonatan se traduce “ofan” por “gilgal” que quiere decir esfera. En resumen, Ezequiel vio las “hayyot”, las ruedas u ofanim y el hombre que estaba encima de las ruedas que simboliza la
inteligencia. Describe un color ámbar como “fuego dentro de fuego”.


Para entender la visión de Ezequiel hay que recurrir a Guía para Descarriados de Maimónides, aunque también podemos recurrir a varios cabalistas que centran su estudio en estos aspectos del
equilibrio de la creación. Digamos que los cabalistas estudian la creación en
el Génesis y el equilibrio de la misma en Ezequiel. La visión del carro o Mercaba
se traduce por equilibrio. Maimónides por su parte, describe la misma visión de
Ezequiel: Las cuatro caras son rostros humanos de rasgos diferentes: “Y la
figura de sus rostros eran rostro de hombre y rostro de león a la parte derecha
de los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro. Así mismo había
en los cuatro rostros de águila”. Describe el profeta un rostro humano que
tiende a las formas de las especies mencionadas. Por eso dice el profeta en el
versículo 5: “Y en medio de ella, figura de cuatro animales...” Los cuatro
animales son las “hayyot” (Ez. I,10).


Hayyot y Ofanim parece indicar la creación con múltiples formas y colores. Ambos se hayan en la visión del carro y su interpretación en la profecía de Ezequiel nos sugiere un animal simbólico o
ángel “Como rueda en medio de rueda, cubierto de ojos” (vers. 16).

Ahora podríamos establecer un árbol de la vida en forma circular como ruedas dentro de rueda, es decir, colocando los diez sefirotes dentro de una gran burbuja.
















Pero la visión del carro, al hablarnos de cuatro ruedas, también nos está indicando los cuatro niveles de la creación desde el mundo arquetípico hasta
aquel que hemos llamado la función de la cosa. Es decir, se está refiriendo a
que la creación se establece en cuatro niveles: Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah
(Emanación, Creación, Formación y Acción o función de lo creado).





Los cuatro círculos habría que imaginárselos concatenados y no aislados uno del otro. En cada uno de ellos podemos inscribir un árbol de la vida donde
el Malkuth del primero es el Kether del segundo. El Malkuth del segundo es el
Kether del tercero y el Malkuth del
tercero es el Kether del cuarto. De manera que todos los sefirotes son dadores
y receptores, menos el Malkuth del cuarto que es solo receptor.

De la misma forma se estructura el hombre, de ahí sus cuatro nombres: Adam, Geber, Enoch e Ish. De manera que Ezequiel comienza su Visión del Carro de IHVH de manera similar al Génesis cambiando lo de “un viento de Dios sobre
las aguas”, por “vi un viento huracanado
que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante…” “Había en el centro
como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma
humana, cuatro caras….” Más adelante dice que las ruedas avanzaban en cuatro
direcciones a medida que avanzaban los seres y cuando los seres se elevaban del
suelo, las ruedas se elevaban también. La mejor referencia de forma humana la
encontramos en el 1,26: “Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas,
había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, por encima, en lo más
alto, una figura de apariencia humana”.

La Mercaba o carro de IHVH se puede estudiar en un doble sentido o doble dirección. Por un lado lo vemos como la creación desde sus orígenes hasta la constitución del Trono de Dios o Malkuth. También lo podemos
ver como una oportunidad de ascenso desde Malkuth hasta la esfera más alta.
Bajo este aspecto, la Mercaba está ligada al mito del Golem que aún hoy
practican los judíos del este de Europa pero que ha sido mal interpretado. La
tradición del Golem se refiere a la creación de una figura de barro que se
constituye en el guardián del hogar. Una vez al año se fabrica esta figura y se
le inscribe en la frente el nombre “emet” (verdad). Luego se le alimenta
diariamente con los pensamientos del creador o señor de la casa. La figura,
alimentada con los pensamientos, crece desmesuradamente hasta alcanzar una
altura peligrosa para el propio creador. Por eso, el señor de la casa borra la
letra “e” (alef) del nombre antes de que se vuelva demasiado grande. Una vez
borrada la alef, se leerá “met” que quiere decir muerte. De esa forma se destruye el Golem antes de
que éste aplaste al creador. Al año siguiente se construirá de nuevo repitiendo
todo el proceso.


Lo anterior hay que verlo en relación a que nosotros, con nuestros pensamientos, nos creamos a nosotros mismos, pero si no tenemos cuidado con lo que pensamos, seremos destruidos por nuestros propios pensamientos. Este es el
verdadero sentido místico de la tradición, pero algunos han querido ver que una
parte de la cábala se dedica a construir hombres en el sentido literal del
término. Los rituales de creación de la Mercaba están estrechamente
relacionados con el ritual del Golem, de manera que la visión del carro de
Ezequiel que habla de la creación del universo, ha creado una doctrina de
creación de uno mismo en el sentido de que teniendo el pensamiento puesto en
Dios y en las cosas divinas uno tiene la oportunidad de despertar
autoconciencia.


No obstante lo anterior, la visión del carro de Ezequiel nos está hablando de las fuerzas de la creación o ángeles. Para entender al profeta hay que leer la obra de un filósofo posterior, el aludido Maimónides. En relación
al conocimiento y a las creencias vanas y referido a los ángeles, en “Guía para
Descarriados” dice este autor: “Decís a
una persona, que se cuenta entre los Sabios de Israel, que el Todopoderoso
envía Su ángel para que penetre en el vientre de la mujer y forme un ser, y
aquél se complace y satisface del relato; lo creerá a pies juntillas y aún le
parecerá una muestra del poder, majestad y sabiduría de Dios. Aún estando
convencido de que el ángel está hecho de fuego ardiente, y que es tan grande
como la tercera parte del Universo, no hará objeciones al milagro divino. Pero
decidle que Dios dio a la semilla el poder informativo que engendra y moldea
los miembros, y que este poder se llama <ángel>, o que todas las formas
se producen por el influjo del Entendimiento Activo, que es otro nombre del
ángel, del príncipe del mundo al que frecuentemente aluden los sabios, y os
mandará con cajas destempladas; porque no acierta a comprender la verdadera grandeza y poder de
las fuerzas creadoras que actúan en el cuerpo sin que la perciban nuestros
sentidos. Nuestros sabios han declarado ya, para quien quiera entenderlo que
todas las fuerzas que moran en un cuerpo son ángeles, cuanto más los poderes
activos del universo”.


Ezequiel habla de un gran cuerpo unido a la tierra y formado igualmente de cuatro cuerpos y con cuatro rostros. No describe la forma de los rostros sino que estaban cubiertos de ojos. Estos cuerpos son los ofannim (plural de
ofann = rueda). Los ojos se pueden entender como múltiples colores, pues la
palabra “ayin” tiene un doble sentido: ojo y color. Maimónides dice que es
posible que “ayin” también signifique un cuerpo lleno de apariencias de muchas
cosas.


En la segunda visión de Ezequiel, el profeta sustituye el término “hayyot” (motor o movedor) por el de “querubín”, con lo cual, lo que mueve la creación se entendería como los ángeles. En esta segunda visión podemos entender que los
querubines son el motor de las esferas de la creación. Las cuatros ruedas se
entrecruzan como si fueran una sola rueda. En el Tárgum de Jonatan, hijo de
Uriel, se dice que tales ruedas significan los cielos.

Los Querubines siempre fueron un rango de ángeles especiales. Llenos de ciencia y sabiduría. Formaron parte externa o visible de la misma gloria de Dios.Ellos fueron creados para ser fuego, rodeados de fuego es decir, ser criaturas habitables en fuego y como Dios también es fuego esa característica los une estrechamente, a tal punto que El habita sentado en medio de ellos.
Otra profecía de Isaías guarda una estrecha relación con la visión del carro de Ezequiel: “vi al Señor sentado sobre su trono, alto y sublime, y su cohorte henchía el templo, y encima de El estaban Serafines: Cada uno tenía
seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos sus pies, y con dos volaban”
(Isa. VI).


Hay una diferencia en el rango de los ángeles, Ezequiel habla de Querubines, mientras que Isaías habla de Serafines. Sin embargo, cuando Ezequiel se refiere a los ángeles los ilustra como si fueran de fuego, término
que guarda relación con Serafín y no con Querubín, pues en hebreo, el verbo
“seraf” significa quemar.


La Merkaba es uno de los asuntos más misteriosos de la Biblia y de la cábala. En su sentido descendente parece indicarnos una creación divina a través de las jerarquías angélicas y
arcangélicas, de los tronos, poderes y virtudes o fuerzas de los cielos y de la
tierra hasta llegar, en un sentido más cercano, a los fenómenos naturales que
observamos a nuestro alrededor. Y en un sentido ascendente, a la utilización
que como humanos podemos hacer de esas potencias. Del uso que hagamos de los
ángeles o fuerzas divinas y naturales, dependerá el que subamos la tasa
vibratoria de toda la naturaleza humana. Sin embargo, este sentido ascendente
de la Merkaba, es el que más está sujeto a tergiversación por parte de aquel
que se pierde en asuntos mágicos y deja de lado la mística.



Gracias.Adrián Pérez de Vera


PD.se acaba de inaugurar MEDITACIONES EN EL MAR ROJO-IMAGENES te invito a conocerlo,300 publicaciones con IMAGENES UNICAS en los primeros 30 dias,3000 PERSONAS QUE YA LO VISITARON EN SU 1ER.MES, NO TE LO PIERDAS,GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE, LOS ABRAZOS DE LUZ HELEN.

"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.

La Merkabah o Visión del Carro de Ezequiel 2da parte.




 

La Visión del Carro de Ezequiel


Ezequiel describe la Mercaba o visión del carro, que contiene la idea de equilibrio, en varios capítulos. En el décimo es transportado a Jerusalén con la visión aclarando lo
que había visto en otras visiones y sustituye el término “hayyot” por querubín:
“Ese era el animal que vi debajo del Dios de Israel en río Kebar y conocí que
eran querubines” (Cap. X, 20).


También aclara en esa visión que los ofanim (plural de ofan = rueda), son esféricos: “En cuanto que a los ofanim les fue gritado en mi oído: ¡OH esfera!” (versículo 13). En esta segunda descripción
también habla de carne y costillas, de manos y alas. Sin embargo, no se le
atribuye forma. Según la segunda visión las “hayyot” son uno solo, mientras que
los ofanim, aún siendo cuatro, se les llama “una rueda sobre la tierra” (vers.
15).


En el Tárgum de Jonatan se traduce “ofan” por “gilgal” que quiere decir esfera. En resumen, Ezequiel vio las “hayyot”, las ruedas u ofanim y el hombre que estaba encima de las ruedas que simboliza la
inteligencia. Describe un color ámbar como “fuego dentro de fuego”.


Para entender la visión de Ezequiel hay que recurrir a Guía para Descarriados de Maimónides, aunque también podemos recurrir a varios cabalistas que centran su estudio en estos aspectos del
equilibrio de la creación. Digamos que los cabalistas estudian la creación en
el Génesis y el equilibrio de la misma en Ezequiel. La visión del carro o Mercaba
se traduce por equilibrio. Maimónides por su parte, describe la misma visión de
Ezequiel: Las cuatro caras son rostros humanos de rasgos diferentes: “Y la
figura de sus rostros eran rostro de hombre y rostro de león a la parte derecha
de los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro. Así mismo había
en los cuatro rostros de águila”. Describe el profeta un rostro humano que
tiende a las formas de las especies mencionadas. Por eso dice el profeta en el
versículo 5: “Y en medio de ella, figura de cuatro animales...” Los cuatro
animales son las “hayyot” (Ez. I,10).


Hayyot y Ofanim parece indicar la creación con múltiples formas y colores. Ambos se hayan en la visión del carro y su interpretación en la profecía de Ezequiel nos sugiere un animal simbólico o
ángel “Como rueda en medio de rueda, cubierto de ojos” (vers. 16).

Ahora podríamos establecer un árbol de la vida en forma circular como ruedas dentro de rueda, es decir, colocando los diez sefirotes dentro de una gran burbuja.
















Pero la visión del carro, al hablarnos de cuatro ruedas, también nos está indicando los cuatro niveles de la creación desde el mundo arquetípico hasta
aquel que hemos llamado la función de la cosa. Es decir, se está refiriendo a
que la creación se establece en cuatro niveles: Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah
(Emanación, Creación, Formación y Acción o función de lo creado).





Los cuatro círculos habría que imaginárselos concatenados y no aislados uno del otro. En cada uno de ellos podemos inscribir un árbol de la vida donde
el Malkuth del primero es el Kether del segundo. El Malkuth del segundo es el
Kether del tercero y el Malkuth del
tercero es el Kether del cuarto. De manera que todos los sefirotes son dadores
y receptores, menos el Malkuth del cuarto que es solo receptor.

De la misma forma se estructura el hombre, de ahí sus cuatro nombres: Adam, Geber, Enoch e Ish. De manera que Ezequiel comienza su Visión del Carro de IHVH de manera similar al Génesis cambiando lo de “un viento de Dios sobre
las aguas”, por “vi un viento huracanado
que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante…” “Había en el centro
como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma
humana, cuatro caras….” Más adelante dice que las ruedas avanzaban en cuatro
direcciones a medida que avanzaban los seres y cuando los seres se elevaban del
suelo, las ruedas se elevaban también. La mejor referencia de forma humana la
encontramos en el 1,26: “Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas,
había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, por encima, en lo más
alto, una figura de apariencia humana”.

La Mercaba o carro de IHVH se puede estudiar en un doble sentido o doble dirección. Por un lado lo vemos como la creación desde sus orígenes hasta la constitución del Trono de Dios o Malkuth. También lo podemos
ver como una oportunidad de ascenso desde Malkuth hasta la esfera más alta.
Bajo este aspecto, la Mercaba está ligada al mito del Golem que aún hoy
practican los judíos del este de Europa pero que ha sido mal interpretado. La
tradición del Golem se refiere a la creación de una figura de barro que se
constituye en el guardián del hogar. Una vez al año se fabrica esta figura y se
le inscribe en la frente el nombre “emet” (verdad). Luego se le alimenta
diariamente con los pensamientos del creador o señor de la casa. La figura,
alimentada con los pensamientos, crece desmesuradamente hasta alcanzar una
altura peligrosa para el propio creador. Por eso, el señor de la casa borra la
letra “e” (alef) del nombre antes de que se vuelva demasiado grande. Una vez
borrada la alef, se leerá “met” que quiere decir muerte. De esa forma se destruye el Golem antes de
que éste aplaste al creador. Al año siguiente se construirá de nuevo repitiendo
todo el proceso.


Lo anterior hay que verlo en relación a que nosotros, con nuestros pensamientos, nos creamos a nosotros mismos, pero si no tenemos cuidado con lo que pensamos, seremos destruidos por nuestros propios pensamientos. Este es el
verdadero sentido místico de la tradición, pero algunos han querido ver que una
parte de la cábala se dedica a construir hombres en el sentido literal del
término. Los rituales de creación de la Mercaba están estrechamente
relacionados con el ritual del Golem, de manera que la visión del carro de
Ezequiel que habla de la creación del universo, ha creado una doctrina de
creación de uno mismo en el sentido de que teniendo el pensamiento puesto en
Dios y en las cosas divinas uno tiene la oportunidad de despertar
autoconciencia.


No obstante lo anterior, la visión del carro de Ezequiel nos está hablando de las fuerzas de la creación o ángeles. Para entender al profeta hay que leer la obra de un filósofo posterior, el aludido Maimónides. En relación
al conocimiento y a las creencias vanas y referido a los ángeles, en “Guía para
Descarriados” dice este autor: “Decís a
una persona, que se cuenta entre los Sabios de Israel, que el Todopoderoso
envía Su ángel para que penetre en el vientre de la mujer y forme un ser, y
aquél se complace y satisface del relato; lo creerá a pies juntillas y aún le
parecerá una muestra del poder, majestad y sabiduría de Dios. Aún estando
convencido de que el ángel está hecho de fuego ardiente, y que es tan grande
como la tercera parte del Universo, no hará objeciones al milagro divino. Pero
decidle que Dios dio a la semilla el poder informativo que engendra y moldea
los miembros, y que este poder se llama <ángel>, o que todas las formas
se producen por el influjo del Entendimiento Activo, que es otro nombre del
ángel, del príncipe del mundo al que frecuentemente aluden los sabios, y os
mandará con cajas destempladas; porque no acierta a comprender la verdadera grandeza y poder de
las fuerzas creadoras que actúan en el cuerpo sin que la perciban nuestros
sentidos. Nuestros sabios han declarado ya, para quien quiera entenderlo que
todas las fuerzas que moran en un cuerpo son ángeles, cuanto más los poderes
activos del universo”.


Ezequiel habla de un gran cuerpo unido a la tierra y formado igualmente de cuatro cuerpos y con cuatro rostros. No describe la forma de los rostros sino que estaban cubiertos de ojos. Estos cuerpos son los ofannim (plural de
ofann = rueda). Los ojos se pueden entender como múltiples colores, pues la
palabra “ayin” tiene un doble sentido: ojo y color. Maimónides dice que es
posible que “ayin” también signifique un cuerpo lleno de apariencias de muchas
cosas.


En la segunda visión de Ezequiel, el profeta sustituye el término “hayyot” (motor o movedor) por el de “querubín”, con lo cual, lo que mueve la creación se entendería como los ángeles. En esta segunda visión podemos entender que los
querubines son el motor de las esferas de la creación. Las cuatros ruedas se
entrecruzan como si fueran una sola rueda. En el Tárgum de Jonatan, hijo de
Uriel, se dice que tales ruedas significan los cielos.

Los Querubines siempre fueron un rango de ángeles especiales. Llenos de ciencia y sabiduría. Formaron parte externa o visible de la misma gloria de Dios.Ellos fueron creados para ser fuego, rodeados de fuego es decir, ser criaturas habitables en fuego y como Dios también es fuego esa característica los une estrechamente, a tal punto que El habita sentado en medio de ellos.
Otra profecía de Isaías guarda una estrecha relación con la visión del carro de Ezequiel: “vi al Señor sentado sobre su trono, alto y sublime, y su cohorte henchía el templo, y encima de El estaban Serafines: Cada uno tenía
seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos sus pies, y con dos volaban”
(Isa. VI).


Hay una diferencia en el rango de los ángeles, Ezequiel habla de Querubines, mientras que Isaías habla de Serafines. Sin embargo, cuando Ezequiel se refiere a los ángeles los ilustra como si fueran de fuego, término
que guarda relación con Serafín y no con Querubín, pues en hebreo, el verbo
“seraf” significa quemar.


La Merkaba es uno de los asuntos más misteriosos de la Biblia y de la cábala. En su sentido descendente parece indicarnos una creación divina a través de las jerarquías angélicas y
arcangélicas, de los tronos, poderes y virtudes o fuerzas de los cielos y de la
tierra hasta llegar, en un sentido más cercano, a los fenómenos naturales que
observamos a nuestro alrededor. Y en un sentido ascendente, a la utilización
que como humanos podemos hacer de esas potencias. Del uso que hagamos de los
ángeles o fuerzas divinas y naturales, dependerá el que subamos la tasa
vibratoria de toda la naturaleza humana. Sin embargo, este sentido ascendente
de la Merkaba, es el que más está sujeto a tergiversación por parte de aquel
que se pierde en asuntos mágicos y deja de lado la mística.



Gracias.Adrián Pérez de Vera


PD.se acaba de inaugurar MEDITACIONES EN EL MAR ROJO-IMAGENES te invito a conocerlo,300 publicaciones con IMAGENES UNICAS en los primeros 30 dias,3000 PERSONAS QUE YA LO VISITARON EN SU 1ER.MES, NO TE LO PIERDAS,GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE, LOS ABRAZOS DE LUZ HELEN.

"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.



 

La Visión del Carro de Ezequiel


Ezequiel describe la Mercaba o visión del carro, que contiene la idea de equilibrio, en varios capítulos. En el décimo es transportado a Jerusalén con la visión aclarando lo
que había visto en otras visiones y sustituye el término “hayyot” por querubín:
“Ese era el animal que vi debajo del Dios de Israel en río Kebar y conocí que
eran querubines” (Cap. X, 20).


También aclara en esa visión que los ofanim (plural de ofan = rueda), son esféricos: “En cuanto que a los ofanim les fue gritado en mi oído: ¡OH esfera!” (versículo 13). En esta segunda descripción
también habla de carne y costillas, de manos y alas. Sin embargo, no se le
atribuye forma. Según la segunda visión las “hayyot” son uno solo, mientras que
los ofanim, aún siendo cuatro, se les llama “una rueda sobre la tierra” (vers.
15).


En el Tárgum de Jonatan se traduce “ofan” por “gilgal” que quiere decir esfera. En resumen, Ezequiel vio las “hayyot”, las ruedas u ofanim y el hombre que estaba encima de las ruedas que simboliza la
inteligencia. Describe un color ámbar como “fuego dentro de fuego”.


Para entender la visión de Ezequiel hay que recurrir a Guía para Descarriados de Maimónides, aunque también podemos recurrir a varios cabalistas que centran su estudio en estos aspectos del
equilibrio de la creación. Digamos que los cabalistas estudian la creación en
el Génesis y el equilibrio de la misma en Ezequiel. La visión del carro o Mercaba
se traduce por equilibrio. Maimónides por su parte, describe la misma visión de
Ezequiel: Las cuatro caras son rostros humanos de rasgos diferentes: “Y la
figura de sus rostros eran rostro de hombre y rostro de león a la parte derecha
de los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro. Así mismo había
en los cuatro rostros de águila”. Describe el profeta un rostro humano que
tiende a las formas de las especies mencionadas. Por eso dice el profeta en el
versículo 5: “Y en medio de ella, figura de cuatro animales...” Los cuatro
animales son las “hayyot” (Ez. I,10).


Hayyot y Ofanim parece indicar la creación con múltiples formas y colores. Ambos se hayan en la visión del carro y su interpretación en la profecía de Ezequiel nos sugiere un animal simbólico o
ángel “Como rueda en medio de rueda, cubierto de ojos” (vers. 16).

Ahora podríamos establecer un árbol de la vida en forma circular como ruedas dentro de rueda, es decir, colocando los diez sefirotes dentro de una gran burbuja.
















Pero la visión del carro, al hablarnos de cuatro ruedas, también nos está indicando los cuatro niveles de la creación desde el mundo arquetípico hasta
aquel que hemos llamado la función de la cosa. Es decir, se está refiriendo a
que la creación se establece en cuatro niveles: Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah
(Emanación, Creación, Formación y Acción o función de lo creado).





Los cuatro círculos habría que imaginárselos concatenados y no aislados uno del otro. En cada uno de ellos podemos inscribir un árbol de la vida donde
el Malkuth del primero es el Kether del segundo. El Malkuth del segundo es el
Kether del tercero y el Malkuth del
tercero es el Kether del cuarto. De manera que todos los sefirotes son dadores
y receptores, menos el Malkuth del cuarto que es solo receptor.

De la misma forma se estructura el hombre, de ahí sus cuatro nombres: Adam, Geber, Enoch e Ish. De manera que Ezequiel comienza su Visión del Carro de IHVH de manera similar al Génesis cambiando lo de “un viento de Dios sobre
las aguas”, por “vi un viento huracanado
que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante…” “Había en el centro
como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma
humana, cuatro caras….” Más adelante dice que las ruedas avanzaban en cuatro
direcciones a medida que avanzaban los seres y cuando los seres se elevaban del
suelo, las ruedas se elevaban también. La mejor referencia de forma humana la
encontramos en el 1,26: “Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas,
había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, por encima, en lo más
alto, una figura de apariencia humana”.

La Mercaba o carro de IHVH se puede estudiar en un doble sentido o doble dirección. Por un lado lo vemos como la creación desde sus orígenes hasta la constitución del Trono de Dios o Malkuth. También lo podemos
ver como una oportunidad de ascenso desde Malkuth hasta la esfera más alta.
Bajo este aspecto, la Mercaba está ligada al mito del Golem que aún hoy
practican los judíos del este de Europa pero que ha sido mal interpretado. La
tradición del Golem se refiere a la creación de una figura de barro que se
constituye en el guardián del hogar. Una vez al año se fabrica esta figura y se
le inscribe en la frente el nombre “emet” (verdad). Luego se le alimenta
diariamente con los pensamientos del creador o señor de la casa. La figura,
alimentada con los pensamientos, crece desmesuradamente hasta alcanzar una
altura peligrosa para el propio creador. Por eso, el señor de la casa borra la
letra “e” (alef) del nombre antes de que se vuelva demasiado grande. Una vez
borrada la alef, se leerá “met” que quiere decir muerte. De esa forma se destruye el Golem antes de
que éste aplaste al creador. Al año siguiente se construirá de nuevo repitiendo
todo el proceso.


Lo anterior hay que verlo en relación a que nosotros, con nuestros pensamientos, nos creamos a nosotros mismos, pero si no tenemos cuidado con lo que pensamos, seremos destruidos por nuestros propios pensamientos. Este es el
verdadero sentido místico de la tradición, pero algunos han querido ver que una
parte de la cábala se dedica a construir hombres en el sentido literal del
término. Los rituales de creación de la Mercaba están estrechamente
relacionados con el ritual del Golem, de manera que la visión del carro de
Ezequiel que habla de la creación del universo, ha creado una doctrina de
creación de uno mismo en el sentido de que teniendo el pensamiento puesto en
Dios y en las cosas divinas uno tiene la oportunidad de despertar
autoconciencia.


No obstante lo anterior, la visión del carro de Ezequiel nos está hablando de las fuerzas de la creación o ángeles. Para entender al profeta hay que leer la obra de un filósofo posterior, el aludido Maimónides. En relación
al conocimiento y a las creencias vanas y referido a los ángeles, en “Guía para
Descarriados” dice este autor: “Decís a
una persona, que se cuenta entre los Sabios de Israel, que el Todopoderoso
envía Su ángel para que penetre en el vientre de la mujer y forme un ser, y
aquél se complace y satisface del relato; lo creerá a pies juntillas y aún le
parecerá una muestra del poder, majestad y sabiduría de Dios. Aún estando
convencido de que el ángel está hecho de fuego ardiente, y que es tan grande
como la tercera parte del Universo, no hará objeciones al milagro divino. Pero
decidle que Dios dio a la semilla el poder informativo que engendra y moldea
los miembros, y que este poder se llama <ángel>, o que todas las formas
se producen por el influjo del Entendimiento Activo, que es otro nombre del
ángel, del príncipe del mundo al que frecuentemente aluden los sabios, y os
mandará con cajas destempladas; porque no acierta a comprender la verdadera grandeza y poder de
las fuerzas creadoras que actúan en el cuerpo sin que la perciban nuestros
sentidos. Nuestros sabios han declarado ya, para quien quiera entenderlo que
todas las fuerzas que moran en un cuerpo son ángeles, cuanto más los poderes
activos del universo”.


Ezequiel habla de un gran cuerpo unido a la tierra y formado igualmente de cuatro cuerpos y con cuatro rostros. No describe la forma de los rostros sino que estaban cubiertos de ojos. Estos cuerpos son los ofannim (plural de
ofann = rueda). Los ojos se pueden entender como múltiples colores, pues la
palabra “ayin” tiene un doble sentido: ojo y color. Maimónides dice que es
posible que “ayin” también signifique un cuerpo lleno de apariencias de muchas
cosas.


En la segunda visión de Ezequiel, el profeta sustituye el término “hayyot” (motor o movedor) por el de “querubín”, con lo cual, lo que mueve la creación se entendería como los ángeles. En esta segunda visión podemos entender que los
querubines son el motor de las esferas de la creación. Las cuatros ruedas se
entrecruzan como si fueran una sola rueda. En el Tárgum de Jonatan, hijo de
Uriel, se dice que tales ruedas significan los cielos.

Los Querubines siempre fueron un rango de ángeles especiales. Llenos de ciencia y sabiduría. Formaron parte externa o visible de la misma gloria de Dios.Ellos fueron creados para ser fuego, rodeados de fuego es decir, ser criaturas habitables en fuego y como Dios también es fuego esa característica los une estrechamente, a tal punto que El habita sentado en medio de ellos.
Otra profecía de Isaías guarda una estrecha relación con la visión del carro de Ezequiel: “vi al Señor sentado sobre su trono, alto y sublime, y su cohorte henchía el templo, y encima de El estaban Serafines: Cada uno tenía
seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos sus pies, y con dos volaban”
(Isa. VI).


Hay una diferencia en el rango de los ángeles, Ezequiel habla de Querubines, mientras que Isaías habla de Serafines. Sin embargo, cuando Ezequiel se refiere a los ángeles los ilustra como si fueran de fuego, término
que guarda relación con Serafín y no con Querubín, pues en hebreo, el verbo
“seraf” significa quemar.


La Merkaba es uno de los asuntos más misteriosos de la Biblia y de la cábala. En su sentido descendente parece indicarnos una creación divina a través de las jerarquías angélicas y
arcangélicas, de los tronos, poderes y virtudes o fuerzas de los cielos y de la
tierra hasta llegar, en un sentido más cercano, a los fenómenos naturales que
observamos a nuestro alrededor. Y en un sentido ascendente, a la utilización
que como humanos podemos hacer de esas potencias. Del uso que hagamos de los
ángeles o fuerzas divinas y naturales, dependerá el que subamos la tasa
vibratoria de toda la naturaleza humana. Sin embargo, este sentido ascendente
de la Merkaba, es el que más está sujeto a tergiversación por parte de aquel
que se pierde en asuntos mágicos y deja de lado la mística.



Gracias.Adrián Pérez de Vera


PD.se acaba de inaugurar MEDITACIONES EN EL MAR ROJO-IMAGENES te invito a conocerlo,300 publicaciones con IMAGENES UNICAS en los primeros 30 dias,3000 PERSONAS QUE YA LO VISITARON EN SU 1ER.MES, NO TE LO PIERDAS,GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE, LOS ABRAZOS DE LUZ HELEN.

"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.

La Merkabah o Visión del Carro de Ezequiel 2da parte.




 

La Visión del Carro de Ezequiel


Ezequiel describe la Mercaba o visión del carro, que contiene la idea de equilibrio, en varios capítulos. En el décimo es transportado a Jerusalén con la visión aclarando lo
que había visto en otras visiones y sustituye el término “hayyot” por querubín:
“Ese era el animal que vi debajo del Dios de Israel en río Kebar y conocí que
eran querubines” (Cap. X, 20).


También aclara en esa visión que los ofanim (plural de ofan = rueda), son esféricos: “En cuanto que a los ofanim les fue gritado en mi oído: ¡OH esfera!” (versículo 13). En esta segunda descripción
también habla de carne y costillas, de manos y alas. Sin embargo, no se le
atribuye forma. Según la segunda visión las “hayyot” son uno solo, mientras que
los ofanim, aún siendo cuatro, se les llama “una rueda sobre la tierra” (vers.
15).


En el Tárgum de Jonatan se traduce “ofan” por “gilgal” que quiere decir esfera. En resumen, Ezequiel vio las “hayyot”, las ruedas u ofanim y el hombre que estaba encima de las ruedas que simboliza la
inteligencia. Describe un color ámbar como “fuego dentro de fuego”.


Para entender la visión de Ezequiel hay que recurrir a Guía para Descarriados de Maimónides, aunque también podemos recurrir a varios cabalistas que centran su estudio en estos aspectos del
equilibrio de la creación. Digamos que los cabalistas estudian la creación en
el Génesis y el equilibrio de la misma en Ezequiel. La visión del carro o Mercaba
se traduce por equilibrio. Maimónides por su parte, describe la misma visión de
Ezequiel: Las cuatro caras son rostros humanos de rasgos diferentes: “Y la
figura de sus rostros eran rostro de hombre y rostro de león a la parte derecha
de los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro. Así mismo había
en los cuatro rostros de águila”. Describe el profeta un rostro humano que
tiende a las formas de las especies mencionadas. Por eso dice el profeta en el
versículo 5: “Y en medio de ella, figura de cuatro animales...” Los cuatro
animales son las “hayyot” (Ez. I,10).


Hayyot y Ofanim parece indicar la creación con múltiples formas y colores. Ambos se hayan en la visión del carro y su interpretación en la profecía de Ezequiel nos sugiere un animal simbólico o
ángel “Como rueda en medio de rueda, cubierto de ojos” (vers. 16).

Ahora podríamos establecer un árbol de la vida en forma circular como ruedas dentro de rueda, es decir, colocando los diez sefirotes dentro de una gran burbuja.
















Pero la visión del carro, al hablarnos de cuatro ruedas, también nos está indicando los cuatro niveles de la creación desde el mundo arquetípico hasta
aquel que hemos llamado la función de la cosa. Es decir, se está refiriendo a
que la creación se establece en cuatro niveles: Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah
(Emanación, Creación, Formación y Acción o función de lo creado).





Los cuatro círculos habría que imaginárselos concatenados y no aislados uno del otro. En cada uno de ellos podemos inscribir un árbol de la vida donde
el Malkuth del primero es el Kether del segundo. El Malkuth del segundo es el
Kether del tercero y el Malkuth del
tercero es el Kether del cuarto. De manera que todos los sefirotes son dadores
y receptores, menos el Malkuth del cuarto que es solo receptor.

De la misma forma se estructura el hombre, de ahí sus cuatro nombres: Adam, Geber, Enoch e Ish. De manera que Ezequiel comienza su Visión del Carro de IHVH de manera similar al Génesis cambiando lo de “un viento de Dios sobre
las aguas”, por “vi un viento huracanado
que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante…” “Había en el centro
como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma
humana, cuatro caras….” Más adelante dice que las ruedas avanzaban en cuatro
direcciones a medida que avanzaban los seres y cuando los seres se elevaban del
suelo, las ruedas se elevaban también. La mejor referencia de forma humana la
encontramos en el 1,26: “Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas,
había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, por encima, en lo más
alto, una figura de apariencia humana”.

La Mercaba o carro de IHVH se puede estudiar en un doble sentido o doble dirección. Por un lado lo vemos como la creación desde sus orígenes hasta la constitución del Trono de Dios o Malkuth. También lo podemos
ver como una oportunidad de ascenso desde Malkuth hasta la esfera más alta.
Bajo este aspecto, la Mercaba está ligada al mito del Golem que aún hoy
practican los judíos del este de Europa pero que ha sido mal interpretado. La
tradición del Golem se refiere a la creación de una figura de barro que se
constituye en el guardián del hogar. Una vez al año se fabrica esta figura y se
le inscribe en la frente el nombre “emet” (verdad). Luego se le alimenta
diariamente con los pensamientos del creador o señor de la casa. La figura,
alimentada con los pensamientos, crece desmesuradamente hasta alcanzar una
altura peligrosa para el propio creador. Por eso, el señor de la casa borra la
letra “e” (alef) del nombre antes de que se vuelva demasiado grande. Una vez
borrada la alef, se leerá “met” que quiere decir muerte. De esa forma se destruye el Golem antes de
que éste aplaste al creador. Al año siguiente se construirá de nuevo repitiendo
todo el proceso.


Lo anterior hay que verlo en relación a que nosotros, con nuestros pensamientos, nos creamos a nosotros mismos, pero si no tenemos cuidado con lo que pensamos, seremos destruidos por nuestros propios pensamientos. Este es el
verdadero sentido místico de la tradición, pero algunos han querido ver que una
parte de la cábala se dedica a construir hombres en el sentido literal del
término. Los rituales de creación de la Mercaba están estrechamente
relacionados con el ritual del Golem, de manera que la visión del carro de
Ezequiel que habla de la creación del universo, ha creado una doctrina de
creación de uno mismo en el sentido de que teniendo el pensamiento puesto en
Dios y en las cosas divinas uno tiene la oportunidad de despertar
autoconciencia.


No obstante lo anterior, la visión del carro de Ezequiel nos está hablando de las fuerzas de la creación o ángeles. Para entender al profeta hay que leer la obra de un filósofo posterior, el aludido Maimónides. En relación
al conocimiento y a las creencias vanas y referido a los ángeles, en “Guía para
Descarriados” dice este autor: “Decís a
una persona, que se cuenta entre los Sabios de Israel, que el Todopoderoso
envía Su ángel para que penetre en el vientre de la mujer y forme un ser, y
aquél se complace y satisface del relato; lo creerá a pies juntillas y aún le
parecerá una muestra del poder, majestad y sabiduría de Dios. Aún estando
convencido de que el ángel está hecho de fuego ardiente, y que es tan grande
como la tercera parte del Universo, no hará objeciones al milagro divino. Pero
decidle que Dios dio a la semilla el poder informativo que engendra y moldea
los miembros, y que este poder se llama <ángel>, o que todas las formas
se producen por el influjo del Entendimiento Activo, que es otro nombre del
ángel, del príncipe del mundo al que frecuentemente aluden los sabios, y os
mandará con cajas destempladas; porque no acierta a comprender la verdadera grandeza y poder de
las fuerzas creadoras que actúan en el cuerpo sin que la perciban nuestros
sentidos. Nuestros sabios han declarado ya, para quien quiera entenderlo que
todas las fuerzas que moran en un cuerpo son ángeles, cuanto más los poderes
activos del universo”.


Ezequiel habla de un gran cuerpo unido a la tierra y formado igualmente de cuatro cuerpos y con cuatro rostros. No describe la forma de los rostros sino que estaban cubiertos de ojos. Estos cuerpos son los ofannim (plural de
ofann = rueda). Los ojos se pueden entender como múltiples colores, pues la
palabra “ayin” tiene un doble sentido: ojo y color. Maimónides dice que es
posible que “ayin” también signifique un cuerpo lleno de apariencias de muchas
cosas.


En la segunda visión de Ezequiel, el profeta sustituye el término “hayyot” (motor o movedor) por el de “querubín”, con lo cual, lo que mueve la creación se entendería como los ángeles. En esta segunda visión podemos entender que los
querubines son el motor de las esferas de la creación. Las cuatros ruedas se
entrecruzan como si fueran una sola rueda. En el Tárgum de Jonatan, hijo de
Uriel, se dice que tales ruedas significan los cielos.

Los Querubines siempre fueron un rango de ángeles especiales. Llenos de ciencia y sabiduría. Formaron parte externa o visible de la misma gloria de Dios.Ellos fueron creados para ser fuego, rodeados de fuego es decir, ser criaturas habitables en fuego y como Dios también es fuego esa característica los une estrechamente, a tal punto que El habita sentado en medio de ellos.
Otra profecía de Isaías guarda una estrecha relación con la visión del carro de Ezequiel: “vi al Señor sentado sobre su trono, alto y sublime, y su cohorte henchía el templo, y encima de El estaban Serafines: Cada uno tenía
seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos sus pies, y con dos volaban”
(Isa. VI).


Hay una diferencia en el rango de los ángeles, Ezequiel habla de Querubines, mientras que Isaías habla de Serafines. Sin embargo, cuando Ezequiel se refiere a los ángeles los ilustra como si fueran de fuego, término
que guarda relación con Serafín y no con Querubín, pues en hebreo, el verbo
“seraf” significa quemar.


La Merkaba es uno de los asuntos más misteriosos de la Biblia y de la cábala. En su sentido descendente parece indicarnos una creación divina a través de las jerarquías angélicas y
arcangélicas, de los tronos, poderes y virtudes o fuerzas de los cielos y de la
tierra hasta llegar, en un sentido más cercano, a los fenómenos naturales que
observamos a nuestro alrededor. Y en un sentido ascendente, a la utilización
que como humanos podemos hacer de esas potencias. Del uso que hagamos de los
ángeles o fuerzas divinas y naturales, dependerá el que subamos la tasa
vibratoria de toda la naturaleza humana. Sin embargo, este sentido ascendente
de la Merkaba, es el que más está sujeto a tergiversación por parte de aquel
que se pierde en asuntos mágicos y deja de lado la mística.



Gracias.Adrián Pérez de Vera


PD.se acaba de inaugurar MEDITACIONES EN EL MAR ROJO-IMAGENES te invito a conocerlo,300 publicaciones con IMAGENES UNICAS en los primeros 30 dias,3000 PERSONAS QUE YA LO VISITARON EN SU 1ER.MES, NO TE LO PIERDAS,GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE, LOS ABRAZOS DE LUZ HELEN.

"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.



 

La Visión del Carro de Ezequiel


Ezequiel describe la Mercaba o visión del carro, que contiene la idea de equilibrio, en varios capítulos. En el décimo es transportado a Jerusalén con la visión aclarando lo
que había visto en otras visiones y sustituye el término “hayyot” por querubín:
“Ese era el animal que vi debajo del Dios de Israel en río Kebar y conocí que
eran querubines” (Cap. X, 20).


También aclara en esa visión que los ofanim (plural de ofan = rueda), son esféricos: “En cuanto que a los ofanim les fue gritado en mi oído: ¡OH esfera!” (versículo 13). En esta segunda descripción
también habla de carne y costillas, de manos y alas. Sin embargo, no se le
atribuye forma. Según la segunda visión las “hayyot” son uno solo, mientras que
los ofanim, aún siendo cuatro, se les llama “una rueda sobre la tierra” (vers.
15).


En el Tárgum de Jonatan se traduce “ofan” por “gilgal” que quiere decir esfera. En resumen, Ezequiel vio las “hayyot”, las ruedas u ofanim y el hombre que estaba encima de las ruedas que simboliza la
inteligencia. Describe un color ámbar como “fuego dentro de fuego”.


Para entender la visión de Ezequiel hay que recurrir a Guía para Descarriados de Maimónides, aunque también podemos recurrir a varios cabalistas que centran su estudio en estos aspectos del
equilibrio de la creación. Digamos que los cabalistas estudian la creación en
el Génesis y el equilibrio de la misma en Ezequiel. La visión del carro o Mercaba
se traduce por equilibrio. Maimónides por su parte, describe la misma visión de
Ezequiel: Las cuatro caras son rostros humanos de rasgos diferentes: “Y la
figura de sus rostros eran rostro de hombre y rostro de león a la parte derecha
de los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro. Así mismo había
en los cuatro rostros de águila”. Describe el profeta un rostro humano que
tiende a las formas de las especies mencionadas. Por eso dice el profeta en el
versículo 5: “Y en medio de ella, figura de cuatro animales...” Los cuatro
animales son las “hayyot” (Ez. I,10).


Hayyot y Ofanim parece indicar la creación con múltiples formas y colores. Ambos se hayan en la visión del carro y su interpretación en la profecía de Ezequiel nos sugiere un animal simbólico o
ángel “Como rueda en medio de rueda, cubierto de ojos” (vers. 16).

Ahora podríamos establecer un árbol de la vida en forma circular como ruedas dentro de rueda, es decir, colocando los diez sefirotes dentro de una gran burbuja.
















Pero la visión del carro, al hablarnos de cuatro ruedas, también nos está indicando los cuatro niveles de la creación desde el mundo arquetípico hasta
aquel que hemos llamado la función de la cosa. Es decir, se está refiriendo a
que la creación se establece en cuatro niveles: Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah
(Emanación, Creación, Formación y Acción o función de lo creado).





Los cuatro círculos habría que imaginárselos concatenados y no aislados uno del otro. En cada uno de ellos podemos inscribir un árbol de la vida donde
el Malkuth del primero es el Kether del segundo. El Malkuth del segundo es el
Kether del tercero y el Malkuth del
tercero es el Kether del cuarto. De manera que todos los sefirotes son dadores
y receptores, menos el Malkuth del cuarto que es solo receptor.

De la misma forma se estructura el hombre, de ahí sus cuatro nombres: Adam, Geber, Enoch e Ish. De manera que Ezequiel comienza su Visión del Carro de IHVH de manera similar al Génesis cambiando lo de “un viento de Dios sobre
las aguas”, por “vi un viento huracanado
que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante…” “Había en el centro
como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma
humana, cuatro caras….” Más adelante dice que las ruedas avanzaban en cuatro
direcciones a medida que avanzaban los seres y cuando los seres se elevaban del
suelo, las ruedas se elevaban también. La mejor referencia de forma humana la
encontramos en el 1,26: “Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas,
había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, por encima, en lo más
alto, una figura de apariencia humana”.

La Mercaba o carro de IHVH se puede estudiar en un doble sentido o doble dirección. Por un lado lo vemos como la creación desde sus orígenes hasta la constitución del Trono de Dios o Malkuth. También lo podemos
ver como una oportunidad de ascenso desde Malkuth hasta la esfera más alta.
Bajo este aspecto, la Mercaba está ligada al mito del Golem que aún hoy
practican los judíos del este de Europa pero que ha sido mal interpretado. La
tradición del Golem se refiere a la creación de una figura de barro que se
constituye en el guardián del hogar. Una vez al año se fabrica esta figura y se
le inscribe en la frente el nombre “emet” (verdad). Luego se le alimenta
diariamente con los pensamientos del creador o señor de la casa. La figura,
alimentada con los pensamientos, crece desmesuradamente hasta alcanzar una
altura peligrosa para el propio creador. Por eso, el señor de la casa borra la
letra “e” (alef) del nombre antes de que se vuelva demasiado grande. Una vez
borrada la alef, se leerá “met” que quiere decir muerte. De esa forma se destruye el Golem antes de
que éste aplaste al creador. Al año siguiente se construirá de nuevo repitiendo
todo el proceso.


Lo anterior hay que verlo en relación a que nosotros, con nuestros pensamientos, nos creamos a nosotros mismos, pero si no tenemos cuidado con lo que pensamos, seremos destruidos por nuestros propios pensamientos. Este es el
verdadero sentido místico de la tradición, pero algunos han querido ver que una
parte de la cábala se dedica a construir hombres en el sentido literal del
término. Los rituales de creación de la Mercaba están estrechamente
relacionados con el ritual del Golem, de manera que la visión del carro de
Ezequiel que habla de la creación del universo, ha creado una doctrina de
creación de uno mismo en el sentido de que teniendo el pensamiento puesto en
Dios y en las cosas divinas uno tiene la oportunidad de despertar
autoconciencia.


No obstante lo anterior, la visión del carro de Ezequiel nos está hablando de las fuerzas de la creación o ángeles. Para entender al profeta hay que leer la obra de un filósofo posterior, el aludido Maimónides. En relación
al conocimiento y a las creencias vanas y referido a los ángeles, en “Guía para
Descarriados” dice este autor: “Decís a
una persona, que se cuenta entre los Sabios de Israel, que el Todopoderoso
envía Su ángel para que penetre en el vientre de la mujer y forme un ser, y
aquél se complace y satisface del relato; lo creerá a pies juntillas y aún le
parecerá una muestra del poder, majestad y sabiduría de Dios. Aún estando
convencido de que el ángel está hecho de fuego ardiente, y que es tan grande
como la tercera parte del Universo, no hará objeciones al milagro divino. Pero
decidle que Dios dio a la semilla el poder informativo que engendra y moldea
los miembros, y que este poder se llama <ángel>, o que todas las formas
se producen por el influjo del Entendimiento Activo, que es otro nombre del
ángel, del príncipe del mundo al que frecuentemente aluden los sabios, y os
mandará con cajas destempladas; porque no acierta a comprender la verdadera grandeza y poder de
las fuerzas creadoras que actúan en el cuerpo sin que la perciban nuestros
sentidos. Nuestros sabios han declarado ya, para quien quiera entenderlo que
todas las fuerzas que moran en un cuerpo son ángeles, cuanto más los poderes
activos del universo”.


Ezequiel habla de un gran cuerpo unido a la tierra y formado igualmente de cuatro cuerpos y con cuatro rostros. No describe la forma de los rostros sino que estaban cubiertos de ojos. Estos cuerpos son los ofannim (plural de
ofann = rueda). Los ojos se pueden entender como múltiples colores, pues la
palabra “ayin” tiene un doble sentido: ojo y color. Maimónides dice que es
posible que “ayin” también signifique un cuerpo lleno de apariencias de muchas
cosas.


En la segunda visión de Ezequiel, el profeta sustituye el término “hayyot” (motor o movedor) por el de “querubín”, con lo cual, lo que mueve la creación se entendería como los ángeles. En esta segunda visión podemos entender que los
querubines son el motor de las esferas de la creación. Las cuatros ruedas se
entrecruzan como si fueran una sola rueda. En el Tárgum de Jonatan, hijo de
Uriel, se dice que tales ruedas significan los cielos.

Los Querubines siempre fueron un rango de ángeles especiales. Llenos de ciencia y sabiduría. Formaron parte externa o visible de la misma gloria de Dios.Ellos fueron creados para ser fuego, rodeados de fuego es decir, ser criaturas habitables en fuego y como Dios también es fuego esa característica los une estrechamente, a tal punto que El habita sentado en medio de ellos.
Otra profecía de Isaías guarda una estrecha relación con la visión del carro de Ezequiel: “vi al Señor sentado sobre su trono, alto y sublime, y su cohorte henchía el templo, y encima de El estaban Serafines: Cada uno tenía
seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos sus pies, y con dos volaban”
(Isa. VI).


Hay una diferencia en el rango de los ángeles, Ezequiel habla de Querubines, mientras que Isaías habla de Serafines. Sin embargo, cuando Ezequiel se refiere a los ángeles los ilustra como si fueran de fuego, término
que guarda relación con Serafín y no con Querubín, pues en hebreo, el verbo
“seraf” significa quemar.


La Merkaba es uno de los asuntos más misteriosos de la Biblia y de la cábala. En su sentido descendente parece indicarnos una creación divina a través de las jerarquías angélicas y
arcangélicas, de los tronos, poderes y virtudes o fuerzas de los cielos y de la
tierra hasta llegar, en un sentido más cercano, a los fenómenos naturales que
observamos a nuestro alrededor. Y en un sentido ascendente, a la utilización
que como humanos podemos hacer de esas potencias. Del uso que hagamos de los
ángeles o fuerzas divinas y naturales, dependerá el que subamos la tasa
vibratoria de toda la naturaleza humana. Sin embargo, este sentido ascendente
de la Merkaba, es el que más está sujeto a tergiversación por parte de aquel
que se pierde en asuntos mágicos y deja de lado la mística.



Gracias.Adrián Pérez de Vera


PD.se acaba de inaugurar MEDITACIONES EN EL MAR ROJO-IMAGENES te invito a conocerlo,300 publicaciones con IMAGENES UNICAS en los primeros 30 dias,3000 PERSONAS QUE YA LO VISITARON EN SU 1ER.MES, NO TE LO PIERDAS,GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE, LOS ABRAZOS DE LUZ HELEN.

"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.