¿Por qué mentimos?

¿Qué representa la mentira en nuestras vidas? La mentira es una falta de honestidad, es pensar una cosa y decir otra bien distinta, es engañar presentando una imagen de nosotros mismos a los demás que no somos, es ocultar pensamientos, sentimientos o hechos de forma deliberada, es intentar comunicar que se sabe cuando solo se cree.

No solamente decimos mentiras a los demás sino que nos mentimos a nosotros mismos y lo hacemos tan a menudo que llegamos a pensar y creer cosas como si fueran realidades.

La mentira nos complace, nos hace vivir en un mundo personal que nos hemos inventado, nos hace importantes o tener cierto prestigio y también nos hace mostrarnos como víctimas cuando se trata de conseguir algo a través de los demás.

¿Te has visto alguna vez mintiendo? Cualquiera de nosotros puede decirse a sí mismo que no miente y quizás en ese preciso momento esté mintiendo. Necesitamos encontrarnos en la mentira porque de lo contrario nuestra vida no va por un camino correcto. Necesitamos encontrarnos frente a frente con la mentira, con esa falta de honestidad, y comprenderla.

Dependiendo de las circunstancias la mentira puede salvarnos la vida o puede evitar el dolor ajeno, pero su naturaleza se muestra como un medio para conseguir un fin mezquino a través del engaño.

¿Son mentiras las creencias? Yo puedo creer en Alá, en Dios, en el Sol, porque ha habido un encuentro con su naturaleza, o puedo creer en ello porque necesito creer en algo que me de cierta seguridad o estabilidad psicológica. Son justamente las personas que mienten las que tratan de hacer creer a otros sus creencias utilizando todos los medios a su alcance, desde hacerles ver la verdad con un simple libre lleno de cuentos hasta arrojarlos y quemarlos en la hoguera para purificar sus pecados.

Creemos que tenemos un alma, que en nuestro interior hay un ser puro, que somos parte de una divinidad, que hay vida tras la muerte, que no hay nada más deseable que la felicidad ni nada más hermoso que el amor, creemos que somos alguien que piensa, creemos que queremos a nuestra pareja o a nuestros hijos… ¡vivimos con tantas y tantas mentiras!

¿Es mentira la imagen de nosotros mismos? Sostenemos una imagen que nos da cierto prestigio en nuestras relaciones, hacemos creer que sabemos cosas que nos sabemos, hacemos creer que somos de una forma diferente a como somos, decimos cosas que hacemos cuando no las hemos hecho.

¿Son mentira nuestras opiniones o nuestros prejuicios? Nuestras opiniones y prejuicios tienen un objetivo, no se basan realmente en nuestra percepción de la realidad sino más bien en algún conocimiento pasado y limitado de recuerdos que ya no tienen validez alguna.

Necesitamos comprender las mentiras, el simple hecho de mentir, para encontrarnos con la honestidad, con esa forma clara y ligera de caminar y relacionarnos. Vivir sin mentiras no es un privilegio, es algo normal y sano, pero estamos continuamente torturándonos sosteniendo mentiras que no nos permiten ser libres.

Cuando las personas viven en el pasado, viven en la mentira, cuando las personas viven en el futuro, en el deseo, también viven en la mentira. Vivir sin mentiras es vivir en el presente, en el ahora, percibir lo que es sin tratar de modificarlo, sin sacar provecho de ello, sin interpretarlo.

Vivir en el ahora es un encuentro con la verdad y esa verdad ya no es un medio para conseguir un fin sino que es un fin en un movimiento eternamente bello y honesto.
¿Qué representa la mentira en nuestras vidas? La mentira es una falta de honestidad, es pensar una cosa y decir otra bien distinta, es engañar presentando una imagen de nosotros mismos a los demás que no somos, es ocultar pensamientos, sentimientos o hechos de forma deliberada, es intentar comunicar que se sabe cuando solo se cree.

No solamente decimos mentiras a los demás sino que nos mentimos a nosotros mismos y lo hacemos tan a menudo que llegamos a pensar y creer cosas como si fueran realidades.

La mentira nos complace, nos hace vivir en un mundo personal que nos hemos inventado, nos hace importantes o tener cierto prestigio y también nos hace mostrarnos como víctimas cuando se trata de conseguir algo a través de los demás.

¿Te has visto alguna vez mintiendo? Cualquiera de nosotros puede decirse a sí mismo que no miente y quizás en ese preciso momento esté mintiendo. Necesitamos encontrarnos en la mentira porque de lo contrario nuestra vida no va por un camino correcto. Necesitamos encontrarnos frente a frente con la mentira, con esa falta de honestidad, y comprenderla.

Dependiendo de las circunstancias la mentira puede salvarnos la vida o puede evitar el dolor ajeno, pero su naturaleza se muestra como un medio para conseguir un fin mezquino a través del engaño.

¿Son mentiras las creencias? Yo puedo creer en Alá, en Dios, en el Sol, porque ha habido un encuentro con su naturaleza, o puedo creer en ello porque necesito creer en algo que me de cierta seguridad o estabilidad psicológica. Son justamente las personas que mienten las que tratan de hacer creer a otros sus creencias utilizando todos los medios a su alcance, desde hacerles ver la verdad con un simple libre lleno de cuentos hasta arrojarlos y quemarlos en la hoguera para purificar sus pecados.

Creemos que tenemos un alma, que en nuestro interior hay un ser puro, que somos parte de una divinidad, que hay vida tras la muerte, que no hay nada más deseable que la felicidad ni nada más hermoso que el amor, creemos que somos alguien que piensa, creemos que queremos a nuestra pareja o a nuestros hijos… ¡vivimos con tantas y tantas mentiras!

¿Es mentira la imagen de nosotros mismos? Sostenemos una imagen que nos da cierto prestigio en nuestras relaciones, hacemos creer que sabemos cosas que nos sabemos, hacemos creer que somos de una forma diferente a como somos, decimos cosas que hacemos cuando no las hemos hecho.

¿Son mentira nuestras opiniones o nuestros prejuicios? Nuestras opiniones y prejuicios tienen un objetivo, no se basan realmente en nuestra percepción de la realidad sino más bien en algún conocimiento pasado y limitado de recuerdos que ya no tienen validez alguna.

Necesitamos comprender las mentiras, el simple hecho de mentir, para encontrarnos con la honestidad, con esa forma clara y ligera de caminar y relacionarnos. Vivir sin mentiras no es un privilegio, es algo normal y sano, pero estamos continuamente torturándonos sosteniendo mentiras que no nos permiten ser libres.

Cuando las personas viven en el pasado, viven en la mentira, cuando las personas viven en el futuro, en el deseo, también viven en la mentira. Vivir sin mentiras es vivir en el presente, en el ahora, percibir lo que es sin tratar de modificarlo, sin sacar provecho de ello, sin interpretarlo.

Vivir en el ahora es un encuentro con la verdad y esa verdad ya no es un medio para conseguir un fin sino que es un fin en un movimiento eternamente bello y honesto.