ESAS VIUDAS NEGRAS


ESAS VIUDAS NEGRAS


Con la bruma de la tarde, aquel grisáceo día del otoño, cuando los vientos del norte soplaban con los gélidos fríos de la desilusión, tus palabras en mis oídos fueron cuchillos, navajas de dolor, que atravesaron con las últimas silabas pronunciadas por tus labios mi corazón, que se resquebrajó en miles de añicos, derramando la sangre de mis arterias sin compasión.
No podía hacer nada, para sacarte del lúgubre cautiverio que te bamboleaba como un alma en pena, por los túneles de la adicción.
La lluvia caía sobre mis empapados cabellos, deslizándose por mi rostro uniéndose por el llanto desgarrador, y por los prados de la tristeza del corazón, mis pies más que correr, volaban, ante la desesperación. La angustia estrujaba con sus callosas manos mi respiración, y los velos del miedo descorrieron las cortinas de la estancia de la hiel y su amargor, embadurnando mi cuerpo con el barro del luto interior.
¡Tanto jurarnos amor eterno! ¡Tantos planes de una futura vida en comunión! Tantas promesas rotas hechas jirones por las drogas, esas cautivadoras drogas de la inyección. Esas mujeres que rompen el bolsillo del pantalón, arruinando a quien cae en sus redes, esa viudas negras, con promesas de vuelos a otros mundos, telarañas envenenadas con las pócimas de visiones y descubrimientos de otras dimensiones en plano superior, que están consumiendo tu cuerpo, destruyendo con  su veneno, las venas de tu cerebro, aplastando una a una las neuronas de tu mente, que cae sin remedio bajo su hechizo de amor, hacia los brazos de la dama de la muerte, que ya asoma en las sombras liliáceas de tus ojos, anunciando el trágico desenlace que te espera a la vuelta de la esquina.


Escrito por Pili Ruiz el día 11 de Marzo del 2011

^_________Pili________^

ESAS VIUDAS NEGRAS


Con la bruma de la tarde, aquel grisáceo día del otoño, cuando los vientos del norte soplaban con los gélidos fríos de la desilusión, tus palabras en mis oídos fueron cuchillos, navajas de dolor, que atravesaron con las últimas silabas pronunciadas por tus labios mi corazón, que se resquebrajó en miles de añicos, derramando la sangre de mis arterias sin compasión.
No podía hacer nada, para sacarte del lúgubre cautiverio que te bamboleaba como un alma en pena, por los túneles de la adicción.
La lluvia caía sobre mis empapados cabellos, deslizándose por mi rostro uniéndose por el llanto desgarrador, y por los prados de la tristeza del corazón, mis pies más que correr, volaban, ante la desesperación. La angustia estrujaba con sus callosas manos mi respiración, y los velos del miedo descorrieron las cortinas de la estancia de la hiel y su amargor, embadurnando mi cuerpo con el barro del luto interior.
¡Tanto jurarnos amor eterno! ¡Tantos planes de una futura vida en comunión! Tantas promesas rotas hechas jirones por las drogas, esas cautivadoras drogas de la inyección. Esas mujeres que rompen el bolsillo del pantalón, arruinando a quien cae en sus redes, esa viudas negras, con promesas de vuelos a otros mundos, telarañas envenenadas con las pócimas de visiones y descubrimientos de otras dimensiones en plano superior, que están consumiendo tu cuerpo, destruyendo con  su veneno, las venas de tu cerebro, aplastando una a una las neuronas de tu mente, que cae sin remedio bajo su hechizo de amor, hacia los brazos de la dama de la muerte, que ya asoma en las sombras liliáceas de tus ojos, anunciando el trágico desenlace que te espera a la vuelta de la esquina.


Escrito por Pili Ruiz el día 11 de Marzo del 2011

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