CITA A CIEGAS
Trás varios meses de hablar de amor y conocerse por el chat, llegó el momento de encontrarse frente a frente de verdad, fuera de ese trato que les hizo conocerse en una página web.
Su cuerpo encendido por el deseo de saberse entre los brazos de su amor, saboreando cada segundo que faltaba para sentir los labios de él quemar los suyos con su hoguera, sentirse estrechada contra su pecho, oler su aroma y sentir los latidos de su corazón con el suyo. Así pasó la última noche de charla en la distancia, antes del ansiado primer encuentro.
Cuatro días de fiesta por Semana Santa, les permitieron quedar para
conocerse, ella viajaría hasta la casa de él, que vivía solo, sin hijos sin preocupaciones, en una tienda de campaña en plena libertad, su castillo de tela, el castillo de su príncipe como ella le llamaba.
Dulce se imaginaba a un príncipe de cuento de hadas…tal como era por Internet y por el teléfono. Bondadoso bueno, enamorado de ella, como lo estaba ella de él.
Los mensajes del móvil, más que correr, volaban, ese día en el que Dulce viajaba desde el norte de España hacia el Sur con su coche.
Sus ojos brillaban de felicidad.
Se había enamorado por Internet, las palabras de él resultaban tan convincentes, se veía tan maduro y además era apuesto y guapo.
¿Qué más podía pedir?
Pero de repente, una nube se posó en su mente.y las preguntas se fueron sucediendo una tras otra.
¿Y si es un engaño? ¿Y si es un asesino? ¿y si esto, y si aquello? Y las dudas le fueron invadiendo como nebulosas por todo el cuerpo, que tembloroso, se sacudía por el nerviosismo.
Su amiga Juana, le había contado que algunas mujeres no habían regresado de esos viajes, y otras habían sido desplumadas como las gallinas, les sacaron hasta el último euro y después las abandonaron a su suerte.
– ¡No vayas¡ le decía Juana, como buena amiga aconsejándole que no viajara tan lejos con un desconocido, del que no sabía apenas nada, sólo lo que él le había contado.
Aún sabiendo que era un riesgo acudir, que era peligroso adentrarse en ese mundo de citas a ciegas, estaba decidida a ir.
Su hombre no era de esos, se dijo así misma, para convencerse cegada por el amor.
Tanto sentía en su corazón, que se le salía del pecho de tanto latir. En su cuerpo había un incendio provocado por los sentimientos, y esa loca pasión que la arrastraba, que tiraba de ella para acudir a esa cita. El fuego la consumía, el deseo la asfixiaba.
No sabía decir no, no podía, su amor por él era tan fuerte y parecía tan buena persona. !Tan romántico! !Lo amaba tanto!
Se arriesgaría y acudiría a su cita a ciegas con su amor, el hombre de su vida, confiando en sus sentimientos, dejándose llevar por el corazón, y hacia el Sur de España antes del amanecer conduciendo su todo terreno, se encaminó.
La suerte estaba echada, ya no había marcha atrás, una sorpresa le esperaba en esa cita a ciegas.
Escrito por Pili Ruiz el día 22 de Marzo del 2011
CITA A CIEGAS
Trás varios meses de hablar de amor y conocerse por el chat, llegó el momento de encontrarse frente a frente de verdad, fuera de ese trato que les hizo conocerse en una página web.
Su cuerpo encendido por el deseo de saberse entre los brazos de su amor, saboreando cada segundo que faltaba para sentir los labios de él quemar los suyos con su hoguera, sentirse estrechada contra su pecho, oler su aroma y sentir los latidos de su corazón con el suyo. Así pasó la última noche de charla en la distancia, antes del ansiado primer encuentro.
Cuatro días de fiesta por Semana Santa, les permitieron quedar para
conocerse, ella viajaría hasta la casa de él, que vivía solo, sin hijos sin preocupaciones, en una tienda de campaña en plena libertad, su castillo de tela, el castillo de su príncipe como ella le llamaba.
Dulce se imaginaba a un príncipe de cuento de hadas…tal como era por Internet y por el teléfono. Bondadoso bueno, enamorado de ella, como lo estaba ella de él.
Los mensajes del móvil, más que correr, volaban, ese día en el que Dulce viajaba desde el norte de España hacia el Sur con su coche.
Sus ojos brillaban de felicidad.
Se había enamorado por Internet, las palabras de él resultaban tan convincentes, se veía tan maduro y además era apuesto y guapo.
¿Qué más podía pedir?
Pero de repente, una nube se posó en su mente.y las preguntas se fueron sucediendo una tras otra.
¿Y si es un engaño? ¿Y si es un asesino? ¿y si esto, y si aquello? Y las dudas le fueron invadiendo como nebulosas por todo el cuerpo, que tembloroso, se sacudía por el nerviosismo.
Su amiga Juana, le había contado que algunas mujeres no habían regresado de esos viajes, y otras habían sido desplumadas como las gallinas, les sacaron hasta el último euro y después las abandonaron a su suerte.
– ¡No vayas¡ le decía Juana, como buena amiga aconsejándole que no viajara tan lejos con un desconocido, del que no sabía apenas nada, sólo lo que él le había contado.
Aún sabiendo que era un riesgo acudir, que era peligroso adentrarse en ese mundo de citas a ciegas, estaba decidida a ir.
Su hombre no era de esos, se dijo así misma, para convencerse cegada por el amor.
Tanto sentía en su corazón, que se le salía del pecho de tanto latir. En su cuerpo había un incendio provocado por los sentimientos, y esa loca pasión que la arrastraba, que tiraba de ella para acudir a esa cita. El fuego la consumía, el deseo la asfixiaba.
No sabía decir no, no podía, su amor por él era tan fuerte y parecía tan buena persona. !Tan romántico! !Lo amaba tanto!
Se arriesgaría y acudiría a su cita a ciegas con su amor, el hombre de su vida, confiando en sus sentimientos, dejándose llevar por el corazón, y hacia el Sur de España antes del amanecer conduciendo su todo terreno, se encaminó.
La suerte estaba echada, ya no había marcha atrás, una sorpresa le esperaba en esa cita a ciegas.
Escrito por Pili Ruiz el día 22 de Marzo del 2011
