CITA A CIEGAS II - ¡ERES UN SAPO!
El camino se le hizo largo, a pesar de que pasó por alto los límites de velocidad permitida,
de ciento veinte, se puso a ciento ochenta kilómetros por hora
y en las grandes rectas superó esa cifra…solo quería tragarse los kilómetros que faltaban para estar con su amado.
La radio sonaba fuerte para mantenerse despierta,
intentaba no distraerse para evitar un accidente, quería llegar
hasta el final de esa aventura que había iniciado hacía meses.
Una aventura que la mantenía viva y que se había convertido en el centro de su vida.
Él era su universo y su cielo, su corazón, su Todo.
Al final del trayecto se detuvo en la cafetería Don Pedro, era pequeña,
pero acogedora, fue el lugar elegido por su adorado príncipe para contemplarse
el uno al otro y mirarse a los ojos frente a frente por primera vez.
Dulce llegó cuatro horas antes de lo acordado,
como tenía la dirección del lugar donde vivía él, porque en una ocasión ella le envío un libro como regalo,
“Memorias De Una Geisha” en inglés, puesto que su amado era extranjero
y apenas hablaba español y Dulce era profesora de inglés en un Instituto de Salamanca.
Se tomó un café en un plis plas y dispuesta a darle una grata sorpresa a su amor,
emprendió veloz el camino hacia su dirección.
Al llegar a la puerta, le temblaba el pulso, el corazón le latía acelerado,
La respiración contenida por el nerviosismo del momento.
Buscó el timbre de la puerta para llamar, pero no tenía timbre
la puerta estaba miedo abierta, no tuvo necesidad de picar con los nudillos.
Entró en la casa,
y escuchó susurros en el interior, justo enfrente de la puerta de la calle
había una puerta de donde le llegaban los sonidos,
la abrió y allí estaba él, con los ojos abiertos como platos
al ser pillado in fraganti, haciendo el amor con otro hombre
que estaba vuelto de espaldas a él.
Dulce no sabía si reir o llorar quiso darle una grata sorpresa y la sorpresa se la llevó ella.
El sabor amargo de la decepción se coló por las puertas del corazón,
las lágrimas le quemaban en sus mejillas que corrían como ríos de lava hacia su cuello,
y la palidez de su rostro ante tal espectáculo, era latente, la cabeza le daba vueltas, las nauseas se tragarón la voz que pugnaba por salir de su garganta, pero se escondió trás la cortina del espanto.
Por su cabeza bailaban las imágenes de su principe encantador, figuras e imaginaciones que ella misma fue forjando con tanta ilusión y que fueron borradas esa mañana de un plumazo cuando la puerta de la habitación se abrió.
Juana tenía razón debió de quedarse en su casa y no acudir a esta cita a ciegas... pero tanto lo amaba, que se hizo la sorda y no la escuchó. ¡Demasiado perfecto era él! ¡Demasiado bonito para ser verdad!
Ya sabía yo que algo malo tenía que tener, pensó para sí misma, su labios se abrieron y por fin le salió la voz, trás con la cortina del llanto y con voz quebrada gritó
¡Eres bisexual! ¡No eres un príncipe! !Eres un sapo!
Salió de aquella casa dando un portazo, dejando a los dos petrificados, sin habla y casi sin respiración.
Y se fue con su todo terreno corriendo a Salamanca tal como llegó.
Escrito por Pili l Ruiz el día 23 de Marzo del 2011
^_________Pili_________^
CITA A CIEGAS II - ¡ERES UN SAPO!
El camino se le hizo largo, a pesar de que pasó por alto los límites de velocidad permitida,
de ciento veinte, se puso a ciento ochenta kilómetros por hora
y en las grandes rectas superó esa cifra…solo quería tragarse los kilómetros que faltaban para estar con su amado.
La radio sonaba fuerte para mantenerse despierta,
intentaba no distraerse para evitar un accidente, quería llegar
hasta el final de esa aventura que había iniciado hacía meses.
Una aventura que la mantenía viva y que se había convertido en el centro de su vida.
Él era su universo y su cielo, su corazón, su Todo.
Al final del trayecto se detuvo en la cafetería Don Pedro, era pequeña,
pero acogedora, fue el lugar elegido por su adorado príncipe para contemplarse
el uno al otro y mirarse a los ojos frente a frente por primera vez.
Dulce llegó cuatro horas antes de lo acordado,
como tenía la dirección del lugar donde vivía él, porque en una ocasión ella le envío un libro como regalo,
“Memorias De Una Geisha” en inglés, puesto que su amado era extranjero
y apenas hablaba español y Dulce era profesora de inglés en un Instituto de Salamanca.
Se tomó un café en un plis plas y dispuesta a darle una grata sorpresa a su amor,
emprendió veloz el camino hacia su dirección.
Al llegar a la puerta, le temblaba el pulso, el corazón le latía acelerado,
La respiración contenida por el nerviosismo del momento.
Buscó el timbre de la puerta para llamar, pero no tenía timbre
la puerta estaba miedo abierta, no tuvo necesidad de picar con los nudillos.
Entró en la casa,
y escuchó susurros en el interior, justo enfrente de la puerta de la calle
había una puerta de donde le llegaban los sonidos,
la abrió y allí estaba él, con los ojos abiertos como platos
al ser pillado in fraganti, haciendo el amor con otro hombre
que estaba vuelto de espaldas a él.
Dulce no sabía si reir o llorar quiso darle una grata sorpresa y la sorpresa se la llevó ella.
El sabor amargo de la decepción se coló por las puertas del corazón,
las lágrimas le quemaban en sus mejillas que corrían como ríos de lava hacia su cuello,
y la palidez de su rostro ante tal espectáculo, era latente, la cabeza le daba vueltas, las nauseas se tragarón la voz que pugnaba por salir de su garganta, pero se escondió trás la cortina del espanto.
Por su cabeza bailaban las imágenes de su principe encantador, figuras e imaginaciones que ella misma fue forjando con tanta ilusión y que fueron borradas esa mañana de un plumazo cuando la puerta de la habitación se abrió.
Juana tenía razón debió de quedarse en su casa y no acudir a esta cita a ciegas... pero tanto lo amaba, que se hizo la sorda y no la escuchó. ¡Demasiado perfecto era él! ¡Demasiado bonito para ser verdad!
Ya sabía yo que algo malo tenía que tener, pensó para sí misma, su labios se abrieron y por fin le salió la voz, trás con la cortina del llanto y con voz quebrada gritó
¡Eres bisexual! ¡No eres un príncipe! !Eres un sapo!
Salió de aquella casa dando un portazo, dejando a los dos petrificados, sin habla y casi sin respiración.
Y se fue con su todo terreno corriendo a Salamanca tal como llegó.
Escrito por Pili l Ruiz el día 23 de Marzo del 2011
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