Palabra y luz




"Palabra" y "luz" se expresan por el mismo vocablo en el primitivo lenguaje de los persas. Me entero por D'Ors. Y me parece bien darlo por bueno. Aladas llamaba también Homero a las palabras porque sabía que todas eran libres como las avecillas del cielo, y nosotros sólo podemos quedarnos quietos, esperándolas, para ver si quieren venírsenos a posar en los hombros, tal y como hacían los cuervos con los anacoretas, y así las veo más como una golosina, o un juego o un festín, como el agua fresca y clara de los ayunos que llevaron a los santos padres del desierto a la longevidad, a la sabiduría, a la serena bondad que no le teme a la muerte. O ese relámpago, verdadera parábola, de donde procede el vocablo, que acompaña sus noches de tribulación en la noche oscura, y que al caminante puede indicarle el camino o quitarle la vida. Y son las palabras en cada uno, y saben, suenan y lucen o se apagan de una manera propia. Dígamos que la palabra es siempre la huella dactilar de un pensamiento y de un sentimiento, y sabemos que no hay dos huellas dactilares iguales, de modo que la palabra, como el perfume, huele distinto según quien lo lleva consigo. Ni mejor ni peor, sólo distinto. Y las palabras siempre van con uno aunque no lo sepamos. Y lo más hermoso de ellas: todas son puerto franco, no hay ninguna que admita vasallaje de nadie. Cada una es una ciudad estado, un puerto de mar, un país libre que hace libre a todos y cada uno de los que a ella llegan.

(Texto de Andrés Trapiello de su libro El Arca de las palabras" Foto de "Punta del Este" en Uruguay tomada en Facebook de Germán Pérez Benítez)


Buen fin de semana ;O))


"Palabra" y "luz" se expresan por el mismo vocablo en el primitivo lenguaje de los persas. Me entero por D'Ors. Y me parece bien darlo por bueno. Aladas llamaba también Homero a las palabras porque sabía que todas eran libres como las avecillas del cielo, y nosotros sólo podemos quedarnos quietos, esperándolas, para ver si quieren venírsenos a posar en los hombros, tal y como hacían los cuervos con los anacoretas, y así las veo más como una golosina, o un juego o un festín, como el agua fresca y clara de los ayunos que llevaron a los santos padres del desierto a la longevidad, a la sabiduría, a la serena bondad que no le teme a la muerte. O ese relámpago, verdadera parábola, de donde procede el vocablo, que acompaña sus noches de tribulación en la noche oscura, y que al caminante puede indicarle el camino o quitarle la vida. Y son las palabras en cada uno, y saben, suenan y lucen o se apagan de una manera propia. Dígamos que la palabra es siempre la huella dactilar de un pensamiento y de un sentimiento, y sabemos que no hay dos huellas dactilares iguales, de modo que la palabra, como el perfume, huele distinto según quien lo lleva consigo. Ni mejor ni peor, sólo distinto. Y las palabras siempre van con uno aunque no lo sepamos. Y lo más hermoso de ellas: todas son puerto franco, no hay ninguna que admita vasallaje de nadie. Cada una es una ciudad estado, un puerto de mar, un país libre que hace libre a todos y cada uno de los que a ella llegan.

(Texto de Andrés Trapiello de su libro El Arca de las palabras" Foto de "Punta del Este" en Uruguay tomada en Facebook de Germán Pérez Benítez)


Buen fin de semana ;O))