Realmente sería una pesadilla no poseer la capacidad de depurar adecuadamente los recuerdos, "Funes el memorioso" es una "metáfora del insomnio". Borges publicó este pequeño relato en 1944 dentro de su libro Ficciones.
Funes era el solitario espectador, lúcido y preciso, de un mundo multiforme, instantáneo e intolerablente medido como un reloj que almacena cada centésima de segundo como algo imposible de olvidar. Funes no era capaz de discernir que la palabra "perro" era determinante de abarcar diferentes, dispares individuos de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviese el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente).
Pensar es abstracción, es generalizar, es olvidar diferencias. En el mundo de Ireneo Funes no existían más que detalles, casi inmediatos.
Borges siempre juega con el tiempo, la memoria, los laberintos, los espejos, el maestro siempre nos sorprende con lo viejo y con lo nuevo, es capaz de convertir los viejos temas de la existencia en lo más moderno y por ende en convertir con la magia de sus relatos, en lo presente en algo que siempre es, en algo eterno.
Leer a Borges es viajar en la magia de los acontecimientos imposibles como algo real.
;O))
Realmente sería una pesadilla no poseer la capacidad de depurar adecuadamente los recuerdos, "Funes el memorioso" es una "metáfora del insomnio". Borges publicó este pequeño relato en 1944 dentro de su libro Ficciones.
Funes era el solitario espectador, lúcido y preciso, de un mundo multiforme, instantáneo e intolerablente medido como un reloj que almacena cada centésima de segundo como algo imposible de olvidar. Funes no era capaz de discernir que la palabra "perro" era determinante de abarcar diferentes, dispares individuos de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviese el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente).
Pensar es abstracción, es generalizar, es olvidar diferencias. En el mundo de Ireneo Funes no existían más que detalles, casi inmediatos.
Borges siempre juega con el tiempo, la memoria, los laberintos, los espejos, el maestro siempre nos sorprende con lo viejo y con lo nuevo, es capaz de convertir los viejos temas de la existencia en lo más moderno y por ende en convertir con la magia de sus relatos, en lo presente en algo que siempre es, en algo eterno.
Leer a Borges es viajar en la magia de los acontecimientos imposibles como algo real.
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