Marruecos




Tierra llena de espejos de luz,
de una mar que refleja
la luna como ninguna,
con una piel verde y tersa
pero tan antigua como el tiempo,
con la subyugante inclinación
de una mágica meditación,
como enaltecida por pintores impresionistas,
donde más allá de la realidad,
se dibujan amapolas y margaritas como estelas al viento
de unas pinceladas de Renoir,
donde la gente aún mira de frente,
allí todo se siente más cercano, más caliente,
y los ojos se depositan
en el alma de la luz,
donde los sentidos alcanzan su plenitud.


Tierra llena de espejos de luz,
de una mar que refleja
la luna como ninguna,
con una piel verde y tersa
pero tan antigua como el tiempo,
con la subyugante inclinación
de una mágica meditación,
como enaltecida por pintores impresionistas,
donde más allá de la realidad,
se dibujan amapolas y margaritas como estelas al viento
de unas pinceladas de Renoir,
donde la gente aún mira de frente,
allí todo se siente más cercano, más caliente,
y los ojos se depositan
en el alma de la luz,
donde los sentidos alcanzan su plenitud.