


Casa Pedro se marcha, uno de los restaurantes más emblemáticos de ésta ciudad cierra sus puertas después de 80 años y tres generaciones de la misma familia al frente.
Cuando se cierra un sitio al que tanto apreciamos, del que tanto disfrutamos, nos sentimos desvalidos ante el futuro cierto de no poder volver a él. Nos olvidamos,pero en el recuerdo se mantiene ese olvido, más tarde llegamos a olvidar que lo olvidamos y es cuando todo sigue un curso nuevo; pasaremos a veces y miraremos sin darnos cuenta de lo perdido, pero otras veces pasaremos recordando nuestros recuerdos, nuestras vivencias, nuestras alegrías compartidas.
El trato de Casa Pedro siempre fue exquisito, lleno de amabilidad, de cariño, de un pescao de primera calidad, una sopa de viña AB inolvidable, una blanca y dulce tarta quemándose, doreándose. Unas vistas al azul del cielo puro y limpio de Málaga, un recrearse en las palmeras y el mar.
Gracias por todo, otras vidas nacerán y no podrán entender como la nostalgia invade nuestras pupilas y nos llega el recuerdo al corazón. Es el destino de la vida, nacer, morir, para permitir nacer otras vidas plenas de ilusión y esperanza. En Casa Pedro fue una vida larga e intensa que durante años permanecerá en el recuerdo de los que la conocimos.



Casa Pedro se marcha, uno de los restaurantes más emblemáticos de ésta ciudad cierra sus puertas después de 80 años y tres generaciones de la misma familia al frente.
Cuando se cierra un sitio al que tanto apreciamos, del que tanto disfrutamos, nos sentimos desvalidos ante el futuro cierto de no poder volver a él. Nos olvidamos,pero en el recuerdo se mantiene ese olvido, más tarde llegamos a olvidar que lo olvidamos y es cuando todo sigue un curso nuevo; pasaremos a veces y miraremos sin darnos cuenta de lo perdido, pero otras veces pasaremos recordando nuestros recuerdos, nuestras vivencias, nuestras alegrías compartidas.
El trato de Casa Pedro siempre fue exquisito, lleno de amabilidad, de cariño, de un pescao de primera calidad, una sopa de viña AB inolvidable, una blanca y dulce tarta quemándose, doreándose. Unas vistas al azul del cielo puro y limpio de Málaga, un recrearse en las palmeras y el mar.
Gracias por todo, otras vidas nacerán y no podrán entender como la nostalgia invade nuestras pupilas y nos llega el recuerdo al corazón. Es el destino de la vida, nacer, morir, para permitir nacer otras vidas plenas de ilusión y esperanza. En Casa Pedro fue una vida larga e intensa que durante años permanecerá en el recuerdo de los que la conocimos.