EL AJEDREZ



El ajedrez


Antes de la partida , ya dispuestas las piezas en el tablero, antes de comenzar la batalla, la soledad y el inmovilismo dominan el campo de batalla desplegando un silencio repleto de la muerte que se avecina. Todo es una geometría perfecta dispuesta a ser manipulada por las mentes que se enfrentarán para dilucidar quién es el mejor estratega, el más inteligente, el más paciente, el mejor guerrero, el más hábil negociador, el mejor embustero, el mayor traidor, en definitiva, el ganador. La disposición es un enfrentamiento de la dualidad, dos bandos, dos colores antagónicos, un campo de batalla de 64 casillas, 32 blancas y 32 negras, como 32 son las fichas que se enfrentan; los componentes de ambos bandos son 16, el resultado de cuatro por cuatro, como cuatro son las filas que se disponen en el tablero repletas de guerreros, cuatro filas de ocho fichas y cuatro filas vacías entre ambos ejércitos. Todo está preparado, todo está dispuesto, todo parece por decidir, más todo está decidido ya de antemano
.
Es el ajedrez que galopa en el tiempo con el destino de un final donde el ganador destruirá a su enemigo, matará a su rey, pero no lo sustituirá nunca, nunca ocupará el rey ganador el trono del derrotado. En el camino las pérdidas pueden ser enormes y sus propias piezas irán entregando la vida en el sacrificio que antecede a la victoria, la partida (es partido cuando se emplea la fuerza física y partida cuando se emplea el órgano más potente: la mente) se desarrolla en silencio, aunque es sólo ya un silencio aparente, las mentes intercambian a golpes de una violencia indescriptible sus planteamientos. No es posible la mirada, no es posible hablar, solo es posible esconderse, agazaparse y a la vez transmitir el dominio, el poder.

La degradación de denominarlo juego es superada con los nuevos tratamientos que corresponden a su categoría: deporte, o con los antiguos de arte. Es arte, es deporte, es juego, es matemáticas, es estrategia, es filosofía, es psicología, es la propia vida la que se defiende en el ajedrez. Allí sucumbieron reyes frente a pastores o generales ante soldados, allí triunfaron pordioseros frente a caballeros o simples vasallos frente a sus señores. Es en el ajedrez donde se aprende a ser modesto y a mantener tu orgullo simultáneamente, es allí donde conoce tus vulnerabilidades y tus mejores armas para defenderte, es en el ajedrez donde se conoce al que es mejor que tu.

Produce admiraciones y recelos, envidias y respeto, y en donde esperas encontrar odios y desdenes, obtienes increíblemente amistades. Dos inteligencias que se encienden a su máxima amplitud pero encerradas geométricamente es un espacio tan finito, la finitud de una geometría trasladada lo infinito de las mentes. La maravilla hecha materia, la materia de unas piezas de dos colores dispuestas a convertirse en los espíritus milenarios de dos contendientes que concentran su pasado, su presente y la proyección de su futuro en el placer de, sufriendo, construyendo, convertirse en ganadores.

El ajedrez


Antes de la partida , ya dispuestas las piezas en el tablero, antes de comenzar la batalla, la soledad y el inmovilismo dominan el campo de batalla desplegando un silencio repleto de la muerte que se avecina. Todo es una geometría perfecta dispuesta a ser manipulada por las mentes que se enfrentarán para dilucidar quién es el mejor estratega, el más inteligente, el más paciente, el mejor guerrero, el más hábil negociador, el mejor embustero, el mayor traidor, en definitiva, el ganador. La disposición es un enfrentamiento de la dualidad, dos bandos, dos colores antagónicos, un campo de batalla de 64 casillas, 32 blancas y 32 negras, como 32 son las fichas que se enfrentan; los componentes de ambos bandos son 16, el resultado de cuatro por cuatro, como cuatro son las filas que se disponen en el tablero repletas de guerreros, cuatro filas de ocho fichas y cuatro filas vacías entre ambos ejércitos. Todo está preparado, todo está dispuesto, todo parece por decidir, más todo está decidido ya de antemano
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Es el ajedrez que galopa en el tiempo con el destino de un final donde el ganador destruirá a su enemigo, matará a su rey, pero no lo sustituirá nunca, nunca ocupará el rey ganador el trono del derrotado. En el camino las pérdidas pueden ser enormes y sus propias piezas irán entregando la vida en el sacrificio que antecede a la victoria, la partida (es partido cuando se emplea la fuerza física y partida cuando se emplea el órgano más potente: la mente) se desarrolla en silencio, aunque es sólo ya un silencio aparente, las mentes intercambian a golpes de una violencia indescriptible sus planteamientos. No es posible la mirada, no es posible hablar, solo es posible esconderse, agazaparse y a la vez transmitir el dominio, el poder.

La degradación de denominarlo juego es superada con los nuevos tratamientos que corresponden a su categoría: deporte, o con los antiguos de arte. Es arte, es deporte, es juego, es matemáticas, es estrategia, es filosofía, es psicología, es la propia vida la que se defiende en el ajedrez. Allí sucumbieron reyes frente a pastores o generales ante soldados, allí triunfaron pordioseros frente a caballeros o simples vasallos frente a sus señores. Es en el ajedrez donde se aprende a ser modesto y a mantener tu orgullo simultáneamente, es allí donde conoce tus vulnerabilidades y tus mejores armas para defenderte, es en el ajedrez donde se conoce al que es mejor que tu.

Produce admiraciones y recelos, envidias y respeto, y en donde esperas encontrar odios y desdenes, obtienes increíblemente amistades. Dos inteligencias que se encienden a su máxima amplitud pero encerradas geométricamente es un espacio tan finito, la finitud de una geometría trasladada lo infinito de las mentes. La maravilla hecha materia, la materia de unas piezas de dos colores dispuestas a convertirse en los espíritus milenarios de dos contendientes que concentran su pasado, su presente y la proyección de su futuro en el placer de, sufriendo, construyendo, convertirse en ganadores.