

A Jorge Guillén se le debe la conservación de éstas extraordinarias cartas de amor de Salinas a Katherine Whitmore, es increíble pensar que la "la voz a ti debida" fuese escrita en 1934 a una alumna norteamericana que Salinas conoció en 1933. La realidad es que estremece tanto amor.
He recordado éste maravilloso libro al leer uno de los poemas de Pedro Salinas en la última cara del tríptico que el Ayuntamiento de Málaga ha distribuido por la red de bibliotecas públicas municipales de ésta ciudad para fomentar la participación en el IX Certamen de Declaraciones de Amor, os lo escribo porque es maravilloso:
Ayer te besé en los labios
Ayer te besé en los labios
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
despúes de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes;
se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy sólo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura éste beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.


A Jorge Guillén se le debe la conservación de éstas extraordinarias cartas de amor de Salinas a Katherine Whitmore, es increíble pensar que la "la voz a ti debida" fuese escrita en 1934 a una alumna norteamericana que Salinas conoció en 1933. La realidad es que estremece tanto amor.
He recordado éste maravilloso libro al leer uno de los poemas de Pedro Salinas en la última cara del tríptico que el Ayuntamiento de Málaga ha distribuido por la red de bibliotecas públicas municipales de ésta ciudad para fomentar la participación en el IX Certamen de Declaraciones de Amor, os lo escribo porque es maravilloso:
Ayer te besé en los labios
Ayer te besé en los labios
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
despúes de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes;
se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy sólo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura éste beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.