

Leo a Juan Ramón Jiménez, lo leo y me habla, yo le hablo, le respondo, es un ejercicio vivo, tremendamente lleno de vida:
Ajenos son los libros que me agotan, son voces lejanas, murmullos inentendibles y rasposos, ruidosos ecos, le digo al poeta.
Me gusta lo diverso, el color de lo distinto me atrae y me da sentido de libertad, sobre todo me gusta cuando distingo y me siento distinguido por los demás, los otros a los que valoro y de los que aprendo en lo diverso y peculiar distinto a mi, le respondo a Juan Ramón.
Juan Ramón me mira y afirma con rotundidad:
"Haciendo se piensa más que pensando; pensando demasiado se hace menos que haciendo. Haciendo se piensa siempre; pensando se acaba por no hacer... ni pensar"
Y remacha el poeta:
"Dos cosas me importan hoy: el desnudo y mi pensamiento"
Y yo añado:
No hay nada que me importe menos que el destino de mi desnudo pensamiento, el que ya libre y desprendido de mi, ya no me pertenece. Más siempre siento mis pensamientos con trajes, siempre engalanados para cada ocasión, para la fiesta del encuentro, una fiesta donde la verdad permanece escondida, agazapada para mostrase solo cuando la diosa ocasión lo demande.
Dice el poeta:
"Pensamiento que debe volver, volverá"
Y yo le respondo, con esa pregunta:
¿Acaso no son los auténticos pensamientos como las golondrinas, esas golondrinas, que nunca volverán?.
Juan Ramón, me mira serio y me dice:
"Estilo es el camino de quien tiene campo, la corriente de quien tiene mar o río, el hilo de quien tiene el laberinto"
¿Y yo que no tengo campo, ni mar ni río, y solo es un laberinto lo que poseo?¿acaso no soy afortunado con éste hilo invisible que tengo en mis manos y que a todos une?. No es más dichoso el que más posee sino el que conoce el exacto valor de lo que tiene.
El poeta me mira sonriendo, me concede el honor de sonreirme, ante lo cual enrojezco de vergüenza y serenamente me dice:
"Estilo es el exacto, el único camino espresivo de nuestro ser; el hallazgo definitivo del hilo irrompible de nuestro viviente laberinto; nuestra inagotable y gustosa "corriente""
Y termino ésta conversación con Juan Ramón, cierro el libro y le digo hasta mañana.
;0)


Leo a Juan Ramón Jiménez, lo leo y me habla, yo le hablo, le respondo, es un ejercicio vivo, tremendamente lleno de vida:
Ajenos son los libros que me agotan, son voces lejanas, murmullos inentendibles y rasposos, ruidosos ecos, le digo al poeta.
Me gusta lo diverso, el color de lo distinto me atrae y me da sentido de libertad, sobre todo me gusta cuando distingo y me siento distinguido por los demás, los otros a los que valoro y de los que aprendo en lo diverso y peculiar distinto a mi, le respondo a Juan Ramón.
Juan Ramón me mira y afirma con rotundidad:
"Haciendo se piensa más que pensando; pensando demasiado se hace menos que haciendo. Haciendo se piensa siempre; pensando se acaba por no hacer... ni pensar"
Y remacha el poeta:
"Dos cosas me importan hoy: el desnudo y mi pensamiento"
Y yo añado:
No hay nada que me importe menos que el destino de mi desnudo pensamiento, el que ya libre y desprendido de mi, ya no me pertenece. Más siempre siento mis pensamientos con trajes, siempre engalanados para cada ocasión, para la fiesta del encuentro, una fiesta donde la verdad permanece escondida, agazapada para mostrase solo cuando la diosa ocasión lo demande.
Dice el poeta:
"Pensamiento que debe volver, volverá"
Y yo le respondo, con esa pregunta:
¿Acaso no son los auténticos pensamientos como las golondrinas, esas golondrinas, que nunca volverán?.
Juan Ramón, me mira serio y me dice:
"Estilo es el camino de quien tiene campo, la corriente de quien tiene mar o río, el hilo de quien tiene el laberinto"
¿Y yo que no tengo campo, ni mar ni río, y solo es un laberinto lo que poseo?¿acaso no soy afortunado con éste hilo invisible que tengo en mis manos y que a todos une?. No es más dichoso el que más posee sino el que conoce el exacto valor de lo que tiene.
El poeta me mira sonriendo, me concede el honor de sonreirme, ante lo cual enrojezco de vergüenza y serenamente me dice:
"Estilo es el exacto, el único camino espresivo de nuestro ser; el hallazgo definitivo del hilo irrompible de nuestro viviente laberinto; nuestra inagotable y gustosa "corriente""
Y termino ésta conversación con Juan Ramón, cierro el libro y le digo hasta mañana.
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